Mario Campa
La nueva fiebre del oro
04/02/2026 - 12:04 am
"Como ilustran las anécdotas que abren esta videocolumna, las fiebres del oro paren ganadores y perdedores, además de caos".
Las fiebres del oro son ricas en anécdotas. En 1848, James Marshall encontró oro en el aserradero de John Sutter y, aterrados por el hallazgo, ambos acordaron guardar el secreto para proteger sus tierras; pero al filtrarse la noticia, miles de buscadores invadieron sus propiedades, mataron al ganado y desmantelaron el aserradero, llevando a Sutter a la ruina. En otra historia, un bávaro llamado Levi Strauss migró a San Francisco con la intención de vender lona para tiendas de campaña; allí descubrió que los mineros necesitaban más bien pantalones resistentes, mismos que confeccionó con su lona para dar origen a los blue jeans (Levi’s), la prenda más famosa del mundo. Por si faltaran leyendas, muchos mineros latinos fueron expulsados con violencia por anglosajones; un minero mexicano que sufrió injusticias, Joaquín Murrieta, dio vida al personaje de “El Zorro” cuando se convirtió en bandido asaltante de abusadores. También hay historias grupales, como aquella de la ciudad de Brodie, California, hoy día uno de los pueblos fantasma más célebres pero conocida en su apogeo como la ciudad más peligrosa del oeste, hasta que el oro se acabó y la gente huyó tan rápido que dejaron las mesas puestas con platos. Todas estas historias advierten que, así como el oro crea millonarios de la noche a la mañana, también engendra marginación cuando la calentura pasa.
La economía mundial atraviesa uno de esos periodos que Keynes llamó de “espíritus animales” o Alan Greenspan de “exuberancia irracional”. Para muestra, el oro está inmerso en una nueva fiebre que nada tiene que ver con minas y todo con activos financieros. Aun con la brutal caída de nueve por ciento del viernes 30 de enero, el oro acumula casi 100 por ciento de rendimiento en sólo 12 meses. En este juego de las sillas, todos danzan mientras la música no pare. Como dijo Cristóbal Colón, “el oro es un tesoro y quien lo posea hace todo lo que quiera en este mundo”, y vaya que el genovés actuó con afán de lucro expedito.
¿Qué determina el valor del oro? ¿Será cierto aquello que escribió Marx de que “el oro circula porque tiene valor, pero el papel moneda tiene valor porque circula”? En realidad, como activo sin contraparte, el oro no depende del éxito ni de la solvencia de una empresa o un estado, a diferencia de la mayoría de los valores financieros. En esencia, su precio está anclado en las creencias de la gente sobre su valor. En medio de la turbulencia geopolítica, muchos creen que el oro dominará el sistema financiero global. En el pasado, cuando las naciones y sus monedas no eran fuertes ni fiables, el oro era el medio preferido para realizar pagos internacionales. Hoy día, cuando la inflación repunta, los fieles al oro y los bancos centrales salen de compras. En paralelo, otros inversores y especuladores, tratando de anticipar la demanda futura, secundan hasta desatar una congestión que dispara el precio de cotización.
Ciertamente, la especulación no explica toda la historia. Como señala Anshul Sehgal, de Goldman Sachs, el motor de este movimiento ha sido la transición de los bancos centrales del dólar a los metales preciosos: “Estos son mercados diminutos en comparación con las acciones globales o la renta fija, por lo que el más mínimo cambio en la demanda hace que los precios se disparen”, explica Sehgal, quien agrega que sólo alrededor del cinco por ciento del oro mundial está en manos de especuladores. “Si un banco central decide alejarse del dólar y adquirir más oro, eso moverá el precio de forma bastante violenta”, dice. Luego, la pregunta esencial es: ¿Qué cambio hondo incita una recomposición de carteras? Todo indica que, en el subsuelo de la economía global, las placas tectónicas se mueven.
El oro subió durante la pandemia, pero fue hasta 2024 que despuntó. Cuando Trump regresó y dio rienda suelta a la incertidumbre mediante aranceles, amenazas sobre Groenlandia, presiones a la Reserva Federal y la incubación de un mayor déficit fiscal, muchos inversores empezaron a comprar oro a destajo. La revista The Economist informa: “En los últimos años, los bancos centrales de los mercados emergentes, liderados por China, impulsaron el repunte del oro. Estos inversores hiperconservadores han vuelto a enamorarse del oro físico, con la esperanza de que los proteja en medio de la inestabilidad geopolítica... Los inversores asiáticos lideran el camino”. O como reporta Bloomberg: “El aumento vertiginoso de la deuda pública en todo el mundo también ha socavado la confianza de los inversores en los bonos soberanos y las divisas… El oro suele ganar atractivo en un entorno de tasas más bajas, ya que disminuye el costo de oportunidad de mantenerlo en comparación con los activos que generan intereses”. En suma, las revistas especializadas coinciden con los bancos y los economistas en que el ruido y la furia de Trump tiene poder explicativo.
Los bancos centrales de los BRICS encabezan una diversificación de reservas que socava al dólar. El último informe del Banco Central de Brasil muestra una venta de bonos del Tesoro estadounidense por valor de 61 mil millones de dólares en sólo 12 meses, buena parte convertida en oro. La inversión de Rusia en oro desde 2022 ha duplicado su valor en comparación con los treasuries. Según estimaciones de Goldman Sachs, China continúa comprando oro en secreto y adquirió más de 10 toneladas en noviembre, a saber, 11 veces más de lo informado oficialmente por el banco central; si las compras oficiales fueran el 10 por ciento de lo que China realmente compra, habría adquirido 270 toneladas de oro físico en 2025 para un récord de dos mil 306 toneladas en su poder. En el agregado, el Consejo Mundial del Oro reporta que los BRICS siguen siendo el mayor comprador del metal precioso desde 2022 y que juntos controlan más del 50 por ciento de la oferta mundial.
Los cambios importantes en el sistema financiero internacional no comenzaron con el regreso de Trump al poder. La guerra de Ucrania también fue catalizador. Estados Unidos y Europa impusieron sanciones draconianas que excluyeron a los bancos y otras empresas rusas del sistema financiero global, incluido el sistema de pagos SWIFT. Buscaban obstaculizar las importaciones rusas y presionar a Putin. Como efecto indeseado, pusieron en alerta máxima a países insubordinados como China que vieron vulnerabilidad en su dependencia al dólar. Muestra de la firme convicción, Xi Jinping externó recién sus deseos de convertir al yuan en moneda de reserva global.
Existe un precedente de una transición hegemónica entre monedas. A principios del siglo XX, la moneda de reserva mundial pasó de la libra esterlina al dólar estadounidense. Un factor clave fue la Primera Guerra Mundial, en la que el Reino Unido era un importante prestatario y Estados Unidos un gran prestamista, cuyo efecto fue un gran flujo de oro del Reino Unido a Estados Unidos. Este flujo se intensificó durante la Gran Depresión y posteriormente en la Segunda Guerra Mundial. Tras la guerra, el dólar había sustituido por completo a la libra como moneda de reserva, como se formalizó en el acuerdo de Bretton Woods. En ese momento, Estados Unidos poseía ya hasta tres cuartas partes del oro mundial. En el presente, China podría comprar gran parte del oro mundial para convertir al yuan en moneda de reserva, convenciendo al mundo de que el yuan es tan valioso como el oro.
El economista Noah Smith identifica como problema mayor que China históricamente ha intervenido para abaratar su moneda, lo que requiere vender yuanes. Su crecimiento económico está anclado a las exportaciones, y una moneda barata ayuda. Sin embargo, para que el yuan emerja como un retador serio del dólar, el gobierno chino tendría que relajar los controles de capital, desarrollar los mercados de bonos y, sobre todo, apreciar la moneda, lo cual implicaría un vuelco de modelo para favorecer al consumo sobre las exportaciones. Si ese fuera el caso, los déficits comerciales de Norteamérica y otras regiones contra China se reducirían, lo cual favorecería la estabilización geopolítica. La pregunta abierta es si China y sobre todo Estados Unidos darán el paso gigante.
La frase “no todo lo que brilla es oro” es un refrán popularizado por Shakespeare en El mercader de Venecia. Y es cierto. Para muestra, la visa de oro de Trump para inversores extranjeros con costo de un millón de dólares tiene un tufo a corrupción de las élites, en especial tras el nuevo lote liberado de los archivos Epstein. Si como decía Moliere, “el oro hace hermoso lo feo”, puede ser que la nueva fiebre del oro enmascare un interregno enmarañado.
Como ilustran las anécdotas que abren esta videocolumna, las fiebres del oro paren ganadores y perdedores, además de caos. Hoy día ya hay gente comprando picos y palas en antelación, y ese hecho por sí mismo convulsiona los activos financieros y presagia grandes cambios. Dichas compras se llevan entre las patas al dólar, que se hunde. Mientras la música de Trump no se detenga, la danza del dinero incubará más sorpresas. En tiempos de calentura, el vértigo es normalidad.
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