Rubén Martín

Imperialismo sin complejos

"La nueva política internacional de Estados Unidos ahora ya no pretenderá encubrir sus ambiciones de poder y afirmación mundial con el pretexto de llevar la democracia y el orden liberal a ciertos países".

Imperialismo sin complejos
Donald Trump, Presidente de Estados Unidos, observa junto a miembros de su Gabinete la implementación del operativo que culminó con el secuestro de Nicolás Maduro. Foto: Casa Blanca

Lo que está ocurriendo en la política internacional ahora en el segundo mandato del Presidente Donald Trump, y acelerado con la invasión a Venezuela y la amenaza de derrocar al gobierno de Cuba y tomar Groenlandia por la fuerza, es la confirmación de que el orden de derecho internacional y el hipotético respeto a la soberanía de cada país que se construyó tras la Segunda Guerra Mundial no existe más. Ahora nada de eso existe, ni leyes ni organismos internacionales y lo que está imponiendo Trump es un imperialismo burdo y rapaz que asume que puede tomar cualquier país y sus riquezas, tal como lo acaba de hacer con el país sudamericano al cual ya le exigió un tributo de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, el equivalente a tres mil millones de dólares.

Si bien Trump ya había alardeado sobre el poderío estadounidense en su primer mandado (2017-2021), y si bien desde su toma de posesión en enero de 2025 amenazó con tomar el control del Canal de Panamá y hacerse de Groenlandia, lo que está ocurriendo en las últimas semanas significa pasar a la acción para cumplir esas afirmaciones imperiales.

Hace un mes, a principios de diciembre de 2025, el gobierno de Trump publicó su Nueva Estrategia de Seguridad Nacional donde explícitamente afirmaron que toda América les pertenece, resurgiendo la Doctrina Monroe ahora renombrada como Doctrina Donroe. Mediante esta, afirman que todo el Hemisferio Occidental les pertenece y ya no tienen ninguna consideración por el respeto a la soberanía de ningún país, como lo pusieron de manifiesto al invadir Venezuela violando el orden internacional, y las leyes de su propio país pues Trump no tenía autorización del Congreso estadounidense para una intervención militar de esa escala.

Ya no hay límites y sí muchos riesgos. Lo dijo de manera descarada y cínica Trump en una entrevista a reporteros del New York Times la semana pasada, cuando le preguntaron si existen límites a su poder global: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme […] No necesito el derecho internacional”. Esta declaración dejó en claro que la visión de las relaciones interestatales en el capitalismo moderno se definirá por el uso de la fuerza y no por tratados, acuerdos u organismos multilaterales.

Es la llamada “democracia coercitiva”, según la calificaron los reporteros del Times que entrevistaron a Trump el pasado miércoles. Así lo definieron: “La evaluación del Sr. Trump sobre su propia libertad para usar cualquier instrumento de poder militar, económico o político para consolidar la supremacía estadounidense fue el reconocimiento más contundente hasta la fecha de su visión del mundo. En esencia, se basa en el concepto de que la fuerza nacional, y no las leyes, los tratados y las convenciones, debería ser el factor decisivo en el choque de poderes”.

Y aunque el Gabinete de Trump está lleno de halcones guerreristas y muchos de derecha conservadora, el más radical de todos es su asesor de seguridad nacional, Stephen Miller quien fue más allá de Trump y proclamó, en una entrevista en CNN, que Estados Unidos puede utilizar su poderío contra quien sea y cuando sea, es decir una vuelta al imperialismo más rapaz.

Estas declaraciones, señaló el Times, forman parte de una “clara campaña de Miller, quien durante mucho tiempo ha desempeñado entre bastidores un poderoso papel en la política del gobierno de Trump, para justificar el imperialismo estadounidense y una visión de un nuevo orden mundial en el que Estados Unidos podría derrocar libremente a gobiernos nacionales y apoderarse de territorios y recursos extranjeros siempre que fuera en el interés nacional”.

En esa entrevista con CNN compartió su visión imperialista de la política de Estados Unidos. “Vivimos en un mundo, en el mundo real, Jake [el entrevistador], que se rige por la fuerza, que se rige por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”.

Y luego afirmó cínicamente: “Estados Unidos está utilizando sus fuerzas armadas para proteger nuestros intereses sin complejos en nuestro hemisferio. Somos una superpotencia, y bajo la Presidencia de Trump, nos comportaremos como tal. Es absurdo que permitamos que una nación en nuestro propio patio trasero se convierta en proveedora de recursos para nuestros adversarios, pero no para nosotros, que acapare armas de nuestros adversarios, que se posesione como un activo contra Estados Unidos en vez de a favor de Estados Unidos”. Vamos a ejercer ese poder “sin complejos”, dijo Miller, lo que quiere decir que se ven a sí mismos como un imperialismo sin complejos.

Esta idea confirma que la nueva política internacional de Estados Unidos ahora ya no pretenderá encubrir sus ambiciones de poder y afirmación mundial con el pretexto de llevar la democracia y el orden liberal a ciertos países o para derrocar a un gobierno que tiene “armas de destrucción masiva” como se pretextó para invadir Irak en 2003. Ahora ya cínicamente reconocen que invadieron Venezuela para quedarse con su petróleo.

Y ahora las opciones que se barajan de posibles nuevas intervenciones se ciernen sobre Groenlandia, Colombia y, desgraciadamente, México. Con el pretexto del narcotráfico, aunque ya sabemos que eso es mero pretexto. Para entender el grado de riesgo que existe para nuestro país basta pensar que hace un año ni siquiera era tema de conversación pública la posible intervención de Estados Unidos en México, pero ahora no sólo es materia de conversación sino que incluso es alentada miserablemente por algunos actores políticos sólo por su odio visceral al gobierno en turno. La amenaza es real y nadie debería aplaudir el imperialismo rapaz de Estados Unidos, sino condenarlo.

Rubén Martín

Periodista desde 1991. Fundador del diario Siglo 21 de Guadalajara y colaborador de media docena de diarios locales y nacionales. Su columna Antipolítica se publica en el diario El Informador. Conduce... Ver más

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