Diego Petersen Farah
Salmo del movimiento de AMLO y el partido de Andy
21/02/2025 - 12:02 am
"La amalgama del movimiento obradorista eran los ideales, tramposamente manipulados por el líder si se quiere, pero ideales al fin; lo que amalgama al partido de López Beltrán es el pacto de impunidad".

Tanto ama el señor a este país que envió a su propio hijo para que construyera el reino. Sólo a través del hijo se llega al reino del padre. El hijo tiene las llaves de la gloria porque su padre y él son uno. Andy es el orgullo de su nepotismo, pero que nadie se atreva a nombrarlo así, pues en señor está más allá de esas malévolas conductas políticas; su hijo es la extensión de su voluntad. El señor ha enviado a su hijo a hacer su vida pública y está ya reuniendo a sus apóstoles, a sus incondicionales.
Todos: Él es el enviado del señor.
Dicho de forma burda, Andrés Manuel López Beltrán, Andy, anda desatado haciendo amarres por todo el país: habla en nombre de su padre, hace acuerdos en nombre de su padre, perdona en nombre de su padre, pero está construyendo su propia red. Si Claudia Sheinbaum se ve a sí misma como el segundo piso de la 4T, Andy quiere ser el techo, el que asegure, proteja y mantenga ese andamiaje de poder.
Todos: Él es el enviado del señor.
López Obrador construyó un movimiento; López Beltrán está haciendo un partido. Al movimiento lo alimentó una amplia base social en torno a un liderazgo y una visión de país al que en el camino se fueron sumando liderazgos, rémoras y oportunistas. El partido de Andy es un pacto entre los poderosos. El movimiento sirvió para llegar al poder; el partido está pensado para conservarlo. En el movimiento era López Obrador el que abría y cerraba el acceso, el que purificaba con sus palabras cualquier pasado perverso, el que redimía los pecados políticos. En el partido será Andy y una burocracia a su gusto quien decida. El movimiento de AMLO tenía lógica de secta; Andy quiere una iglesia en forma, que administre la creencia, pero, sobre todo, el acceso al poder. En la secta cabía todo aquel que quería creer; en el partido todo el que tenga poder, da igual si lo consiguió robando como Yunes, abusando como Murat, pactando con el crimen como Rocha, corporativizando y explotando la representación sindical como el SNTE. En el partido todos caben, si rinden las armas.
Todos: Él es el enviado del señor.
AMLO era un predicador; Andy es un administrador. En el movimiento importaban los principios; en el partido sólo importan los finales, está hecho para gestionar metas. La amalgama del movimiento obradorista eran los ideales, tramposamente manipulados por el líder si se quiere, pero ideales al fin; lo que amalgama al partido de López Beltrán es el pacto de impunidad. El juarismo de López Obrador era parte del corpus de creencias; en el partido de Andy y sus secuaces el juarismo es sólo una parodia. Inscríbase en letras de oro en el altar de Morena: “Entre los políticos y entre los caciques, el respeto al delito ajeno es la paz”.
Todos: Él es el enviado del señor.
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