Redacción/SinEmbargo

Juan Pablo II, 1994: “Maciel es eficaz guía para los jóvenes”

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22/04/2014 - 12:00 am

Marcial Maciel, un sacerdote católico pederasta que durante años fue favorito de los papas en turno, murió en la riqueza. Algunas crónicas dicen que al final tuvo cierto remordimiento por lo que hizo (abusar de niños, robar dinero de ancianas para llevar vida de rey, engañar a creyentes y sacarles jugo), pero no queda claro. Se sabe que hasta dos años antes de su muerte –en Florida, Estados Unidos– dejó la dirección general de Los Legionarios de Cristo luego de que el papa Benedicto XVI le ordenó guardarse y llevar una “vida de oración y penitencia”, cualquier cosa que eso signifique.

Murió el 30 de enero de 2008, a los 87 años de edad, después de una vida criminal de más de 60 años. Y ahora sabemos que llevó una vida criminal de seis décadas (posiblemente un poco más) porque documentos obtenidos por la prensa de Estados Unidos indican que El Vaticano fue informado desde 1948 que Marcial Maciel abusaba de niños, era adicto a la heroína y su supuesto apostolado estaba “fundado en mentiras”. Y quienes lo acusaron no eran víctimas –a las víctimas El Vaticano jamás las ha escuchado: las ha menospreciado–, sino enviados desde Roma y funcionarios de la iglesia en México.

Los documentos dados a conocer por Associated Press indican “cómo una sucesión de papas —incluso a Juan XXIII, que también será canonizado el próximo domingo— simplemente desestimaron reportes creíbles de que Maciel era un artista de la estafa, drogadicto, pederasta y un fraude religioso. Para 1948, siete años después de que Maciel fundó la orden, la Santa Sede tuvo documentos de enviados vaticanos y obispos en México y España que cuestionaban la legitimidad de la orden de Maciel, subrayando la cuestionable fundación legal de su orden y alertando sobre su comportamiento ‘totalitario’ y las violaciones espirituales a sus jóvenes seminaristas”.

Los documentos muestran que la Santa Sede “estaba bien enterada del abuso de drogas por parte de Maciel, de sus abusos sexuales y las irregularidades financieras desde 1956, cuando ordenó una investigación inicial y lo suspendió dos años para curarse de una adicción a la heroína”.

Ahora trate de encontrar lógica en la frase de Juan Pablo II de 1994: “Marcial Maciel es una eficaz guía para los jóvenes”.

Juan Pablo II y sus colaboradores más cercanos –cita Associated Press–no asumieron la gravedad del problema de los abusos hasta casi el final de su papado de 26 años, a pesar de que desde la década de 1980, los obispos de Estados Unidos pedían a la Santa Sede una forma más rápida de lidiar con los curas pederastas, el papa Francisco ha heredado el fracaso más notorio de Juan Pablo II en el tema del abuso sexual: la orden de los Legionarios de Cristo, que el papa polaco y sus principales colaboradores pusieron como modelo”.

Ahora una pregunta: ¿Realmente Juan Pablo II debe ser canonizado?

Deje usted a un lado el significado que tiene en términos religiosos o espirituales la canonización, sino en la impronta que le dará El Vaticano al papa “amigo de México”. Es como darle la máxima presea que otorga un Estado.

Alguien que pudo ponerle freno a un criminal y no lo hizo, ¿merece ser distinguido?

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