Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

Venezuela: una oposición en terapia intensiva

"Mientras que el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar ha ido junto a otras doce fuerzas políticas, la oposición ha ido una vez más dividida".

Hay dos Estados en el mundo donde lo que hacen, especialmente si hay elecciones, es leído en el resto del mundo occidental más como política interior que como política exterior. Uno es, y resulta razonable, Estados Unidos. El otro, y es más difícil de explicar, lleva el nombre de Venezuela. El chavismo ha obtenido el 82.6 por ciento de los votos en la Asamblea, 256 asientos de los 285 en disputa. La oposición sólo ha ganado 29 puestos. La participación total ha sido del 42.63 por ciento, ligeramente superior a las mismas elecciones de hace cuatro años.

Igualmente, el chavismo ha ganado en 23 estados, mientras la oposición, con un candidato con mucha aceptación popular, ha ganado en uno, en el estado de Cojedes.

Parece evidente que mientras en la política venezolana Nicolás Maduro juega al ajedrez, de manera que calcula las jugadas viendo varios pasos por delante, la oposición sigue jugando al parchís, atenta al movimiento inmediato, jugándoselo todo a un golpe de suerte y, encima, dejando que le echen los dados desde afuera, es decir, desde los EU.

Mientras que el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar ha ido junto a otras doce fuerzas políticas, la oposición ha ido una vez más dividida. En total se han presentado 10 fuerzas opositoras y con posiciones encontradas entre ellas hasta respecto de las reglas de juego. El chavismo, al contrario, ha configurado un frente amplio, que es la única manera que tiene la izquierda de ganar elecciones, como pasó en México, en Colombia, en Chile o, desde antes, en Urugyay.

Además, el chavismo sigue, como viene haciendo desde 1998, cuando Hugo Chávez ganó las elecciones, cumpliendo con el hilo constitucional, incluso cuando pusieron en marcha un proceso constituyente. Mientras, una parte de la oposición, la más jaleada internacionalmente, a la que los medios del mainstream siguen apostando, mantiene su reclamo de patear el tablero porque no le salen las cosas como quisieran. Actores políticos relevantes de la oposición, como Manuel Rosales o Henrique Capriles, que habían participado del frente opositor, decidieron tomar parte en las elecciones (Capriles ha conseguido el acta de Diputado, pero Rosales ha perdido en el Zulia). Han sido expulsados de la plataforma que dirige María Corina Machado que, si pudiera, les mandaría a una cárcel en El Salvador.

El sector de María Corina Machado buscó que no se convocaran estas elecciones para poder legitimar así el marco de que en Venezuela no se respeta la democracia. De hecho, hicieron circular una información falsa donde, con el membrete del Consejo Nacional Electoral, supuestamente se anulaban las elecciones. Algo que tenía su lógica porque el país está sometido a sanciones y a un bloqueo de los EU y la Unión Europea, de manera que las elecciones parten con una enorme desigualdad. En cualquier caso, Nicolás Maduro ha insistido en que la legitimidad de su Gobierno tiene que ser en las urnas y, una vez más, ha demostrado quién tiene el apoyo popular.

La oposición buscó también que, como en otros países latinoamericanos, hubiera violencia (pensemos que en Ecuador asesinaron incluso a un candidato presidencial). Un par de días antes de las elecciones en Venezuela, algunos miembros de esa oposición violenta se complotaron para atentar, sin éxito, durante la jornada electoral. Como ya no tienen apoyo popular, fueron rápidamente detenidos y su intento volvió a fracasar. La violencia sin apoyo popular siempre va a ser entendida como terrorismo. Así que la baza de la violencia tampoco les funcionó.

Insistieron, con la vocería de los medios internacionales, en que las elecciones no son legítimas, que ha habido fraude, que el Consejo Nacional Electoral es de parte, pero no se cuenta que se presentaron una decena de partidos de la oposición que, pese al mal resultado general, vieron cómo los votos que recibieron se transformaron en 29 puestos en la asamblea nacional, muchos más en asambleas legislativas y, como decíamos, en la gobernación de un estado, Cojedes. No tiene mucho sentido descalificar al mismo CNE que valida el triunfo de los opositores donde han ganado.

La oposición, al fracasar todos los demás marcos, ha insistido que hubo una abstención abrumadora que sólo está en los deseos opositores de María Corina Machado. La negación de la realidad de esta señora sólo se entiende por la insistencia de los medios en presentar como reales sus ensueños y por lo funcional que resulta a algunas cancillerías una aliada dispuesta a defender incluso la intervención armada de otros países en Venezuela. México sabe de qué va este asunto cuando desde gobiernos anteriores se entregaba el territorio nacional para que los norteamericanos hicieran y deshicieran.

El Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, que es el nombre del frente amplio bolivariano, se parezca más a Venezuela que cualquiera de los demás partidos. Esto es importante, porque un país que quiere ganar unas elecciones, debe parecerse al país que quiere representar. La propia pluralidad de este Polo Patriótico expresa mejor la pluralidad del país que no los partidos aislados.

Esto es clave. Si tuviera que destacar un rasgo de estas elecciones es la constatación de que Venezuela ha cambiado. Esto es algo que la oposición no termina de entender y que se traduce en sus dificultades para contactar con su pueblo. Si no entiendes a tu pueblo ¿cómo te van a votar?

López Obrador entendió que había un México que no representaban ni el PRI ni el PAN. Igual le pasó a Gustavo Petro cuando puso en marcha el Pacto Histórico y hace una década también lo entendió Podemos después de las manifestaciones en las plazas de los indignados. Quienes continúan esa senda, triunfan. Hoy hay una Venezuela diferente y la entiende mejor Nicolás Maduro que cualquier líder de la oposición.

Esa transformación tiene que ver, lógicamente, con el cambio generacional: jóvenes que leen el mundo de manera diferente. Hay que entender que la proliferación de las tecnologías digitales han horizontalizado las relaciones. La tecnología obliga a cambios en la política, y por eso los partidos clásicos se están quedando anticuados. No se ha mencionado tampoco, pero mientras el chavismo incluye a mujeres en sus filas -han salido elegidas cinco gobernadoras chavistas-, la oposición sigue teniendo enormes problemas con eso. Entre los diputados elegidos por las listas nacionales de la oposición no hay ni una mujer.

Pero el Gobierno también sale desafiado. El sufrimiento del pueblo venezolano por las sanciones y el bloqueo, les hace más exigentes. Igual la experiencia obtenida al tener que salir del país, lo que genera un contraste al regresar -el venezolano siempre regresa a su patria-. Por último, y nada desdeñable, en Venezuela ha emergido una clase empresarial que nació como respuesta al bloque y las sanciones y que contrasta en un país donde los empresarios sólo buscaban dólares baratos del Gobierno para poder importar mercancías que impedían el desarrollo industrial de Venezuela.

Hay un aspecto esencial que tiene que ver con que hoy la política está a menudo más definida por cuestiones territoriales que por el eje “derecha-izquierda”. Hay nuevas sensibilidades que tienen que ver con el cambio geopolítico que vivimos en el mundo. Lo territorial está ganándole peso a lo ideológico, o dicho de otra manera, la defensa de los intereses nacionales, del territorio, en el contexto del mundo postglobalización, pesa más que el tradicional eje “derecha -izquierda”. Si la globalización nos llevó a olvidar el territorio, porque lo importante era ser cosmopolita, ahora regresa la nación.

No es que desaparezca el eje izquierda-derecha, sino que, en muchas ocasiones, se subordina a las demandas de los territorios. Un ejemplo claro está en las alianzas en bloques en América Latina. Puedes no necesariamente compartir la ideología de los países que configuran el bloque de los BRICS y, sin embargo, hacer alianzas con esos países como manera de frenar las pretensiones hegemónicas de los EU y la OTAN en tu país.

La gran victoria del chavismo le da tranquilidad al Gobierno y lanza una advertencia a Donald Trump de que no le va a resultar tan sencillo poner de rodillas a Venezuela. Pero, como decíamos, el Gobierno de Maduro también sale desafiado. ¿Por qué? Yo creo que el Presidente Maduro lo sabe. Comparemos un momento dos países, Argentina y Venezuela, Javier Milei y Nicolás Maduro (y que el diablo me perdone).

En Argentina se están retirando tareas al Estado y se están entregando a lo que se llama la gobernanza económica, que es una manera elegante de decir que se están entregando al mercado. Puro neoliberalismo. Por supuesto, todo esto viene con privatizaciones, desregulación y la necesaria intervención policial para frenar las protestas de los trabajadores y trabajadoras que se ven perjudicados por esa política a favor de las empresas.

Enfrente, tenemos a Venezuela, que también retira competencias que son del Estado pero se las entrega, no a las empresas, sino a los consejos comunales, es decir, le inyecta democracia al Gobierno representativo, hace participativa la democracia. En el caso de Milei, el Estado se desentiende y deja a los ciudadanos que arreglen cuentas en el mercado, de manera que el que no triunfe, se vea así mismo como un perdedor que asume su fracaso y no le reclame nada a nadie, sino que entienda el desenlace como resultado de su mala suerte, de su destino o como un castigo por no haberse esforzado lo suficiente.

Por el contrario, en el caso de Venezuela hay una voluntad de que el pueblo se responsabilice. No lo he visto reseñado en ningún medio internacional, pero hay que recordar que ha sido el pueblo el que ha elegido en un proceso de primarias a los candidatos chavistas que, luego, ha elegido este 25 de mayo. Si le das al pueblo la confianza de elegir quiénes se postulan para presentarse a las elecciones, es más fácil que ese pueblo termine la tarea eligiendo al candidato o candidata que previamente ha seleccionado. Los consejos comunales en Venezuela van a decidir sobre una parte del gasto público, de manera que igualmente se comprometen, se implican para decidir cómo se utiliza el dinero de todos. Esa confianza es una escuela de ciudadanía democrática.

Es verdad que, en este primer momento, el nivel de complejidad no puede ser muy alto y los consejos comunales no pueden ahora mismo decidir por el país sobre cuestiones que impliquen experticia internacional, económica, jurídica o tecnológica. Pero el pueblo ya ha empezado a tomar decisiones. Se trata de ir probando, ensayando, ajustando. Es evidente que el camino que se ha elegido es el democrático, porque se hace con el pueblo, mientras que la senda del mercado y de las empresas está siempre viciada por las enormes desigualdades de partida y las que genera.

Ese pueblo que empieza a participar en la economía y en la política de manera nueva, o con ímpetus renovados, también está aprendiendo a exigir al Estado que sea diferente al Estado tradicional venezolano heredado de la colonia. En realidad, se trataba de una capitanía general porque Venezuela no tenía minas y no fue un virreinato. Un estado que se vio debilitado aún más por los conflictos durante el siglo XIX y, que finalmente, fue construido de manera rentista y como una herramienta de las élites en el siglo XX cuando ya tenía en su mano la gestión del petróleo.

A ese Estado le va a exigir esa nueva burguesía empresarial que ha emergido como respuesta al bloqueo y a las sanciones, una mayor eficiencia, le va a exigir que no sea corrupto y no ayude a los empresarios que hacen trampas, y también que no entregue el mercado venezolano, que tanto les ha costado construir, a los intereses norteamericanos. Por eso la nueva burguesía venezolana no está con la oposición, que depende de los EU, sino del Gobierno. Una vez más los asuntos territoriales por encima de los ideológicos.

Y también el pueblo, al que se la he entregado la capacidad de tomar decisiones, que se ha empoderado, le va a exigir al Estado cosas similares: eficiencia, lucha contra la corrupción y que les escuchen. Añadamos que esos venezolanos y venezolanas que han hecho el esfuerzo de irse del país por culpa de las sanciones y el bloqueo, cuando regresen lo harán como quien regresa de una guerra, y serán muy exigentes tanto con los que les expulsaron de su país apoyando las sanciones y el bloqueo, como con la dirección política del país.

La participación electoral, decíamos, ha sido alta para comicios que no son presidenciales. El 42 por ciento, contando además con la gente que salió del país por las dificultades económicas, es una alta participación que ha superado la de hace cuatro años. Los que critican a Venezuela se olvidan de que en las elecciones locales en los EU participa menos del 20 por ciento. No el 42 por ciento, sino menos del 20 por ciento.

Intuyo que empieza una nueva etapa en la política venezolana, acorde con la nueva Venezuela nacida de estos años, nacida de las dificultades y de la superación de las dificultades, en un contexto mundial igualmente de cambio. La oposición ha visto que la población venezolana no les apoya, de manera que tendrán que reinventarse. A la muerte de Franco, los franquistas siguieron queriendo volver al franquismo a través de las urnas. Manuel Fraga, Ministro de Franco que firmó sentencias de muerte, fundó Alianza Popular, pero no tuvo ningún éxito hasta que dio paso a una generación que no tenía nada que ver con la dictadura. Todo lo contrario de lo que le ocurre a la oposición venezolana, que sigue siendo la misma que dio el golpe de Estado contra Chávez hace más de 20 años.

El Gobierno de Nicolás Maduro deberá hacer más eficiente el Estado, deberá luchar contra los malos funcionarios públicos y, como tarea esencial, deberá colaborar en la formación de un pueblo al que le está entregando responsabilidades para las que debe tener conocimiento. La universidad de las comunas, donde se podrán formar los comuneros y las comuneras, va en la buena dirección, igual que es importante que el Estado forme a funcionarios que den respuesta a las nuevas demandas populares. Para dirigir, por ejemplo, empresas públicas, es importante tener la preparación adecuada.

No se van a terminar las dificultades internacionales de Venezuela porque los intentos de control de Trump chocan contra ese país. Venezuela desbarata los planes norteamericanos, acelerados por Trump, de controlar las rutas marítimas (el Esequibo es aquí un objetivo y por eso ha sido un elemento central de las últimas elecciones venezolanas), de controlar los recursos energéticos (Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo y aquí, otra vez, el Esequibo es importante), de mantener el dólar como moneda de reserva y el preferido de las transacciones internacionales, de controlar la diplomacia, de decidir las guerras y la producción de armas o, incluso, la religión. No olvidemos que Steve Bannon ha amenazado con un cisma en la iglesia católica. Y Nicolás Maduro siempre tuvo un buena relación con el Papa Francisco que, intuitivamente, se mantendrá con León XIV.

Si un viejo mundo no termina de marcharse, el nuevo mundo que quiere nacer, a diferencia de lo que veía Gramsci en los años 30, parece que está empujando en la dirección correcta y va emergiendo.

Juan Carlos Monedero

Realizó estudios de licenciatura en Economía, Ciencias Políticas y Sociología. Es Doctor en Ciencias Políticas y profesor titular en la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Co... Ver más

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