
Madrid, 14 nov (dpa) - Esquivar mondas de frutas, plásticos, botellas rotas y otros restos es ya una actividad normal en el centro de Madrid, convertido en una carrera de obstáculos hediondos por una huelga de limpieza de calles que hoy llegó a su décimo día con montones de desperdicios esparcidos y acumulados en las aceras.
"A mí el miedo que me da es que empiecen a salir ratas", dice a dpa María José, una peluquera que vive en el céntrico barrio de Malasaña, conocido por sus bares y su ocio nocturno, y que tiene su negocio en una calle perpendicular a Atocha, en otro de los barrios más céntricos de Madrid y también más castigados por la mugre.
"Ahora mismo vivo y trabajo entre basura", dice. Tal es la situación, que algunos aseguran tener que limpiarse con esmero los zapatos al llegar a casa. Tras diez días de huelga, el olor a basura acumulada comienza también a aparecer.
"Esto está hecho un asco y alguien tiene que poner orden", sostiene Esteban Benito en Chueca.
En ese famoso barrio, feudo de la comunidad homosexual, los vecinos han decidido ponerse manos a la obra y convocar a una acción de limpieza que saque de las calles toda la basura posible. "Limpiaremos lo que podamos, porque no somos profesionales", explica Benito, presidente de la Asociación de Vecinos del barrio.
En Chueca, como en Malasaña, la acumulación de basura es aún mayor que en otras zonas de la ciudad, ya que a la huelga de limpieza se une el tradicional rastro de los grupos de jóvenes que quedan en sus calles y plazas para beber alcohol -el conocido "botellón"- y los miles de folletos publicitarios y carteles de discotecas y bares que acaban a merced del viento por las noches.
"La huelga de limpieza ha agravado un problema que los vecinos de centro venimos padeciendo desde mucho antes", sostienen.
Tal es la situación, que uno de sus rincones se ha convertido en símbolo de la situación de suciedad extrema que atraviesa la principal ciudad de España como consecuencia de la huelga de barrenderos, la respuesta de estos trabajadores a los despidos en masa anunciados por las empresas de limpieza que el ayuntamiento de la capital tiene contratadas para mantener en orden las calles.
Tres contenedores de reciclaje -papel, envases y cristal- en la conocida calle de Augusto Figueroa, rodeados de una gran acumulación de basura que casi corta ya el paso a los viandantes, son fotografiados hasta la saciedad, una imagen ampliamente difundida en las redes sociales.
"Ante la pasividad del Ayuntamiento, este domingo los vecinos de Chueca salimos a limpiar la porquería de nuestras calles", reza la convocatoria que hizo hoy la Asociación de Vecinos del barrio.
"Será una acción simbólica, en la que aportaremos nuestras escobas, bolsas de basura y un poco de nuestro tiempo para mejorar en lo posible una situación que ya se hace insostenible", señala.
El domingo a mediodía esperan reunir a algunas decenas de personas en la plaza principal para desde allí extender su acción de limpieza por las calles del barrio.
Algunos, sin embargo, confían en que la situación haya mejorado para entonces, tras el ultimátum que la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, del conservador Partido Popular (PP) de Mariano Rajoy, dio el miércoles a las empresas contratadas por el consistorio para la limpieza viaria. Si antes del sábado no hay acuerdo entre trabajadores y empleadores, el ayuntamiento asumirá el control directo de los servicios mínimos contratando a una empresa pública.
Los servicios mínimos decretados por el ayuntamiento no se cumplen en todos los casos, según el consistorio. Los trabajadores empleados en ellos salen además a barrer escoltados por la policía municipal, para evitar presiones de unos piquetes que también vuelcan papeleras y cubos de basura para agravar más la situación.
"Se están ganando la indignación de los vecinos, en lugar de su solidaridad ante el conflicto laboral en curso", dicen en Chueca quienes el domingo pretenden salir a adecentar las calles.
La de la asociación de vecinos de ese barrio es la primera acción coordinada por parte de los ciudadanos en esta huelga. Pero desde hace días es frecuente ver a comerciantes del centro de Madrid barriendo las aceras a las que dan sus comercios. "Si además de por la crisis económica la gente deja de venir a comprar por la incomodidad de la basura acumulada, apaga y vámonos", dice la dueña de una mercería de la calle Atocha, escoba en mano.




