
Ciudad de México, 22 de octubre (SinEmbargo).- Por lo general no sentimos empatía por los "chicos malos" del mundo -desde dictadores tiránicos a los villanos de Disney, pasando por némesis personales. Sin embargo, un nuevo estudio realizado por investigadores estadounidenses reveló que a pesar de las implicaciones morales que esto implica, no es necesario sentirse mal por las personas que no nos resultan simpáticas ya que nuestro cerebro se enfoca más en ellos que en las personas "buenas" que sufren.
¿De qué manera, observar sufrir a una persona odiosa se compara a atestiguar a una persona querida en la misa situación? Esto se pregunta el estudio que comparó las bases cerebrales de la forma en la que el ser humano percibe a las personas que le agradan cuando estas sienten dolor con la de ver pasando por un mal rato a las personas que odia.
"Cuando ves una película de acción y el malo de la película parece ser derrotado, el momento de su fallecimiento nos llama la atención intensamente", dice Lisa Aziz-Zadeh, del Instituto del Cerebro y la Creatividad, del Colegio Dornsife de Letras, Artes y Ciencias en la Universidad del Sur de California (USC). "Lo observamos de cerca para ver si él está realmente fuera de combate, porque esto es fundamental para predecir su potencial de retribución en el futuro", agrega la investigadora sobre la fascinación que despierta el castigo del villano en la humanidad.
Si bien, los lazos sociales se construyen a través de compartir el sufrimiento y el dolor de los demás en nombre de la empatía, el hecho de ser testigo del sufrimiento de una persona odiosa también tiene muchas ramificaciones potenciales y demuestra, sobre todo que nuestra mente experimenta una sensación de gozo con la desgracia ajena.

Según publicó la revista científica Frontiers in Psychology la investigación llevada a cabo por científicos de la USC demuestra que determinadas áreas del cerebro, aquellas dedicadas al placer, se activan cuando vemos a una persona que odiamos atravesar un mal momento.
Estos datos indican que las regiones del cerebro activas mientras se observa a alguien que sufre pueden ser más activas en respuesta al peligro o al presenciar el dolor de una persona antipática, aún más que el deseo de identificarse con el dolor de una persona agradable.
La prueba se realizó tras seleccionarse a 19 voluntarios con raíces judías, a los cuales se les analizó mediante resonancias magnética (fMRI), al mismo tiempo que se les mostraba un video donde aparecían una serie de actores que interpretaban a un grupo de neo nazis y otro grupo que interpretaban un estereotipo de personas amigables y simpáticas.
Tras ser mostrado el elenco, en el video aparecía el grupo de extremistas siendo sometidos a toda clase de torturas entre las que figuraba el que sus manos fueran pinchadas con alfileres.
Durante estos momentos de violencia actuada fue cuando a los investigadores pudieron observar que a los voluntarios de origen sefardí mostraban mayor actividad en el área del cerebro conocida como cuerpo estriado, dedicado a las sensaciones de recompensa, y las áreas encargas de la observación del dolor físico (la corteza insular, la corteza cingulada anterior y la corteza somatosensorial).




