No dejaba de asombrarnos que en el Kama Sutra de piedra de los templos de Kajuraho surgiera la vida interior del erotismo. Y en una serie de esculturas pudiéramos ver, en la sonrisa de los amantes, ese momento en el que lo más suave de ti se confunde con lo que más aprieta y el lenguaje del amor se vuelve distinto adentro que afuera.
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