
Ciudad de México, 24 julio (SinEmbargo).- El pasado 18 de enero Claude Nobs moría en Suiza. Se iba con él un personaje fundamental para el jazz moderno, creador como fue en 1967 del famoso Festival de Jazz de Montreux, un escenario por donde pasaron figuras de la talla de Miles Davis, Nina Simone, David Bowie, Nusrat Fateh Ali Khan y Carlos Santana, entre otros.
Nobs falleció a consecuencia de las heridas sufridas en un accidente mientras practicaba esquí de fondo, tenía 76 años y su partida dejó un hueco importante en la música del mundo, sumado a la incógnita de cuál será el futuro artístico del encuentro.
Si, tal como quería su creador, la improvisación y la libertad musical serían los paradigmas del festival para el siglo XXI o si, por el contrario, se regresaría a una esencia más conservadora, para consuelo de los puristas.
La dirección del Festival fue confiada a uno de los colaboradores más cercanos de Nobs, Mathieu Jaton, de 37 años, quien a pesar de prometer conservar los cambios que el fundador había puesto en marcha en el Festival, ha traído a la reciente edición (llevada a cabo entre el 5 y el 20 de julio) una programación más conservadora, donde el jazz, el blues y el intimismo fueron los protagonistas.

Las agencias internacionales destacaron la actuación de la canadiense Diana Krall, en la clausura, como la vuelta a cierta naturaleza fundacional.
Sin embargo, estamos hablando de una artista llena de talento, pero que a menudo ha sido muy criticada por lo que los cultores del género consideran una tendencia comercial y “popera” a cargo de la pianista y compositora que nada tiene de tradicional y conservadora.
Según los cables, la esposa de Elvis Costello “creó una atmósfera propia de las salas de fiesta y clubes de música de los ‘30”, con la interpretación en el inicio de tres temas de su nuevo trabajo, Glad Rag Doll.
Se trata de un disco que conocimos en el 2012 y que, para enervar aún más a quienes critican a Krall por explotar su físico para abrirse paso en el mercado discográfico, la muestran en ropa sensual, con liguero y pose provocadora en la portada, con un vestuario de Collen Atwood, plasmado en las sugerentes imágenes del fotógrafo Mark Seliger.

La sesión estuvo inspirada en las fotografías de Alfred Cheney Johnston, de las chicas de Ziegfel Follies, tomadas en los ’20, una época a la que le hubiera gustado pertenecer a Krall, “por su salvajismo”.
“Trabajé con Collen en la película de Johnny Depp sobre John Dillinger (Enemigos Públicos) y en el programa de televisión por el cumpleaños 81 de Tony Bennett. Ella entendió perfectamente lo que estaba intentando lograr con la elección del vestuario para el disco”, dijo Krall el año pasado.
Glad Rag Doll, precisamente, en el que Diana reinterpreta piezas de aquella época, es un álbum “de canción y baile”, un trabajo impregnado de las canciones que escuchaba de pequeña con su padre y a las que ha dotado de frescura y actualidad.
EN EL FESTIVAL DE MONTREUX
“We just couldn't say goodbye", "There ain't no sweet man that's worth the salt of my tears" y "Just like a Butterfly" fueron el primer plato con el que Krall, con un vestido negro largo y chaqueta de cuero, deleitó al público del abarrotado Auditorio Stravinski, en el marco del Festival de Montreux .
"Everything made for love", a la que Diana presentó como "una canción de bodas” especial, puesto que la mayoría habla de separaciones y divorcios, despertó risas entre el público.
Según un despacho de la agencia efe, el primer momento de éxtasis del concierto llegó con el clásico "Temptation", de Tom Waits, cuando una ingenua y espontánea Krall se dejó impresionar por los músicos que la acompañaban en el escenario.
El violinista Stuart Duncan y el guitarrista Aram Bajakian pudieron lucirse con este tema y arrancaron de forma repetida los aplausos de los espectadores.
Tras la tormenta llegó la calma, se marcharon los músicos, se apagaron las luces, Krall se quedó sola con su piano y un gramófono que decoraba el escenario.
"Claude Nobs", dijo casi susurrando y le dedicó "What I'll do", de Irving Belin.
“A man need a maid", de Neil Young, y "A single twist fate", de Bob Dylan, trajeron de nuevo a los músicos al escenario y levantaron el furor del público.
LA PASIÓN POR LOS CLÁSICOS
Con estos temas y otros de Nat King Cole, Krall demostró que siente pasión por los clásicos, por aquellos temas que homenajean a las viejas leyendas del jazz y que tan bien le sientan a su voz limpia y profunda.
Y es que a pesar de que en su nuevo disco haya querido huir de los estándares del jazz y la bossa nova, que la han convertido en una superventas, no quiso que su público los echara en falta en el Festival del Jazz por excelencia.
[youtube jR0zEIqq4ek]Krall, en su continua charla con el público, mencionó a sus gemelos de seis años, que la acompañan allá donde ella vaya, para interpretar la última canción del concierto, "Prairie Lullaby", una nana que canta a los pequeños "aunque ellos estén aún saltando en la cama, son niños".
Nacida en el seno de una familia de Nanaimo, Columbia Británica, Diana Krall inició su viaje musical durante su niñez. Mientras su made cantaba en la iglesia de la localidad, su padre, un pianista dotado con un extenso conocimiento del jazz, poseía una enorme colección de discos que la introdujo a muchos de los grandes del género.
“Estuve inmersa en la música mientras crecía. Fue en esa época cuando escuché por primera vez a Fats Waller, Bing Crosby y Louis Armstrong. Me conecté con la música a tal nivel emocional que no fue algo así como: “esto es lo quiero hacer” sino “esto es lo que tengo que hacer”, dijo la artista.





