Susan Crowley

La politización del sacrificio humano

31/01/2026 - 12:03 am

"Los sacrificios humanos no tendrían que ser juzgados fuera del contexto histórico y cultural al que pertenecieron. Los demás es hacer política".

Recientemente, en su libro Grandeza, Andrés Manuel López Obrador consideró necesario negar la existencia del sacrificio humano entre las culturas mesoamericanas. Un alegato que tiene el propósito de reivindicar el valor de los pueblos originarios tras la descalificación que estas culturas sufrieron a manos de los conquistadores. Una tarea necesaria, sin duda, pero no por esta razón. La diatriba en contra de los sacrificios humanos es un cuestionamiento moral que, paradójicamente, responde a una visión europeizante. El valor de estas culturas con sus sacrificios incluidos es inconmensurable; habría que aprender a leerlas como lo que son y a reconocer su legado sin juicios morales que no les corresponden.

Los rituales de sacrificio humano fueron parte fundamental de muchas culturas desde el origen de la civilización. Es la manera en la que los pueblos han retribuido a sus dioses los favores recibidos. Muerte, enfermedades, fenómenos naturales, eran presagios que anunciaban la destrucción del mundo; durante siglos, requirieron de la ofrenda que puede devolver el equilibrio cósmico; y no hay mayor ofrenda que la propia vida.

El encuentro entre dos culturas, siempre ha generado crisis. Un invasor va en busca de algo, normalmente de riqueza y de dominio y suele actuar con absoluta incomprensión respecto a quienes considera inferiores. Si el invasor fuera capaz de asumir el valor de otras civilizaciones, la diversidad sería un valor y no una afrenta.

Si nos adentramos en los universos primigenios de las culturas no occidentales y somos capaces de entender su riqueza, no podríamos considerarlas “retrasadas” y respetaríamos su derecho a la identidad. Pero la historia es la lucha entre unas y otras cosmogonías. La imposición del más fuerte, de su forma de ver el mundo ha generado palimpsestos que también hoy son considerados culturas relevantes. No debemos menospreciar el aporte que se produce cuando dos mundos se encuentran.

Es muy difícil apreciar a una cultura originaria y entenderla a plenitud. Incomprensión, espanto y cancelación han sido la forma de juzgarlas. Sabemos que muchas de nuestras tradiciones fueron interpretadas por los europeos de una manera errónea.

Si revisamos la historia del mundo, encontraremos una enorme diversidad en la práctica del sacrificio humano como vía de purificación y salvación. En Grecia, uno de los mitos más antiguos narra cómo Cronos devoró a sus hijos para no permitir que el tiempo transcurriera. En la época arcaica, el más grande amor a la vida, era morir en plenitud. Los jóvenes espartanos consideraban un valor espiritual embellecer y fortalecer sus cuerpos. Renunciaban a la vida de comodidades y se entregaban al ejército. Morir joven en la guerra era un honor.

Aunque el sacrificio humano no estaba generalizado, se han encontrado restos de cuerpos en altares a Zeus. El más célebre sacrificio en Grecia es descrito en un mito. Dedicado a Artemisa para apaciguarla y conseguir vientos favorables durante la guerra de Troya, Agamenón sacrificó a su hija Ifigenia, desatando una de las tragedias más conocidas de la tradición clásica.

Morir para acompañar a la otra vida a un ser de alto rango fue un ritual aceptado en Ur. En Abydos, dentro de Egipto se encontró el mausoleo del faraón Horus Aha con treinta y seis tumbas anexas de sus sirvientes sacrificados para acompañar a su señor al más allá. Los cartagineses, enemigos eternos de Roma, sacrificaban a niños pequeños para pedir beneficios a sus dioses en las guerras.

Los vikingos colgaban a humanos y animales de las arboledas para producir un contacto con lo sagrado; elegían personas de menor rango y sólo lo hacían cuando las penurias los agobiaban. Para calmar a Taranis, Dios al que se atribuían tempestades y tormentas, los celtas degollaban o quemaban en una pira a sus víctimas.

África también creyó en el sacrificio humano. En Benín se encuentra un templo con la tumba del rey Ghezo y sus cuarenta y dos esposas. Ya era 1858 cuando las mujeres aceptaron ser enterradas vivas como sacrificio. Antes bebieron un elixir que les haría más fácil el proceso.

Uno de los sacrificio más espectaculares y mediáticos de la historia, fusión de arte, política y vida, conocido como Seppuku (haraquiri de los hombres), fue el que llevó a cabo el gran escritor japonés Yukio Mishima. Tras un fallido golpe de estado, dentro del palacio real, él y su ejército se suicidaron delante de periodistas y cámaras de Televisión. La idea, restaurar el honor tradicional y criticar la occidentalización de Japón. Mishima revivió la tradición samurái cortando su abdomen con una espada; fue decapitado por uno de sus seguidores.

Si bien la Biblia condena los sacrificios humanos, narra el más conocido de la historia. Aunque fue sólo un intento; Abraham obedece a Dios que le pide la inmolación de su hijo Isaac como prueba de fe.

La recreación de un ritual pagano de la Rusia antigua se ha convertido en una de las obras musicales más fascinantes gracias al compositor Igor Stravinsky. Ritmo, danza, éxtasis, La consagración de la primavera es el sacrificio de una virgen que baila hasta morir para aplacar a los dioses.

También en India, China, las islas Fidji y el reino Nubio entre otros, el sacrificio humano fue un ritual arraigado. En Mesoamérica y Perú era el más alto de todos los conocimientos, una acción en honor a sus dioses. En medio del bullicio y embriagados por el fuerte olor de los sahumerios, los pechos de las víctimas eran ofrecidos. La sangre que corría era la representación de la divinidad, así se garantizaba el ciclo solar. Para los mexicas el sol era el arquetipo que contenía la fuerza de la vida. La sangre, el espejo terrestre. La herida que mana de un cuerpo, la posibilidad de dar continuidad al flujo vital. Erotismo que cobra sentido por la muerte, Eros y Thanatos se encuentran en la determinación del cuerpo sacrificado.

Entre los incas también hay registro de sacrificios humanos. Los hijos pequeños de los nobles eran los elegidos. El ritual se realizaba en sitios lejanos de bajas temperaturas considerados sagrados. Sedados con chicha (maíz fermentado) y hojas de coca, morían de hipotermia. Momificados, eran envueltos en ricos textiles y ofrendas de oro y plata. Es histórico el aumento de sacrificios durante el fenómeno ambiental del Niño.

Desde el punto de vista del artista y pensador francés Antonin Artaud el sacrificio no debe ser visto como violencia sádica, sino como una necesidad metafísica y un rigor cósmico. Su sentido consiste en regenerar la vida. En su viaje a México, influenciado por la cultura tarahumara, se compenetró con el sacrificio como un ritual de paso para destruir la identidad recibida y rehacerse a través de la muerte y la transformación espiritual. No es la sangre derramada, sino una “sangre que ilumina”. Para eso propuso el teatro de la crueldad como el simulacro del sacrificio metafísico que libera las fuerzas naturales primigenias.

El encuentro de los hombres europeos con los nativos americanos fue un choque de civilizaciones. El ansia de oro y plata, logró una justificación, había que acabar con aquellos pueblos incivilizados, era una lucha contra el demonio. El sacrificio humano debía ser abolido. Curiosamente, no tuvieron empacho en utilizar el máximo acto de sacrificio de la cultura occidental, el de Cristo por las almas de todos nosotros, “fundamento de la redención humana”. Documentado como un acto de canibalismo y barbarie, el espanto de los civilizados delante de seres primitivos les permitió cometer todo tipo de crueldad y abusos.

Los sacrificios humanos no tendrían que ser juzgados fuera del contexto histórico y cultural al que pertenecieron. Los demás es hacer política.

@Suscrowley

Susan Crowley

Nació en México el 5 de marzo de 1965 y estudió Historia del Arte con especialidad en Arte Ruso, Medieval y Contemporáneo. Ha coordinado y curado exposiciones de arte y es investigadora independiente.... Ver más

MÁS EN Opinión

MÁS EN Opinión