
Ciudad de México, 7 de mayo (SinEmbargo).- El aumento de materia gris y una mayor capacidad de caminar largas distancias son los beneficios de una dieta rica en cerebros. Aunque esto no está probado en seres humanos, hay científicos que afirman que fue la receta para que el Homo erectus pudiera evolucionar.
De acuerdo con el antropólogo Joseph Ferraro, los cerebros de antílopes y de ñus, así como la carne de gacela, le brindaron al Homo erectus la energía suficiente para recorrer largas distancias en busca de alimentos, lo que a la larga permitió acelerar el proceso evolutivo de esta especie anterior al Homo sapiens.
Ferraro, de la Universidad de Baylor, analizó junto con su equipo los restos óseos de los cuadrúpedos mencionados, los cuales fueron encontrados en Kanjera Sur, Kenia, según la revista ScienceNews.
Las marcas halladas en los cráneos de estos animales revelan que el Homo erectus los abría con la ayuda de instrumentos de piedra para poder comerse los cerebros.
Según los investigadores, esta especie de homínidos, que habitó en el este de África hace aproximadamente dos millones de años, además de alimentarse de animales relativamente pequeños, también consumía los cerebros de antílopes y ñus que los grandes felinos no se comían.

El Homo erectus es un homínido extinto, que vivió entre 1.8 millones y 300 mil años antes de nuestra era. De acuerdo con los restos que se han encontrado, se sabe que era robusto y de talla elevada, llegando a medir hasta 1.80 metros de estatura. Otros hallazgos indican que también producía herramientas de piedra y probablemente dominaba el fuego.
El equipo de Ferraro también considera que esta dieta les proporcionó un aporte adicional de grasa y nutrientes, lo que les dio la energía extra para aumentar su capacidad física y recorrer mayores distancias, lo que finalmente hizo que su cuerpo y cerebro evolucionaran hasta adquirir un mayor tamaño.
Por su parte, el estudio también sugiere que desde entonces el Homo erectus no solo sabía cortar la carne con instrumentos de piedra, sino que además también tenía la capacidad para saber seleccionar los trozos más carnosos de sus presas.
No obstante, el antropólogo Henry Bunn, de la Universidad de Wisconsin-Madison, declaró que resulta difícil distinguir si los restos encontrados de ñus, antílopes y gacelas pertenecen a animales muertos durante una cacería o por acción de otros animales.
En caso de que los restos óseos sean producto de la carroña, el consumo de cerebros podría obedecer más a eventos fortuitos que a estrategias de cacería de los homínidos, por lo que Bunn admite que hay que ser cauteloso con estos nuevos datos.





