Ciudad de México, 12 de dic (sinembargo.mx) - El avión en el que falleció la cantante Jenni Rivera tenía una serie de irregularidades relacionadas con actividades ilícitas y malas condiciones técnicas. Entre el dueño con un negro historial en Estados Unidos, fallas de la aeronave y un piloto sin certificación, la vida de la cantante se esfumó en el aire.
El propietario del aeroplano, Cristian Eduardo Esquino Núñez, fue declarado culpable en el 2001 por falsificar el libro de mantenimiento de varias aeronaves y estuvo ligado en marzo de 2012 en un intento de introducir ilegalmente a México al hijo del extinto líder de Libia, Muammar Gaddafi.
Univisión reveló que los Tigres del Norte demandaron a Esquino por fraude e incumplimiento de un contrato para la adquisición de un avión. El vocero de la agrupación explicó que los músicos le entregaron a Esquino un depósito para que les ayudara a buscar un avión, pero que la aeronave que ofreció no reunía las condiciones requeridas, así que le exigieron la devolución del dinero. Esquino no devolvió el depósito y por ello se vieron obligados a demandarlo.
La cadena también denunció que sin existir físicamente, la empresa Starwood Management, propiedad de Esquino, opera al menos 40 aviones.
La cadena estadounidense aseguró que este año, la DEA confiscó dos aviones operados por Starwood, en Texas y Arizona: un Hawker 700 que fue decomisado luego de aterrizar en el aeropuerto de McAllen, Texas, procedente de México el 12 de septiembre de 2012, y un Gulfstream de matrículas N39LF, confiscado en febrero.
También descubrió Univisión que Esquino ha sido condenado dos veces en Estados Unidos, una de ellas por narcotráfico en Florida. El piloto estuvo preso en una cárcel federal y fue liberado el 17 de enero de 2007.
Además detalló que un jurado del Distrito Sur de California acusó en 2001 a Esquino y su socio Lance Z. Ricotta de una confabulación para crear falsamente la bitácora de seis aviones Cessna.
Según la investigación, los socios entregaban a una tercera persona “libros de mantenimiento en blanco con el propósito de crear récords falsos y ficticios de aviones comprados al Gobierno de México”.
Cuando quedaban registradas las falsas reparaciones de los motores y otros detalles del avión, un supuesto intermediario obtenía matrículas en México para las aeronaves.
“Finalmente, los acusados vendían los aviones a altos precios como si sus equipos hubieran cumplido con las reparaciones rutinarias”, aseguró el reporte de Univisión.
Aunado al historial delictivo de Equino, la empresa Rotor Jets intentó comprar el Learjet 25, matrícula N345MC, pero se abstuvo porque le hacía falta una revalidación de la certificación y su funcionamiento no era el óptimo.
Además uno de los pilotos que comandaba la nave, Miguel Pérez Soto, de 78 años no tenía autorización para transportar pasajeros, de acuerdo con la legislación vigente. Según la ley, no se renovarán licencias TPI para los pilotos mayores de 65 años, a quienes sólo se les otorgará la licencia de piloto comercial, que no autoriza transportar personas.
Y por si fuera poco, el aeroplano donde viajaba la grupera no sólo tenía más de 40 años de vida, sino que había sufrido un accidente en 2005 en Texas, al salirse de la pista.






