Ciudad de México, 15 de julio (SinEmbargo).- Bien dice la editorial Malpaso que sus libros también pueden escucharse. Qué haríamos de hecho sin las prodigiosas traducciones de tantas memorias musicales.
Por caso El sueño del hippie, cuya segunda edición ya está en las librerías mexicanas, para provocar un encuentro íntimo con el siempre reticente cantautor canadiense Neil Young.

Nacido en Toronto en 1945, se trata como Tom Waits, Bob Dylan, Leonard Cohen, de esos roqueros esenciales que vivieron a pleno una época revolucionaria hasta convertirse ellos mismos en símbolos primordiales de su tiempo.
“Una leyenda en ejercicio” es llamado el hombre esquivo que “aquejado tal vez de una brusca simpatía, decidió cierta mañana mostrarnos el sanctasanctórum de sus recuerdos e intimidades”.
“Ese improbable experimento confesional nos conduce desde las nieves de Ontario a los edenes hawaianos pasando por las calles alucinadas de Los Ángeles en los albores de la gran turbulencia. Estamos, pues, ante el relato definitivo (tópico por una vez justificado) de un viaje obstinadamente inenarrable o, como afirma un crítico sin duda perspicaz, ante la historia del rocanrol abierta en canal, en primera persona y en presente de indicativo”, afirma el boletín de prensa.
El sueño del hippie constituye sin duda una inmejorable oportunidad de conocer más a Neil Young, sí, el de Crazy Horse, el artista que antes de ponerse a escribir su biografía, se dedicó a confeccionar parte de la nuestra.
SOBRE DAVID CROSBY Y GRAHAM NASH (Y LA COCAÍNA)
Recuerdo que un día David Crosby y Graham Nash vinieron a verme a un establo que había convertido en sala de trenes, durante la grabación de American Dream, gran parte de la cual se hizo en Plywood Digital, que no era sino otro establo que había transformado en estudio de grabación en el rancho. Teníamos una camioneta aparcada en el exterior con un equipo de grabación y estábamos preparando varias canciones nuevas. Estábamos entusiasmados por volver a tocar juntos. Crosby ya no se drogaba, se estaba recuperando de la adicción a los chinos de cocaína, acababa de salir de la cárcel por algo relacionado con un arma cargada en Texas y era propenso a echarse una siesta entre toma y toma. Todavía estaba desenganchándose y se esforzaba al máximo porque el grupo y la música eran su mayor pasión. No conozco a nadie a quien le apasione tanto la música. Graham Nash ha sido su mejor amigo desde hace mucho tiempo, en la salud y en la enfermedad, y la manera que tienen de cantar juntos da fe de cuán intensa es su relación.
SOBRE LA PASIÓN DE HACER MÚSICA (Y LA IMPACIENCIA)
Esperar no es una cosa que se me dé bien. Suelo impacientarme cuando estoy centrado en conseguir que algo se materialice. Creo que las cosas van siguiendo su curso, pero no puedo tocarlas como sí puedo con la guitarra. Es obvio. Ser músico te permite remover las notas y expresar cosas que hay en tu interior sin que nada más importe. Quizá por eso me siento tan feliz cuando toco la guitarra o cuando grabo. Me entusiasma la idea de usar la Green Board para el siguiente disco. Me encanta el sonido y aunque ahora mismo no tengo canciones y ni tan siquiera ideas, deseo expresarme a través de la música. Alejarme de la música para hacer otras cosas es lo que me permite seguir centrado en la música. Necesito apartarme de la música para así apreciarla de veras cuando se presenta la oportunidad. La mera idea de tocar hace que me sienta como en casa.
SOBRE EL SER CANADIENSE EN LOS ESTADOS UNIDOS (Y EL CARNÉ DE CONDUCIR)
No tuve carné de conducir estadounidense durante mucho tiempo. No podía conseguirlo, porque era un ilegal. Necesitaba el permiso de trabajo. Ni siquiera podía salir del país sin ese permiso de trabajo porque tendría que volver a colarme de manera ilegal. ¿Les suena de algo la anécdota de que en los Estados Unidos hay mejores carreteras?

Por suerte, el capitalismo me salvó la vida y pude comprar un permiso de trabajo gracias a mi abogado. Tardé en encontrar a un abogado que contara con los contactos adecuados en el departamento de inmigración y naturalización de Nueva York, pero a finales de los sesenta conseguí un permiso de trabajo real. ¡Estados Unidos es una pasada y el capitalismo encanta! La mayoría de la gente ni se imagina lo que cuesta obtener uno de esos permisos. Un estadounidense podría ocupar mi puesto de trabajo. Hay muchos guitarristas. No sé cómo lo hizo el abogado, pero sé que me costó 5 mil dólares. No sé si eran sus honorarios o si lo hizo gratis y el dinero fue a parar a otras manos, pero de lo que estoy seguro es de que fue capitalismo puro y duro. Qué alivio estar en los Estados Unidos sin miedo a que me deportaran.
SOBRE LA RELIGIÓN (Y LA LUNA Y EL BOSQUE)
La religión no está entre mis intereses. No puedo suscribir los argumentos de esas creencias porque, al fin y al cabo, son producto de la imaginación del hombre. Siento al Gran Espíritu en todo cuanto me rodea y me descubro ante su omnisciencia. Si otros rezan los acompaño en el rito. No los juzgo por ello. Es su elección. Me uno a ellos y luego sigo con lo mío. Para mí la luna y el bosque son muy importantes. El mundo natural posee un ritmo con el que me identifico y quizás por eso sea pagano.
Creo que los paganos han pagado el pato por culpa de los cristianos. Aunque no puedo dar fe de que eso fuera así, es evidente que las creencias paganas fueron percibidas como una amenaza para los cristianos y, como toda religión dominante, estos últimos no se anduvieron con chiquitas al tratar de imponer sus razones. Arremetieron pues contra los paganos y los tildaron de herejes, infieles y de cuanto resultara más conveniente para sus perversos y diabólicos fines. Supongo que el mal ajeno es necesario para justificar la existencia de toda religión organizada. Parece ser, al menos, el foco de muchas prédicas y muchos sermones.
Y UN BUEN DÍA ME LLAMÓ BOB DYLAN (SOBRE LAS CAMISAS A CUADROS, ADEMÁS)
Un día me llamó Bob Dylan. No me lo esperaba en absoluto. No es alguien que suela llamarme. Fue después de que el huracán Katrina devastara Nueva Orleans y varios artistas salimos en un programa de televisión para recaudar fondos para las víctimas. La música de Nueva Orleans es sagrada. El programa era para la cadena de Nashville Network y nos oyó tocar “Walking to new Orleans” y me llamó para decirme lo mucho que le había gustado la actuación. Fue emocionante.
Iba caminando por las calles de Nueva York y su llamada fue una sorpresa de lo más inesperada. También me comentó que le había gustado mi sombrero y que tenía buen aspecto. Bob siempre viste con elegancia en los conciertos. En una ocasión Bob y Elliot vinieron a cenar al rancho y Pegi y Bob se pusieron a hablar sobre mi ropa. Una de las cosas que dijeron fue que era “cómoda”, así que en la retransmisión mejoré bastante.
Cuando toco con los Crazy Horse me cuesta arreglarme. Me parece que no pega con la música. ¿Quién sabe? Tal vez la próxima vez que toquemos tengamos el aspecto de unos fresas insufribles.
Siempre me han gustado las camisas a cuadros. Susan, mi primera mujer, me cosió parches y retazos en la ropa e iba a la moda y todo. Los pantalones que salen en la carátula trasera de After the gold rush son cosa de Susan. Era muy creativa y lo hacía con todo su cariño. Una vez me hizo un chaleco de retazos con una espalda de terciopelo azul. Cosió los retazos con mechones de su pelo. Tras separarme lo guardé a buen recaudo. Era muy bonito. Quería que el chaleco siempre me recordase a Susan. Un día volví a casa y Carrie lo había roto para cubrir con los retazos los agujeros de unos vaqueros que nunca me ponía. Fue descorazonador. No sé si lo he superado. La ropa hace al hombre”.


SOBRE DAVID CROSBY Y GRAHAM NASH (Y LA COCAÍNA)
SOBRE LA PASIÓN DE HACER MÚSICA (Y LA IMPACIENCIA)
SOBRE EL SER CANADIENSE EN LOS ESTADOS UNIDOS (Y EL CARNÉ DE CONDUCIR)
SOBRE LA RELIGIÓN (Y LA LUNA Y EL BOSQUE)
Y UN BUEN DÍA ME LLAMÓ BOB DYLAN (SOBRE LAS CAMISAS A CUADROS, ADEMÁS)


