La política de comunicación del gobierno de Veracruz se mueve con el ritmo de los trastornos de estado de ánimo. De la desesperación a la depresión, de la euforia al desencanto.
Hace muy pocos meses, el gobernador Javier Duarte tuiteaba con la alegría de quien se compra un nuevo iPhone y descubre la aplicación de Twitter. Y luego de los traspiés, su cuenta cayó en el desánimo.
Hace unas semanas la directora de Comunicación Social, Gina Domínguez, hablaba a cuanto noticiero podía para comentar notas o desmentirlas o agregarles. Ahora, frente a hechos tan terribles como el presunto asesinato de familiares del alcalde de Paso de Ovejas, Adolfo Jesús Ramírez; ante la presunta toma de camiones, el presunto ataque a viviendas y la presunta ejecución y tortura de niños y mujeres (en plural, y todo “presunto” porque no hay datos), ha optado por el silencio más absoluto. Un comunicado de tres párrafos en donde se anuncia que “se investiga”. Y no más.
Pero es una bipolaridad, que parece acentuada en este sexenio, viene del gobierno anterior. ¿Cómo explica el ex gobernador Fidel Herrera, por ejemplo, que mientras su gobierno no reportaba secuestros ni a la prensa ni a la sociedad ni a la federación, él los pagaba con dinero el erario público? ¿Cómo fue que mantuvo esa pantalla? ¿Con qué objeto? La violencia cruda, la de verdad, estalló poco después.
Una pena. Y es una pena principalmente para los veracruzanos, que están pasándola bastante mal mientras su gobierno da bandazos.
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Y si Veracruz se esconden los hechos de violencia para aparentar paz y tranquilidad, en otras entidades del país no se quedan atrás.
Ahí están las declaraciones del sacerdote Flor María Rigoni, director de la Casa del Migrante Albergue Belén de Tapachula, Chiapas, citadas por el periódico La Jornada, donde afirma que en algunas zonas de México “estamos en una guerra civil no declarada” y casi todos los ciudadanos puede ser víctima de asalto, robo, secuestro y muerte.
Sin dudar ni un momento y con la voz firme, Rigoni dijo –frente a Margarita Zavala de Calderón– que desde hace una década la “frontera vertical de México”, del Suchiate al Bravo, está “convertida en un cementerio sin cruces y en guerrilla de caminos de extravíos”.
Los que más sufren, insistió el padre, son los migrantes, tanto mexicanos como centroamericanos, que buscan una mejor vida en Estados Unidos. Sobre estos últimos dio ejemplos de abusos a los derechos humanos, particularmente en Chiapas, entidad gobernada por Juan Sabines Guerrero, y donde el padre ayuda a menores migrantes. Pero Sabines, quien lo conoce bien pues el sacerdote italiano trabaja tierras chiapanecas desde 1998, también es el de los que aparecen en la foto y no regresan… Las cifras del padre, quien es un luchador por los derechos humanos reconocido internacionalmente, no mienten; tampoco sus advertencias sobre una “guerra civil no declarada”. Pero en Chiapas, al parecer, a los gobernantes también se les da la bipolaridad.
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Ni negociación, ni tregua ni amnistía para el crimen organizado en México. Así se pronunció en Washington, la aspirante a la candidatura presidencial del PAN,
Josefina Vázquez Mota, quien este fin de semana anda de gira en esa ciudad y también hará presencia con comunidades mexicanas en Chicago y Nueva York.
Igual que sucedió hace unas semanas con Andrés Manuel López Obrador, Vázquez Mota fue invitada a participar como conferencista en el Centro Woodrow Wilson de la capital estadounidense, en donde repitió lo que ha venido diciendo en México: con el crimen organizado “hay que pintar la raya” y no dejarle espacios para la impunidad.
Quizá lo novedoso en su exposición fue su ofrecimiento a que de llegar a la Presidencia regresaría el Ejército a sus cuarteles, aunque lo condicionó a que exista una policía confiable; también habló de la necesidad de tocar las ganancias del crimen organizado y promover estrategias de prevención.
Estos dos últimos puntos adheridos la precandidata, quien lidera todas las encuestas de preferencias al interior del blanquiazul, son precisamente de los que más le han reclamado al presidente Felipe Calderón los grupos de la sociedad civil, como el Movimiento para la Paz con Justicia y Dignidad, que encabeza el poeta Javier Sicilia. Se nota, pues, que doña Josefina sí está leyendo los reclamos sociales. ¿Será simple estrategia de precampaña? Ojalá que no. Porque ella está cerca de quien represente al PAN en las urnas el 1 de julio de 2012.
¡Feliz fin de semana!
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