El Oasis de la Insignificancia

Óscar de la Borbolla

El Sufismo, un modo no occidental de entender

10/02/2026 - 12:04 am

"Siempre he querido entender: entender lo que me rodea, descifrar cómo funcionan las cosas, aclararme el sentido de la vida (si es que lo tiene)".

A Beatriz Escalante, cuya voz jamás disociaré de los cuentos de Las mil y una noches

Siempre he querido entender: entender lo que me rodea, descifrar cómo funcionan las cosas, aclararme el sentido de la vida (si es que lo tiene); entender ha sido el centro de mi vida y, también, entender cómo entiendo, es decir, descubrir en qué consiste el dispositivo desde el que entiendo. Nací en la Cultura Occidental y este accidente no es inocuo: me inscribe en una tradición analítica que para entender descompone las cosas, las disgrega (esto es lo que significa analizar). También valoro los planteamientos lógicos, me atengo a lo objetivo y considero que lo racional está muy por encima de lo emocional. Soy, en suma, un producto de mi cultura.

Conste que digo "mi cultura" y no "La Cultura", pues dejo abierta mi mente a otras formas posibles de entender. Esta actitud ante lo Otro me ha llevado a asomarme a mentalidades muy distintas de la "nuestra", y hoy quisiera brindar un solo ejemplo de esa diversidad de formas de entender: el pensamiento Sufí, y destacar aquí algunos elementos que han enriquecido mi escueta visión occidental del mundo.

Uno de estos elementos es el particularísimo modo de emplear el absurdo para transmitir una idea: resumo una historia atribuida a Mulá Nasrudín (posiblemente el más popular de los personajes sufíes): Le preguntan por su opinión acerca del fin del mundo y él responde: ¿Te refieres al fin del mundo chico o al grande? ¿Acaso hay dos? ¿Cuáles son? Ah… el chico es la muerte de mi mujer, el grande es mi propia muerte…

Como puede verse, la respuesta de Nasrudín desubica al interlocutor, pues este, como nosotros, supone que el fin al ser el fin solo es uno; pero al sugerir que hay dos y de distinto tamaño, la mente sufre un desconcierto, pues es verdad que para cada quien la muerte de un ser querido es el fin del mundo personal y la muerte propia es el acabose de todo para uno.

En otro de los relatos sufíes, “El gato y el conejo" —que aparece en El monasterio mágico, antología elaborada por Idries Shah— se lee el disgusto que siente un gato por la incapacidad de los conejos para aprender; su molestia se debe a que ha abaratado hasta lo mínimo el costo de sus enseñanzas y, ni así, ningún conejo le presta atención. El curso consiste en las técnicas de un experto para cazar ratones… Este breve relato, cuya estructura se repite en muchos otros, muestra una paradoja muy reveladora: quien no entiende es el que se queja de que los otros sean los que no entienden. Lo curioso de la historia, además de su brevedad, es que en modo alguno califica la necedad del gato, solo plantea la queja de este y es el lector quien, apoyado en su experiencia, sonríe dándoles sentido, pues es una experiencia que hemos vivido todos, salvo, por supuesto, los gatos.

En el mismo volumen de El monasterio mágico, aparece la historia de un sabio sufí que acepta a un muchacho como discípulo y luego de un mes de convivencia, el muchacho comenta al maestro su asombro: Estoy muy admirado, dice, pues hemos vivido juntos todo este mes y jamás te he visto comer. ¿Cómo es posible? El maestro le aclara que ha comido a escondidas y, entonces, el muchacho, ante el desenfado de la respuesta pregunta: ¿Por qué si todo este tiempo te has ocultado para comer, ahora me lo confiesas sin ningún reparo? Es que deseaba que entendieras que hay milagros aparentes que nada tienen de admirable. ¿Y no habría sido más sencillo que simplemente me lo dijeras? No, contesta el sufí, pues tú mismo has oído muchas veces que uno no debe admirarse de milagros falsos y, si simplemente te lo hubiera dicho, no serviría de nada, pues ya lo habrías oído.

Esta historia me provocó una gran resonancia, pues hay frases que he oído mil veces —que todos hemos oído—, por ejemplo, que "los seres humanos son mortales", y haberlo oído, saberlo, no implica nada. La diferencia entre oírlo y experimentarlo se aprecia cuando la muerte sucede a un persona que está a nuestro lado, cuando esa muerte deja de ser palabra y se convierte en dolorosa ausencia. Hay un abismo entre el mero enunciado y lo vivido realmente. Todos sabemos que "es peligroso conducir y beber", que "las drogas destruyen", que "los preservativos evitan las enfermedades de transmisión sexual" y sin embargo…

En otro libro, Humor sufí, también antologado por Idries Shah, está la muestra de otra característica del pensamiento sufí: el humor. Un estudiante se queja del precio tan alto que debe pagar al maestro por su sabiduría y declara que esta debe ser gratuita. El maestro sufí le responde que es cierto, que la sabiduría es gratuita, y aclara que el precio elevado no es por la sabiduría, sino para compensar el deterioro de su prestigio ocasionado por tomar alumnos como él. El humor es un recurso que no se vale de la argumentación para que el interlocutor entienda, sino de una estructura especialísima que lleva al interlocutor a comprender instantáneamente; su eficacia se observa en la sonrisa que despierta. Quien sonríe ha entendido algo sin necesidad de un análisis racional. Y esto nos lleva a la última característica que quiero señalar aquí: la oposición franca del pensamiento sufí a la razón occidental, que se apoya en los datos que nos parecen obvios.

El mejor ejemplo que puedo ofrecer es un relato que aparece en otra antología de Idries Shah: Cuentos de derviches, el relato se llama "El pájaro de la India". Hay un mercader que ama a un pájaro que tiene encerrado en una jaula, y un día habla con él: Voy a ir a la India, ¿quieres que te traiga algo de mi viaje? El pájaro responde que lo único que quiere es su libertad; pero que si no se la otorga, entonces le pide que vaya al sitio donde lo capturó y grite que lo tiene prisionero. El mercader va a la India y cumple con la petición; pero al gritar en medio de la selva que tiene cautivo al pájaro, otro igual al suyo cae desde un árbol y se estrella contra el piso. El mercader queda muy sorprendido, y al volver a su casa con pesar le cuenta a su pájaro lo ocurrido; este al oírlo cae como una piedra en el piso de la jaula. El mercader, tristísimo, abre la jaula y coloca el cadáver del ave sobre el alféizar de la ventana, y en un instante el pájaro vuela riendo hasta la rama de un árbol lejano.

Este relato, como muchos del libro Cuentos de derviches, exige de parte del lector un esfuerzo interpretativo: si tomamos los datos que aparecen: el mercader cree que trae una mala noticia, pero en el fondo lleva al pájaro preso la respuesta de cómo huir de su captor. Hay un mensaje que no está en la superficie, un mensaje que está más allá de las apariencias. De hecho, Idries Shah, comenta en algún lugar que el propósito de este libro es aprender a desaprender la estructura de causalidad occidental y, ciertamente, cada uno de los textos de esta obra muestra cómo, detrás de la impresión que uno se arma al comienzo, hay una trama oculta. Un ejemplo que, a mí me pareció muy afortunado, fue la película que hace unos años, en 2009 estuvo en cartelera: Quisiera ser millonario, del director Danny Boyle. En ella el espectador va asistiendo a una serie de desgracias que ocurren al personaje y dan la impresión de que tiene una vida muy desafortunada, al final de la película se comprende que todas esas desventuras fueron necesarias para que el personaje ganara una suma multimillonaria con la que su vida se vuelve inmensamente venturosa. Esta inversión de la apariencia es el denominador común de las enseñanzas sufíes y constituye una manera muy diferente de la occidental de entender el mundo.

Sólo me resta decir que deliberadamente he excluido de esta reflexión otros aspectos notables del pensamiento sufí: el hecho de que sea una forma de vida, su hondo misticismo, su fuerte componente religioso, así como su compleja evolución a lo largo de siglos... Me han parecido innecesarios para referirme, en esencia, a un modo de entender muy distinto del entender occidental.

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Óscar de la Borbolla

Escritor y filósofo, es originario de la Ciudad de México, aunque, como dijo el poeta Fargue: ha soñado tanto, ha soñado tanto que ya no es de aquí. Entre sus libros destacan: Las vocales malditas, Fi... Ver más

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