Hace ya más de 18 años que vine una vez con una maleta de ropa para invierno y otra maleta de ropa para verano. En el medio, se murió mi madre, se murió Luis Alberto Spinetta; creo que River salió campeón alguna vez y fue el 26 de junio de 2011 cuando mi equipo se fue a la b.
Tenía 30. Hoy tengo 50. He pasado horas difíciles, pero en general he sido muy feliz en México. Siempre ligada a Argentina, porque de allí soy y supongo que cuando ya esté vieja allí volveré. No lo sé. Cuando uno se exilia no sabe si regresará o si algún día, lejos de la familia, el corazón se para y adiós.
He vivido varios terremotos, pero nunca como el 19 de septiembre, hace apenas cinco días y que todavía me tiene demudada, alelada, como si la pared otra vez me fuera a estampar contra mí misma.
Veo a la gente desesperarse, veo a la gente ir y venir solidariamente y pienso: ¿cómo sería este temblor en algún país como Argentina, como Suiza?
“Se lo merecen, por ser suizos y argentinos”, me dice un amigo en broma, pero en el fondo está queriéndome decir aquello que de vez en cuando escuchamos: nadie te manda algo si no lo vas a poder soportar.
Nadie o Dios. Porque más allá de estos políticos que tardan en aparecer, de estos periodistas institucionales, tan fruto del poder, está la fe, está la vida misma. Pienso: pronto festejaremos y tomaremos tequila y alguien bailará un danzón, un rock o un tango, porque en este asunto de México y Argentina son muchas las ligazones que hay. Allí, en Buenos Aires, muchos estudian en la UBA, algunos van y vienen porque aman la ciudad de Borges, el monumental de River, la bombonera –ejem- de Boca y acá amamos las tortillas, los tacos de pastor y la cerveza (¡Esa cerveza!), tan mexicana.
Hace ya ocho años que vivo en La Peralvillo. Hace poco intentaba irme a La Roma, pero algo me dijo: -Quédate aquí, los libros, los discos…¡una mudanza! Todo lo que hice fue caminar mucho el día del terremoto. Volví a mi casa, que es una mole, un lugar de limoneros y naranjales, un sitio desde donde se ve el cielo y desde esa ventana me digo, haces bien en vivir aquí. México siempre en pie, abrazándote, tan generoso.
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