Teatro Bolshoi de Moscú, entre la magnificencia y los escándalos; su lado oscuro deja casi ciego al ruso Sergei Filin

23/01/2013 - 1:00 am

Foto: EFE

La película de Darren Aronofsky, Black Swan, que dividiera opiniones entre los espectadores cuando se estrenó en 2010, mostraba el lado oscuro del ballet clásico: rivalidades profundas e irrecuperables entre las bailarinas, odios ciegos y sordos, anorexias duras y muñecas sangrantes, daban marco a un escenario oscuro y patético que se desarrollaba detrás de los blancos y evanescentes tutús.

El filme que le hiciera ganar un Oscar a la israelí Natalie Portman era una ficción cinematográfica, especie de thriller donde el suspenso y cierta perversión que nos mantenían en vilo frente a la pantalla resultaban lo suficientemente escandalosos como para permanecer en el territorio del celuloide.

Lo difícil de pensar era que la historia iba a replicarse y de la forma más cruenta en la realidad.

Sergei Filin, el bailarín ruso de 42 años que en 2011 había asumido como director de la compañía de ballet del legendario Teatro Bolshoi de Moscú, fue atacado por un sujeto enmascarado que le arrojó ácido sulfúrico  en la cara y lo mandó derecho al hospital, donde hoy trata de recuperarse de las heridas que lo han dejado, entre otras cosas, prácticamente ciego de un ojo.

Antes de este tremendo episodio que dio la vuelta al mundo, a Filin le habían pinchado las ruedas del automóvil y habían hackeado su página web, al parecer por serias disputas profesionales entre bambalinas, en la búsqueda de papeles protagónicos o de mejor paga por parte de muchos bailarines de la compañía.

El ataque de hace cinco días a Filin, quien había sufrido amenazas de muerte, aconteció  aparentemente en represalia por haber elegido a determinados bailarines para las funciones más preciadas y dejado a otros en el banquillo de suplentes.

“Sergei es un hombre muy comprometido con su trabajo y si considera que tal o cual bailarín no está preparado para un número, pues no lo pone”, dijo el director del Bolshoi, Anatoly Iksanov, en declaraciones citadas por la agencia AP.

Hoy no se sabe si el artista perderá el ojo derecho, que quedó muy quemado luego del ataque. Este martes, el bailarín fue sometido a una operación de cirugía estética y hoy será objeto de una nueva intervención en los ojos.

“Me han prometido que el ojo izquierdo se salva. No pierdo el ánimo. A veces, consigo ver todos los dedos de mi mano. Esto me infunde optimismo y esperanza”, dijo Filin al diario ruso Komsomolskai Pravda.

Una historia de escándalos

Lo que es vox populi y se ha acendrado con el atentado a Filin es que el Bolshoi, fundado en 1825, una de las principales instituciones culturales de Rusia, famoso por ballets clásicos como El lago de los cisnes, es en realidad una tierra de graves escándalos donde las traiciones y las agresiones están a la orden del día.

Por delante, los brillos de un teatro cuyo nombre en ruso significa grande. Detrás del escenario, la célebre institución se debate entre las intrigas y las luchas internas profundas que han dado lugar a la salida de varios directores artísticos en los últimos años.

Se trata de un estado de las cosas que la ex bailarina Anastasia Volochkova, en declaraciones a la radio Ekho Moskvy, calificó de “salvaje”.

“La crueldad del mundo del ballet es increíblemente patológico”, manifestó Volohkova, quien a pesar de que hasta el célebre bailarín del Bolshoi Nikolai Tsiskaridze se había quejado de lo que consideraba un “trato injusto” por parte de Filin, está convencida de que el director del ballet  “no se merecía un ataque de ningún tipo”.

Filin bailó para el Bolshoi desde 1989 hasta 2007 y  fue nombrado director artístico de la compañía de ballet en marzo de 2011.

“Al parecer, dirigir el ballet del Bolshoi se ha convertido en una actividad de alto riesgo, muy peligrosa”, fue lo primero que declaró la primera bailarina Svetlana Zakharova, al conocer el ataque a su compañero.

En sus casi dos siglos de vida, el enorme recinto moscovita padeció un incendió que lo dejó reducido a cenizas en 1865. En 2005, la estructura del viejo teatro estaba vencida y se ordenó por tanto, la renovación.

Nuevos muros, nueva acústica, nuevas vigas: todo es nuevo en el viejo Bolshoi desde el 28 de octubre de 2011, cuando se reabrieron las puertas con la ópera Ruslán y Liudmila, basada en el poema homónimo de Alexander Pushkin, tras más de un lustro de retrasos y sospechas de corrupción.

Las disputas, en cambio, vienen de larga data.

Como ejemplo, el caso del director de los bailarines Guennadi Yanin, quien en 2011 no pudo esperar a la reapertura del Bolshoi: unas fotografías eróticas aparecidas en Internet y que –se supo luego- eran un montaje para perjudicarlo, lo obligaron a renunciar al cargo que ocupaba desde 2003.

En 2009, dimitió el director musical Alexander Vedérnikov y de un tiempo a esta parte, la violencia a causa de las mafias que son famosas en Rusia se ha extendido al mundo de las artes y traspasado las fronteras del Bolshoi.

La semana pasada, el director de la producción Lolita, de un teatro de San Petersburgo, fue golpeado por desconocidos. En la misma ciudad, a principios de este mes, un museo dedicado a Vladimir Nabokov, amaneció con una de sus ventanas rotas a causa de una botella que arrojaron desconocidos y en cuyo interior traía un mensaje que decía “La ira de Dios”.

En diciembre, el director del Teatro Gogol de Moscú, Alexey Malobrodsky, fue golpeado y su reemplazante, Kirill Serebrennikov, ha revelado recientemente en su página de Facebook que ha estado recibiendo amenazas.

Mientras tanto, se supo en la víspera que las autoridades del Bolshoi nombraron como directora del ballet, en reemplazo de Sergei Filin, a la bailarina Galina Stepanenko.

“Ha sido una decisión de Sergei. Yo la he respaldado. Él está al tanto de todo lo que ocurre en el teatro. Espero que esto le dé nuevas fuerzas”, dijo Anatoli Iksánov.

Redacción/SinEmbargo

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