Ciudad de México, 8 septiembre (SinEmbargo) El actor y productor estadounidense Mark Walhberg contó con semblante apesadumbrado y buscando compasión en el público reunido en el programa de Graham Norton, lo difícil que era para él borrarse los numerosos tatuajes que se había grabado en el cuerpo durante su juventud.
Las sesiones son muy dolorosas y para Mark representan una oportunidad de poner a prueba todo su estoicismo, además de permitirle mostrar a sus niños, a quienes lleva al tratamiento, la mala idea que al final resulta adscribirse a la moda de los tatuajes.

Reflejo de un impulso irrefrenable muchas veces, los expertos aconsejan contar hasta 10 antes de dejarse clavar el punzón en el brazo o en el glúteo. Aunque están, claro, los tatuadores que defienden su chamba y aseguran que los tatuajes son un pasaporte a la felicidad.

Hay un reality de tatuadores, Ink Masters, donde los “artistas” compiten por su mejor grabado, pero también hay un reality donde, para horror de muchos y risita sádica de otros, se dan a conocer los tatuajes más horribles de la historia.
Si uno cierra los ojos y piensa en un tatuaje que se le haya quedado grabado en las retinas, sin duda aparece el de Mike Tyson, esa grafía tribal que le atraviesa el rostro y que fuera objeto en 2011 de una demanda interpuesta por el tatuador Victor Whitmill, responsable del dibujo, quien trató de impedir sin éxito que se mostrara en la película The Hangover.
TATUAJE SÍ, BUDA NO
Más allá de adeptos y de críticos acérrimos, el tatuaje implica de todos modos un ejercicio casi extremo de libertad individual de los nuevos tiempos. Tal vez sin quererlo represente la derrota social de una gran masa de ciudadanos que en la era tecnológica ha renunciado a liberar pueblos oprimidos y por el contrario opta por dejar signos estrambóticos en sus glúteos.
Como fuere, no siempre se puede tatuar lo que uno quiere, al menos en Tailandia, donde el gobierno prohibió a los turistas extranjeros hacerse tatuajes budistas por considerar la práctica ofensiva, atendiendo así las quejas de muchos tailandeses que consideran una herejía que los viajeros se graben imágenes sagradas y símbolos religiosos.

En ese sentido, cuando se trata de signos orientales, los más comunes en este asunto, no siempre sabemos a ciencia cierta los estandartes que portamos en la piel. Hay otras, en donde un error tipográfico resulta la peor de nuestras pesadillas, como le pasó a un fan del Liverpool, quien quiso llevar por siempre en el antebrazo el nombre de su ídolo futbolístico, Kolo Touré.
La falta de pericia del tatuador inscribió la leyenda “Kolo Touro”, un hecho que llegó a oídos del mismísimo defensor marfileño, quien para compensar el desastre le ofreció a su fanático conocerlo personalmente.
UN EJERCICIO NO TAN SANO
En el tema de los tatuajes es importante ser muy cuidadoso con las normas higiénicas, sabido como es que el uso de herramientas infectadas puede propiciar la contracción de enfermedades como el Sida o la Hepatitis C.
De hecho, se calcula que en México poco más de un millón de hombres y mujeres, entre 30 y 70 años de edad, padecen Hepatitis C, pero sólo una tercera parte recibe tratamiento oportuno y tiene posibilidad de curación, aunque si la enfermedad es detectada a tiempo tiene muchas posibilidades de eliminarse.
Una “enfermedad” muy común es la que ocasiona el tatuaje de un ex amor, esas huellas del ayer que intentamos de todas las maneras sacarnos de encima.

¿Qué le pasa por la cabeza a alguien que se hace un tatuaje de la persona amada? Quizás no le pasa nada y son otras partes del cuerpo las que accionan a la hora de emprender tamaña aventura.
No es que esté mal que uno quiera perpetuar las huellas del novio o de la novia, pero al hacerlo uno tendría que aceptar que, pase lo que pase, el dibujo estará allí para siempre.
Considerando lo poco que duran las uniones matrimoniales en los tiempos que corren (el ejemplo Kim cunde y las parejas se han vuelto “tan Kardashian”), eso de tatuarse los signos vitales del querido habría que pensárselo al menos dos veces.
La actriz estadounidense Eva Longoria no se lo pensó mucho cuando moría de amor por el basquetbolista francés Tony Parker y ahí la vemos, con el número de la camiseta de su ahora ex marido grabado en la parte posterior del cuello.
Los tiempos cambian, los amores se terminan y la protagonista de Esposas desesperadas, muy enamorada actualmente del empresario Ernesto Argüello, intentó por todos los medios quitar de su cuerpo las huellas de Parker.
Primero siguió un tratamiento con láser que no dio resultado y luego asistió a una clínica famosa de Beverly Hills para borrar ese 9 (nine) maldito que le recuerda a un esposo infiel, a un matrimonio fallido.

No es el único tatuaje relacionado con Tony que tiene la bella y pequeña Eva, también lleva grabada la fecha de su casamiento con el jugador de los San Antonio Spurs: 7 de julio de 2007.
MEGAN SIN MARILYN
En el programa de Jay Leno, la actriz y modelo Megan Fox hizo una confesión que dejó pensando a los adoradores de los tatuajes: vivió una experiencia más que dolorosa cuando decidió quitarse el dibujo que tenía en homenaje a Marilyn Monroe.
Es difícil no pensar, cuando uno observa a una persona excesivamente tatuada, cómo se verán esos dibujos que hoy lucen sensuales y muy a la moda, el día que la susodicha llegue a la tercera edad.
Vamos a tener que acostumbrarnos a mirar la arrugada piel de los ancianos poblada de signos y garabatos, porque el tatuaje es cada vez más frecuente en gente de toda laya.
Megan tiene aproximadamente nueve tatuajes, una práctica que comenzó cuando la morena tenía 19 años y no escuchaba la advertencia de quienes le decían que tarde o temprano se iba a arrepentir de grabarse a perpetuidad.
Y así pasó.

“Pensaba que me iba a gustar siempre, o eso es lo que quería, que los tatuajes fueran como el libro de mi vida y que simbolizaran lo que me gustaba cuando era joven. Pero no fue así realmente”, dijo la ex protagonista de Transformers, película de la que fue despedida por orden del productor Steven Spielberg.
Cuando Scarlett Johansson apareció deslumbrante en la alfombra roja de Londres, donde se llevó a cabo la premiere de Los vengadores, lució un original vestido de Prada en rojo y azul, el pelo rubio recogido y un nuevo tatuaje en su muñeca derecha, el singular homenaje que la actriz quiso regalar a su ciudad natal.
El tatuaje de la estrella simula ser una pulsera de la que se desprende un colgante que muestra la leyenda: I love NY.




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