Dice el Kama Sutra de piedra que en cada caricia están todas las caricias y en cada espasmo se crean y recran todos los mundos posibles. Los amantes que se escuchan gozándose y se entregan sin más a esa música de los cuerpos inventan una dimensión que difícilmente se desvanece. El tiempo sin final es el espacio más amplio de su goce ritmado.
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