Jorge Alberto Gudiño Hernández

Palabras difíciles

01/02/2026 - 12:01 am

"La posibilidad de incorporar nuevas palabras a mi vida me entusiasma. Todos podemos encontrar en un libro de ésos palabras que ignoramos".

Palabras difíciles
Jóvenes reciben un paquete de libros de la colección "25 para el veinticinco". Foto: Mario Jasso, Cuartoscuro.

Le pasó a un compañero profesor tras dos semanas de clases este semestre. Una alumna, arrogada con el poder entero de la clase, le hizo saber que no habían entendido mucho de lo que él había explicado. Mi colega preguntó por qué, pensando que había algo mal en sus métodos didácticos o que, quizá, estaba siendo confuso por alguna razón no identificada. “Porque usa palabras muy difíciles”, fue la respuesta de la alumna. El resto de la clase asintió.

He asistido a muchos clubes de lectura y la mayoría son maravillosos. Suelen ser lectores entregados a quienes reúne el simple gusto por las palabras. Sin embargo, también conozco alguno en el que se quejan de ciertas novelas porque tienen “palabras difíciles”, de “ésas que se tienen que buscar en el diccionario”.

A mí me ha pasado, por supuesto. Cuando platico con un especialista en un tema que me queda distante, de pronto se aparecen términos que no me quedan claros. Al menos, no en la acepción que se está utilizando. Y no me refiero a la jerga médica o legal, sino a palabras más o menos comunes que no están dentro de mi campo de conocimiento.

También me sucede con las novelas y con los libros que leo. Más allá de un nuevo concepto explicado en un libro de divulgación científica que se puede incorporar de inmediato a mi vocabulario, cada tanto aparecen palabras desconocidas en el relato en turno. Algunos provienen de la época donde se sitúan los personajes o del oficio de los mismos, por dar un ejemplo; pero la mayoría surgen del buen uso del lenguaje que tiene el escritor.

En ambos casos, disfruto la experiencia. La posibilidad de incorporar nuevas palabras a mi vida me entusiasma. Sobre todo, si no es una adición como de diccionario. Todos podemos encontrar en un libro de ésos palabras que ignoramos. El asunto radica en sumarlo a nuestro vocabulario y, en consecuencia, a nuestro mundo.

En el caso del colega profesor, parece lamentable la queja de sus alumnos. Yo creo, sinceramente, que la universidad debe ser difícil (aunque, cada vez resulta más sencilla) y que, al igual que con los libros, es un privilegio toparse con personas que dicen las cosas de una forma en que nosotros no las comprendemos. Más aún, pues en ese caso, es una de las bases del sistema de aprendizaje. Incorporar esas “palabras difíciles” nos acerca a la posibilidad de adquirir ese conocimiento.

Wittgenstein dijo “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. No se refería sólo a la acumulación de palabras o a la ampliación de vocabulario, sino a la expansión plena del lenguaje. Hacerlo implica no sólo saber más sino estar en condiciones de entender mejor. Renunciar a ello implica constreñir nuestro mundo hasta una pequeña burbuja que, por muy cómoda que sea, está vacía de significados.

Una analogía incompleta bien podría relacionar este planteamiento con la alimentación. Los niños prefieren comer golosinas y comida chatarra a ciertas preparaciones nutritivas. Sólo que unas hacen bien y las otras no. Eso sí, cuando se come saludablemente, no está excluido el placer de los azúcares las harinas o las grasas. De igual modo, quien usa “palabras difíciles” también puede utilizar las fáciles. En sentido inverso resulta imposible.

Jorge Alberto Gudiño Hernández

Jorge Alberto Gudiño Hernández es escritor. Recientemente ha publicado la serie policiaca del excomandante Zuzunaga: “Tus dos muertos”, “Siete son tus razones” y “La velocidad de tu sombra”. Estas nov... Ver más

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