María Rivera
Enero
29/01/2026 - 12:00 am
"En muy poco tiempo, Trump ha minado su propio país, y al mundo, exponiéndolos gravemente y, como sabemos, apenas lleva un año en el poder".

Y, parece increíble, pero ya prácticamente terminó enero, querido lector. Qué mes, la verdad, para el mundo que ha tenido que sufrir los abusos y delirios del Presidente de los Estados Unidos. En un mes, Donald Trump invadió Venezuela, secuestró a su Presidente y comenzó a robarse el petróleo venezolano, amagó con despojar a Dinamarca de Groenlandia causando una crisis mayor con sus otrora aliados europeos, retiró definitivamente a Estados Unidos de la Organización Mundial de Salud y creó una abominable “Junta por la Paz”, una organización paralela a la ONU integrada por dictadores y autócratas de la que se nombró líder vitalicio, y a través de la cual pretende apropiarse de Gaza, para convertirla en la fantasía distópica de su yerno. Asimismo, emprendió un ataque, también sin precedentes, en Minnesota contra los migrantes y los propios ciudadanos estadounidenses, que al día de hoy ha dejado dos personas asesinadas por los agentes de la Patrulla Fronteriza, convertidos en una fuerza paramilitar que asola Minneapolis. Además, claro, de las múltiples cartas, opiniones, insultos y amenazas delirantes que durante el mes que termina ha hecho públicas y que han causado escándalo en el mundo, a grado tal que ya se le considera mundialmente loco.
Entre ellas, el berrinche por no haber conseguido el Nobel de la Paz que finalmente pudo colgar en su pared gracias a la más deshonrosa actuación de la opositora venezolana María Corina Machado, quien a todas luces lo recibió sin merecerlo.
Qué días, querido lector, en los que hemos visto cómo el propio gobierno de Estados Unidos asesina a estadounidenses en Minneapolis, una mujer poeta, y un enfermero, sólo por protestar contra los violentos operativos de la Patrulla Fronteriza, como si se tratara de la Alemania nazi, o de cualquier régimen fascista. Los operativos han llegado al grado, demencial, de intentar vulnerar la sede diplomática de Ecuador para intentar deportar latinos... Algo terriblemente grave está pasando, evidentemente, cuando los agentes están deteniendo hasta a los políticos aliados de Trump, sólo porque hablan español, tienen un acento distinto o tienen rasgos no caucásicos. Cacerías que se extienden por el país, no se concentran sólo en Minnesota, están poniendo en jaque la estructura institucional. Alcaldes y gobernadores, demócratas, enfrentados al Presidente, como pocas veces se ha visto.
Estos abusos, sin embargo, ya comienzan a reportarle números negativos. Las encuestas señalan que Trump ha perdido apoyo camino a las elecciones. Por esto, parece que ha decidido detener su andanada en Minnesota, al menos temporalmente, como hizo con Groenlandia.
Pero la verdad, querido lector, es que ambas treguas no significan que Trump vaya a cambiar, ni que la situación mundial e interna vaya a mejorar. Se necesitaría mucho más para detenerlo, así como las consecuencias de sus políticas. La gravedad de las acciones que ha llevado a cabo, tanto dentro de Estados Unidos, como en el exterior, son una amenaza latente que puede estallar en cualquier momento. Los frentes son múltiples, porque ha cambiado la configuración mundial. La violación al derecho internacional abre las puertas a un mundo salvaje, una pérdida civilizatoria de consecuencias incalculables.
El plan de “reconstrucción” de Gaza, por ejemplo, es una monstruosidad que, de permitirse, hundiría cualquier asomo de esperanza en la justicia mundial, por muchos años. Los discursos de odio vertidos en la última década contra los migrantes tampoco es algo que pueda revertirse con la sola salida del Presidente. La aceptación del discurso xenofóbico por parte del pueblo estadounidense que mayoritariamente votó por Trump, y la aplicación brutal de sus operativos de deportación, ha legitimado la violencia racista. Es una enfermedad muy peligrosa, ya asentada en Estados Unidos. Y, al mismo tiempo, la polarización y la división que esto ha creado entre una minoría y una mayoría crea tensiones que fácilmente podrían por terminar de romper el hilo democrático, si es que los operativos paramilitares se extienden a otros estados contrarios al Presidente y su partido.
En muy poco tiempo, Trump ha minado su propio país, y al mundo, exponiéndolos gravemente y como sabemos, apenas lleva un año en el poder: tendrá tiempo suficiente para continuar con la destrucción tanto del orden internacional como el interno.
Nuestro país no lo tiene nada fácil, es evidente, y el gobierno de la Presidenta Sheinbaum mucho menos. Nosotros, como el resto de mundo y de América Latina, estamos expuestos a las arbitrariedades y abusos del tirano, pero de manera aún más grave por ser su vecino más próximo. Yo sólo espero, querido lector, que Trump, por alguna razón ignota, no use a México para hacerse propaganda antes de las elecciones y no lance un ataque armado en suelo mexicano. A estas alturas, esa sería la victoria sobre su verdadero apetito: demostrar su enorme poder a costa de la vida de los mexicanos, ya sea al otro lado del río Bravo, o de este lado.
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