En el caso del escenario electoral, tal vez como nunca, aquello de que toda política es local tomará fuerza. Foto:Daniel Augusto, Cuartoscuro.

El día en que los políticos ocupen puestos públicos sin estar pensando en el siguiente cargo y como escalar sobre sus adversarios, ese día el ejercicio del poder será más sensato. Estar todo el tiempo elucubrando sobre la manera cómo cada evento, acto público, coyuntura y gesticulación puede definir las piezas de un tablero electoral desgasta enormemente el ejercicio de Gobierno. Este es el caso de lo que estamos viendo en la Ciudad de México a propósito del lamentable accidente de la Línea 12 del Metro en días pasados. Más allá de la tragedia humana, lo que ha proliferado es un raudal de opinologos apostando sobre como se moverá cada actor político para encaminar o descarrilar el camino de algunos a la Presidencia en un siguiente periodo. Vaya desgaste emocional para la ciudadanía, cuando lo que ahora urge es entender las causas del accidente, resolverlas y echar a andar de nuevo el Metro en su totalidad, para afectar lo menos posible a la población que depende de ese medio de transporte. Si esto tiene consecuencias electorales, si esto saca del escenario político a algunos o incluye a otros que ni siquiera existían políticamente, eso resulta irrelevante para la inmensa mayoría que lo que quiere son condiciones dignas de vida, seguridad y poder estar medianamente tranquilos cuando aparentemente la COVID-19 va cediendo, y sin lanzar las campanas al vuelo, pero la vida empieza a reactivarse de manera más presencial, tumultuosa y amorosa, con la conciencia de mantener una sana distancia.

En este escenario lo que menos importa y, al contrario, cobrará por la ofensa, son los políticos protagónicos que se han montado en la tragedia para placearse como turistas en Tláhuac a donde no se habían parado en toda su vida, como ocurrió con un grupito de panistas de la Ciudad de México que fueron al lugar de los hechos a sacarse selfis y buscar una nota que atrajera los reflectores hacia ellos, tal como ocurrió, pero en el sentido inverso al que esperaban. Tampoco importan los sesudos análisis que discuten si se acabó la vida política de uno u otro político, cuando sabemos bien que un político con suerte es como los gatos, no solo tiene 9 vidas, sino que generalmente cae bien parado. Pero entre todo, lo que menos importa es dar por terminada la contienda electoral venidera como consecuencia del grave hecho que hemos vivido como Ciudad e incluso como país, porque aún falta un “mes eterno” para las elecciones en que se disputa mucho más que eficacia y eficiencia ante la corrupción. No se mal interprete, por supuesto que la tragedia de la Línea 12 tendrá consecuencias, claro que sí, porque emocionalmente es un golpazo, pero lo que no ocurrirá es que la decisión del voto se definirá por este su accidente. Quienes de por si estaban convencidos de votar contra el grupo en el poder por una y mil razones, ahora tendrán la prueba fehaciente que buscaban como motivo contundente de su decisión. Quienes por el contrario apoyan al grupo que liderea al país representado en sus distintos candidatos, encontrarán los argumentos necesarios para dar tiempo “a los expertos” para que expliquen las razones del accidente, justificar lo ocurrido por oscuras decisiones que se dieron en el pasado y, sobre todo, esperarán que la autoridad señale culpables directos. El misterio del voto se mantiene en la franja de los que aun no deciden por quien votarán pero que difícilmente decidirán su voto, si lo ejercen, teniendo en mente el accidente, porque el discurso que se ha impuesto en la opinión pública y los medios de comunicación es el de estar frente a una elección en que se juega seguir o detener el proyecto de país que va en marcha y frente a eso, el accidente de la Línea 12, por muy doloroso que sea, acaba siendo un hecho más entre tantos.

Las semanas por venir serán claves para que las razones técnicas se impongan por encima del debate electoral y, sobre todo, muestren la capacidad del Gobierno de la Ciudad de México para mantener un discurso científico y técnico como instrumentos de su forma de hacer política. En el caso del escenario electoral, tal vez como nunca, aquello de que toda política es local tomará fuerza, pues quien se deje arrastrar al epicentro del accidente en Tláhuac será un damnificado más y, por el contrario, quien retome una agenda que busque dar soluciones concretas a sus potenciales electores, conecte con sus necesidades y sea capaz de mostrar su liderazgo en medio de un animo colectivo lastimado, ese animal político, emergerá de sus propias cenizas.