Calderón convirtió su Gobierno en una estructura monotemática. Ningún tema estaba por encima de la guerra del narco, a pesar de los pésimos resultados que se entregaban a la sociedad. Foto: Cuartoscuro.

Tomas decisiones en la vida –y como gobernante de un país– nunca ha resultado nada sencillo. En realidad, nadie puede saber cómo le irá cuando toma una decisión. Los resultados se observan justamente cuando el paso ha sido dado, cuando la decisión ha sido tomada.

Esta reflexión viene a cuento a propósito del libro del expresidente Felipe Calderón –Decisiones difíciles– en el que hay más justificaciones que revelaciones.

El Gobierno de Calderón, por donde se le mire, fue errático. Se equivocó casi en todo y llevó al país a una guerra contra el crimen que más bien fue el pretexto para llevar a cabo un enorme saqueo de recursos naturales en el país, desde la minería hasta los recursos petrolíferos.

La guerra contra el crimen organizado, que resultó fallida, fue un gran pretexto y una verdadera simulación. En realidad, Calderón no combatió absolutamente a ningún cártel de la droga, todo lo contrario, el narcotráfico durante su Gobierno fue un gran negocio y los llamados cárteles fueron los más beneficiados.

Para las organizaciones criminales, la llamada guerra contra el crimen fue la oportunidad para extender sus tentáculos a toda América Latina. Sinaloa, el cártel que se robusteció durante los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe Calderón, se colocó en más de 50 países –hoy opera en cien– y se consolidó como la organización criminal más poderosa del planeta. Este cártel fue el proyecto del panismo en el poder.

Hacer la guerra contra el crimen organizado. ¿Fue una decisión difícil? Eso significó alinearse con los intereses de Estados Unidos, amantes de la guerra, lo cual significó un gran negocio. Y para ello, fue necesario que el enemigo –el crimen organizado– fuera enormemente poderoso, más, incluso, que el propio Estado.

Calderón convirtió su Gobierno en una estructura monotemática. Ningún tema estaba por encima de la guerra del narco, a pesar de los pésimos resultados que se entregaban a la sociedad.

Durante el Gobierno de Calderón hubo más de 100 mil muertos y las Fuerzas Armadas, utilizadas en tareas policiacas, cometieron cientos de delitos de lesa humanidad que aún están pendientes de ser castigados.

Fue un verdadero exceso de fuerza y violencia que no sirvió absolutamente para nada. Bien cabría preguntarle a Felipe Calderón qué diablos fue lo que combatió durante su Gobierno. ¿Al narcotráfico? Pues tal parece que lo protegió porque el narco ahí sigue tan pernicioso como siempre.

Los principales cárteles siguen operando. Algunos fueron descabezados, pero tan pronto rodaron las cabezas de algunos capos aparecían otros jefes del crimen que tomaban el lugar vacante.

Con Calderón había 12 cárteles y, cuando terminó su Gobierno, en diciembre de 2012, en el país operaban 14, los mismos que actualmente tienen actividad en todo el territorio nacional.

Ahí está Sinaloa, el cártel del Golfo, Los Zetas, cártel del Noreste, Jalisco Nueva Generación, Los Rojos, Los Ardillos, Guerrros Unidos, Tijuana, Juárez, Unión Tepito, La Resistencia, entre otros, con enorme presencia en México y en todo el continente.

En realidad, la guerra de Felipe Calderón en nada contribuyó a la pacificación del país, pues los cárteles siguieron operando en todo el territorio como si nada hubiera pasado.

Ahora, por lo que respecta a los casos emblemáticos que llevó la extinta Procuraduría General de la República (PGR), lo que sí hay que apuntar es que durante el Gobierno de Calderón esa institución se convirtió en una fábrica de construir delitos y armar expedientes con testigos falsos.

Esta práctica perniciosa ocurrió, por ejemplo, durante el periodo en que Marisela Morales fungió como titular de la SIEDO –hoy SEIDO –y cuando fue Procuradora.

En ese periodo, la PGR fue utilizada como instrumento político. Se llevó a juicio a muchas personas, presuntamente ligadas al crimen organizado, pero salieron en libertad porque nunca se pudo acreditar que realmente hayan estado ligadas al crimen.

Un caso escandaloso fue la llamada “Operación Limpieza”, efectuada en la PGR, tras descubrirse que el cártel de Sinaloa había infiltrado a los principales áreas de investigación, incluido los funcionarios que las encabezaban.

Fue el caso de la SEIDO, donde la célula Beltrán Leyva, por ejemplo, pagaba hasta medio millón de dólares mensuales a cambio de información sensible sobre operativos, órdenes de aprehensión y extradiciones que estaban en puerta.

En todo este embrollo, fueron implicados funcionarios civiles y militares, quienes servían al crimen a cambio de dinero. El voluminoso expediente fue consignado, pero al poco tiempo todos los funcionarios procesados tuvieron que ser liberados por falta de pruebas.

Con Decisiones Difíciles, Calderón justifica su gran fracaso como Presidente. Trata de dar explicaciones ante la evidencia. Más que ocuparse de explicar lo que no hizo bien debería de dedicarle tiempo a su defensa, sobre todo ahora que el Gobierno de México pidió al de Estados Unidos información sobre el operativo “Rápido y Furioso”, donde supuestamente el expresidente Calderón permitió el ingreso de armas al país que terminaron en manos de los cárteles que él mismo combatía con su guerra anticrimen.

De acreditarse esto, Calderón podría ir a la cárcel por traición a la patria. Seguramente la autorización para el ingreso de armamento fue una decisión difícil. Lamentablemente, de este tema Calderón nada dice en su libro.

Tijuana: La estrategia para recuperar los empleos

Todo el mundo, y en particular México, sufre la caída del empleo debido a la pandemia del coronavirus. La debacle económica, la otra pandemia, se ve venir y sus efectos –se asegura– serán devastadores. Hay miles de empresas en quiebra, despidos justificados o no, han generado angustia y temor entre la población, sobre todo la más necesitada.

El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador puso en marcha un plan emergente, con millones de microcréditos, a fin de apoyar a las Pymes, empresas que se han visto afectadas por el cierre de operaciones y la falta de ingresos.

En Tijuana, Baja California, el Alcalde Arturo González Cruz, puso en marcha esta semana un programa emergente con el fin de que se detone la economía local a partir del 1 de junio, cuando se supone que se retomarán las actividades en todo el país.

González Cruz difundió la propuesta de cámaras empresariales, clústeres, comisiones honorarias, asociaciones y ciudadanos en general, a través de las plataformas electrónicas para fortalecer el dinamismo que caracteriza a la región.

De acuerdo con su experiencia empresarial, González Cruz propuso una estrategia para lograr el rescate financiero. Así lo explicó: “ Sabemos que Tijuana es una pieza clave para la economía del estado (de Baja California), pero debemos priorizar la salud de la gente; sin embargo, la actividad económica y el empleo son el soporte que nos mantiene”.

Por su parte, el Secretario de Desarrollo Económico, Arturo Pérez Behr, destacó que entre las acciones de apoyo se encuentran, por ejemplo, la prórroga para el pago del impuesto predial 2020, por tres meses, sin generar multas ni recargos;, de igual forma, las licencias y renovación de permisos, contarán con ese mismo periodo. La recepción de formatos, para la declaración de contribuciones, de despacharán de inmediato. La autoridad fiscal tendrá 30 días para notificaciones.

Además, se impulsará el Sistema de Apertura Rápida  de Empresas, se facilitarán las gestiones para el cruce ágil para servicios médico, empresarial y hotelero. Se fortalecerá la vinculación de oferta y demanda de empleos al promover la Bolsa de Trabajo en las páginas y redes sociales oficiales.

El apoyo financiero –dijo– será fundamental para estimular el empleo y la recuperación de actividades, con créditos desde los 10 mil pesos –para microempresarios– hasta los 200 mil para el fortalecimiento de la micro y pequeña empresa, contemplando pagos a partir del cuarto mes del préstamo.

Medir la felicidad

Esta semana, el Presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que trabaja en un instrumento para medir el bienestar y la felicidad de la gente. Ignora el Presidente que la felicidad no puede medirse en cuanto al bienestar que, según él, genera su Gobierno. La felicidad nada tiene que ver con el bienestar, si se trata de un ser humano consciente, sabrá determinar que puede ser feliz aunque la realidad de afuera no le beneficie, al fin y al cabo, el estar bien es una decisión estrictamente personal que nada tiene que ver con que las cosas estén bien o mal. Si allá afuera las cosas van mal, nadie tiene porqué sumarse a esa corriente de malestar. Cada quien endereza su barco de acuerdo con sus herramientas psicológicas. En resumen, la felicidad de la gente no depende de ningún gobierno ni de ninguna política pública. El bienestar y la felicidad es una construcción muy personal que, en buena medida, tiene que ver con quitarle al YO su hegemonía en la vida cotidiana. Cuanto más presente está el YO, más sufrimiento enfrentamos todos los seres humanos. El YO es nuestra desgracia. Y eso no lo puede resolver AMLO ni su Gobierno.