Susan Crowley

La semana del arte, cada uno su Maco

07/02/2026 - 12:03 am

"No se pueden negar las bondades que genera cada edición Zona MACO. El derrame cultural, económico y social de esta semana del arte se nota".

Una feria, de lo que sea, zapatos, ganado, relojes, tiene un fin, comerciar el producto que exhibe. Zona MACO vende arte. Lo que inició como una pequeña propuesta para venta de arte contemporáneo hoy atiende a un mercado creciente que le ha llevado a construir una sólida estructura académica, cultural y social. Art Week, se ha convertido en un referente: desde el desfile de frivolidad y esnobismo que muchos detestamos, hasta un proyecto que ampara el conocimiento, la investigación y exhibición de lo mejor del ser humano, el quehacer artístico.

Es cierto que en esta semana abundan los diletantes del arte (improvisados, curiosos, gandallas, pretenciosos, socialités sin nada mejor que hacer) que recorren ferias, museos y espacios sin apenas ver lo exhibido. Muchos de ellos esperan con ansia los eventos nocturnos, que rebasan la capacidad permitida por protección civil. A pesar de la masificación, que en mucho se debe a la promoción en redes, la feria es un contenedor para la diversidad: exposiciones, ideas compartidas, formas de aquilatar el pensamiento, aprendizaje, inversión y, qué le vamos a hacer, pasarla mejor que aturdidos consumiendo en un centro comercial.

El Mundo del Arte es una cadena cuyo origen y sentido último es el artista, semilla primaria de la que dependen los otros sujetos del ecosistema.

Los críticos, pocos en nuestro país, analizan los valores estéticos, la trascendencia de una exposición y de un artista. Más que calificar o juzgar según su gusto o prejuicio, un buen crítico enriquece la percepción del objeto artístico. A veces densos y confusos, es cierto, sin embargo son esenciales para entender los discursos que subyacen en la obra.

Los galeristas son los impulsores del mercado del arte. Su objetivo es claro: vender. Pero un buen merchante es el que logra que la obra de su artista quede en un museo, fundación o en una colección importante. Su trabajo va mucho más allá que la enorme inversión en el stand de una feria. A lo largo del año trabaja afanosamente para sostener una empresa que paga impuestos, renta, seguridad, que genera empleo, y costos de montaje y promoción. En muchos casos, son mecenas y hasta nanas del artista. En las ferias deben afinar la vista para atrapar al próximo comprador y evadir a los que sólo vienen a pasar el rato.

Los asesores y consultores son reconocibles por su forma de caminar. Van pegados al coleccionista como si fueran guaruras evitando que se distraiga o sea robado por otro consultor o asesor. Aparte de los conocidos internacionalmente, proliferan los advenedizos que podrían vender maquillajes en una tienda. Hasta hace poco no tenían idea, van con actitud de expertos tanteando el mercado, el gusto del cliente. No tienen ninguna de las dos cosas claras.

Los artistas consolidados, algunos ya han sido adquiridos por un museo o fundación, son callados y parecen pedantes. Sabemos que prefieren que su arte hable por ellos. Tratan de mantenerse en la sombra, lo importante es la próxima serie de obras en la que trabajan que los mantiene en vilo.

Los estudiantes de arte de escuelas públicas y privadas, ávidos de contrastar ideas y de ser el próximo Basquiat. Pasan hambre para comprar un boleto y pagarse los chupes y estimulantes que exige estar de pie durante esta semana. Un triunfo, colarse en alguna de las inauguraciones que ofrecen tragos gratis. Desde que el FONCA los eligió y luego los abandonó, viven para quejarse de la Institución cultural. Estos días han dejado los formularios de la próxima beca a medio llenar para acudir a los eventos en los que pueden ser descubiertos. No han encontrado su estilo pero ya actúan como Warhol.

No pueden faltar los historiadores y profesores (a ese gremio pertenezco), exegetas que estudian toda su vida para fundamentar teorías, analizar el fenómeno artístico, crear vínculos profundos entre sus pupilos y el arte. No se cansan de encontrar frases rimbombantes para enarbolar el espíritu del artista y profieren exabruptos en contra de la estupidez. Son trinchera frente a la superficialidad de oportunistas e improvisados. Pero también son una especie en extinción debido a la cantidad de neo sabios que surgen todos los días en las redes.

Los funcionarios de cultura no acaban de entender qué es el arte contemporáneo; deben su puesto a otros méritos o a la mera ambición política. Tal vez mañana los encontremos de diputados. Quieren vacaciones, que les paguen los sueldos vencidos y se la pasan peleando con los sindicatos. Tienen la idea de que “cultura”, es el nombre de una secretaría y son incapaces de ver más allá de sus intereses sexenales. Sueñan con ser contratados por alguna institución privada; los directivos de esos museos, fundaciones, editores de arte, son la élite del sistema. Con todo, los museos públicos también tienen una oportunidad esta semana. Las actividades se han expandido a tal escala que abarcan exposiciones interesantes en sus precarias instituciones.

Los curadores son los magos y hechiceros de esta cadena. Verdaderos chamanes, hacen que el arte cobre vida a través de conocimiento y narrativa. Encabezan la lista de genios curadores, Guillermo Santamarina, Pablo León de la Barra, Michel Blancsubé, entre otros. Los mejores siempre sorprenden con su capacidad de renovar el lenguaje y ampliar y bordar nuevos discursos. Muchas veces con poco presupuesto y casi sin apoyo, logran fascinar.

Entre los coleccionistas están los serios, que también suelen ser mecenas. Toman decisiones de inversión a largo plazo. Su vida se rige por la cultura y el afán de trascender; por desgracia se trata de los menos. El coleccionismo de hoy está saturado de nuevos ricos que ven el arte como bluf. Su mal gusto coincide con muchos de los criterios de venta de las ferias, en nuestra ferias cada vez son más.

A veintidós años de su creación, no se pueden negar las bondades que genera cada edición Zona MACO. El derrame cultural, económico y social de esta semana del arte, se nota en la expansión lograda como inspiración para otras ferias como Material, Salón ACME, Clavo y otras que la utilizan como ancla. Gracias a la sinergia que genera, cada año se abren nuevos centros culturales y de exposición, estudios de artistas, talleres y residencias; es notorio el impulso que logra en instituciones públicas y privadas que con conversaciones, discusiones, conferencias, foros, seminarios que son fuente de investigación y actualización. Es la forma de conectar y hacer comunidad e impulsar un mercado más sólido cada año. Y no sólo eso, la derrama económica trasciende a través de fiestas, restaurantes, bares, antros, incluso boutiques de moda mexicana que prosperan a su amparo.

Zona MACO es perfectible, desde luego. En algunos momentos hace pensar en el éxito que alcanzó la FIL de Guadalajara que es considerada un fenómeno internacional. Experiencias interesantes de convergencia entre la actividad privada y la pública, sinergias que generan confianza y podrían ser referentes similares en otras áreas. Avis raras en un país desacostumbrado al trabajo constante que rinde frutos a largo plazo y en el que el gobierno y los empresarios no acaban de sentir la confianza de trabajar en conjunto. @Suscrowley

Susan Crowley

Nació en México el 5 de marzo de 1965 y estudió Historia del Arte con especialidad en Arte Ruso, Medieval y Contemporáneo. Ha coordinado y curado exposiciones de arte y es investigadora independiente.... Ver más

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