CRÓNICA | Para tanto karaoke, faltaron las chelas: Ringo Starr en el Auditorio

12/03/2015 - 12:04 am

Ringo Starr y Steve Lukather , en una noche de nostalgia. Foto: Notimex
Ringo Starr y Steve Lukather , en una noche de nostalgia. Foto: Notimex

Ciudad de México, 12 de marzo (SinEmbargo).- ¿Tocaron mal?: no; ¿Desafinaron?:no; ¿Fueron mezquinos?: la verdad es que la entrega de los muchachotes de la tercera edad que supieron protagonizar el rock de los ’60 y ‘70 fue impecable.

Sin embargo, como dice una canción de la banda argentina Divididos, los “nenes de antes” no pudieron superar el pasado y más bien ofrecieron una eficaz sesión de karaoke de lujo, donde –es de decirlo- faltaron las chelas y los juegos a los dardos para concretar una mise en scène más adecuada que el siempre exigente escenario del Auditorio Nacional.

Por decir lo menos, decepcionó el concierto de Ringo Starr con su All Starr Band. Y por decir lo más, no es poca cosa afirmar que, pese a todo, a gran parte de la audiencia que abarrotó las instalaciones del también llamado Coloso de Reforma, echando a volar globos amarillos al compás de la mítica “Yellow submarine”, no pareció importarle tanto spray en el pelo, tantos postizos y maquillajes cargados.

Y no porque a estas alturas nos escandalicen los mecanismos por medio de los cuales un hombre o una mujer de la tercera edad intenten estirar el tiempo y lucir lo más cercano que puedan a sus tiempos mozos.

No es de máscaras que hablamos, sino de derrota musical que no se ve, por ejemplo, en otros mayores, por caso Robert Plant, el ex vocalista de Led Zeppelin a quien se espera con gran ansiedad justificada (su nuevo disco Lullaby and… The Ceaseless Roar ha concitado el interés positivo de público y crítica) en el inminente Festival Vive Latino y mucho menos en octogenarios plenos como los cubanos de Buena Vista Social Club, que hicieron arder el Auditorio el mes pasado.

No es la edad. Es la música. Y es lo que haces con ella cuando tienes tantas expectativas generadas a tu alrededor.

El pasado como consigna y los covers como propuesta artística. Foto: Notimex
El pasado como consigna y los covers como propuesta artística. Foto: Notimex

A menudo suele indicar la crítica que Richard Starkey (Liverpool, 1940) no es el más talentoso de Los Beatles. Que al lado de John Lennon y Paul McCartney, su buen pulso para la batería, su inocencia y sencillez, resultan pocos valores al lado de las muchas virtudes creativas que supieron desplegar aquellos en dúo o como solistas.

No es del todo cierto. Tal vez no sea genial, pero nadie duda de que estamos hablando de uno de los mejores bateristas del mundo, de un artista con intereses diversos (la fotografía, la pintura) y de un músico coherente que ha hecho los discos en solitario justos, con gran dignidad y solvencia artísticas.

Eso sí, como la banda legendaria que es, de Los Beatles y sus integrantes creemos conocer pelos y señales y en ese sentido nadie ignora los problemas de inseguridad que han regido toda su existencia, más allá de los oscuros periodos de alcohol y drogas que logró superar con gran tenacidad y fe en la vida.

¿Y DÓNDE ESTABA RINGO?

En la noche lluviosa del 10 de marzo, en el Auditorio Nacional, Ringo Starr fue un artista reticente al que es obvio le cuesta mucho ocupar el centro del escenario.

Su estampa impecable, de un septuagenario que parece un cuarentón, con un cinturón que cortaba luminosamente su vestimenta negra con un símbolo de la paz que es su escudo de familia, fue ovacionado en las iniciales “Matchbox” y “It don’t come easy”, que cantó con su estilo seco y parsimonioso, para luego sentarse a la batería y desde allí lanzar miradas de bondad hacia quienes gritaban su nombre en forma desesperada.

Ringo, el reticente. Foto: Notimex
Ringo, el reticente. Foto: Notimex

El encuentro con el público defeño fue durante muchos momentos un desencuentro por medio del cual ellos lo llamaban y él no venía. Incluso, hasta el incombustible Todd Rundgren, se unió a los espectadores para pedir por la presencia de Ringo y corear su nombre con gran simpatía.

La All Starr Band -integrada por el saxofonista Warren Ham, el guitarrista Steve Lukather; el bajista y cantante Richard Page; el tecladista Gregg Rolie; el guitarrista y cantante Todd Rundgren y el baterista Gregg Bissonette- estuvo sólida y acertada y fue una verdadera máquina de sonar bien y de pedir por la paz en el mundo, por clamar por más amor en un planeta que se llena de odio cada día.

El hit de Mr.Mister, “Broken Wings”, en la voz de un irreconocible Richard Page, “Wings” (autoría de Starr para su disco Ringo 2012), fueron dando paso a los temas de Toto (“Rossana”, por ejemplo) a cargo de Lukather, los covers de Carlos Santana dirigidos e interpretados por el tecladista Gregg Rolie

"Kyrie" de Mr. Mister; "Boys", "Don't Pass Me By" y la consabida "Yellow Submarine", construyeron una primera entrega de un concierto donde se extrañaron las canciones de Ringo Starr y en cambio sonaron –en la segunda parte- con cierta condescendencia temas como “Black Magic Woman”, “Oye cómo va”, “Africa” y “Love is the answer”, entre otros que evocaron a Toto, a Santana, a Mr.Mister, ya lo dijimos.

Y así transcurrió el concierto hasta las legendarias "With a Little Help From My Friends" y "Give Peace a Chance", donde la nostalgia alcanzó su punto cúlmine y la rockola se quedó sin fichas.

Mónica Maristain

Mónica Maristain

Es editora, periodista y escritora. Nació en Argentina y desde el 2000 reside en México. Ha escrito para distintos medios nacionales e internacionales, entre ellos la revista Playboy, de la que fue editora en jefe para Latinoamérica. Actualmente es editora de Cultura y Espectáculos en SinEmbargo.mx. Tiene 12 libros publicados.

Lo dice el reportero