
Ciudad de México, 11 de abril (SinEmbargo).– Hay algo que usa siempre el argentino Diego Pablo Simeone y que no es estrictamente suyo. Se trata de su apodo, “El Cholo” y que debe en realidad a Carmelo Simeone, un volante de los ’50 del club Vélez Sarsfield.
Por tener el mismo apellido y proceder del mismo club primero lo llamaron “Cholito” y ahora es un rotundo “Cholo” adjudicado a este ex jugador nacido en Buenos Aires hace 43 años, el entrenador del momento, qué duda cabe.
Por si usted, que lee esta nota, no se enteró, el equipo que dirige, Atlético de Madrid, ha dejado afuera de la Champions al poderoso Barça y hoy pelea de tú a tú con los grandes del mundo, luego de cuatro décadas de vivir de las glorias pasadas, sin lograr levantar cabeza.
Diego Simeone fue nombrado director técnico del “Aleti” el 23 de diciembre de 2011. No era un desconocido para la institución rojiblanca, a la que perteneció como jugador en dos etapas (1994-97 y 2003-05).
Formó parte de la plantilla que conquistó el doblete de Liga y Copa en la temporada 95-96 y es uno de los grandes ídolos de la afición.
Como entrenador debutó en 2006 en el banquillo de Racing de Avellaneda y en 2007 conquistó el Apertura al frente de Estudiantes de la Plata. Posteriormente dirigió a River Plate, con el que fue campeón del Clausura argentino en 2008, pasando en 2009 a dirigir a San Lorenzo de Almagro, al que clasificó para la Copa Sudamericana.
En enero de 2011 dio el salto a Europa, salvando del descenso al Catania italiano, club que acabó firmando su mejor temporada en la Serie A.
En junio firmó de nuevo por el Racing de Avellaneda, al que llevó al subcampeonato del Apertura y la clasificación para la Copa Sudamericana ocho años después de su última participación.
SIEMPRE QUISO SER FUTBOLISTA
Su niñez en el gran Buenos Aires fue sólo futbol, una pasión que lo llevó a ser simpatizante del Racing Club a edad temprana y a renunciar a las fiestas y juergas de la adolescencia para poder estar siempre listo en los partidos que le tocaba disputar.
En varias entrevistas dejó por sentado que para él nunca fue un esfuerzo el deporte al que le dedicó la vida y al que también se aficionaron sus tres hijos, el primero de los cuales, Giovanni Simeone (de rasgos casi idénticos a los de su padre), ya es titular en River Plate. El segundo, Gianluca, juega en las inferiores del mismo club.

Siempre estuvo enamorado de su tocayo Diego Maradona, sobre todo cuando el Dios del futbol argentino despuntaba en el Nápoles y por admirar nunca dejó de verse en el espejo del defensor mundialista Daniel Alberto Passarella, aquel que entre otras cosas hiciera campeones a los Rayados del Monterrey en 2003.
La vida lo puso siempre frente a decisiones difíciles, como la que tuvo que tomar a los 19 años cuando lo llamaron para contratarlo del club italiano Pisa, sin darle más que 40 minutos para responder.
Sus padres estaban de vacaciones y su agente estaba en Italia. Primero dijo que sí, luego localizó a sus progenitores y a los tres días de aquella llamada presurosa ya vivía en Europa. Era verano, él llegó vestido con ropa de lana, propia del invierno argentino.
Hoy es un ciudadano más de Madrid, una ciudad que le hace recordar a Buenos Aires y que prefiere sobre Roma o Milán, sitios que conoce muy bien.
ENTREGA MÁS QUE TÉCNICA
De su juego dice no ser un futbolista técnico, aunque a entregado no le gana nadie. Para el especializado periodista argentino Juan Roberto Presta, el Cholo Simeone “siempre jugó con el cuchillo entre los dientes, esa fue su premisa y la que lo hizo ser un jugador imprescindible para la selección argentina en toda la década del 90”.
“Era un volante por derecha con mucha movilidad y con tesón para marcar. Agresivo en la marca y concentrado, fue el preferido de técnicos tan dispares como Carlos Bilardo, Daniel Passarella y Marcelo Bielsa.
Jugó 106 partidos en la selección Argentina (hizo 11 goles) y fue el primero en superar los 100 partidos con la albiceleste. Se fue muy joven a Europa por lo que se lo consideraba un "jugador europeo" muy profesional, concentrado y patrón del mediocampo.
Passarella, que le dio la capitanía, lo consideraba su técnico dentro de la cancha”, dice Presta, un destacado profesional del periodismo de deportes, quien entre otras cosas escribía la columna de Maradona en el periódico Tiempo Argentino, durante el Mundial ’86.
"El Cholo Simeone, cuando era jugador de la selección argentina, antes de un enfrentamiento contra Uruguay por las eliminatorias del Mundial del 98 dijo que ese partido había que jugarlo “ con el cuchillo entre los dientes”. Argentina sacó un buen resultado, empató en aquella ocasión con Uruguay en el Centenario.
Esa idea futbolística la llevó adelante como entrenador con suerte variada, pero con gran impacto en estos tiempos en los que conduce al encumbrado Atlético de Madrid", dice el periodista y escritor Juan José Panno, fundador de la escuela de periodismo TEA y DEPORTEA.
"Simeone es un gran motivador que convenció a dirigentes, simpatizantes y fundamentalmente a los jugadores de su club que se puede dar batalla a las grandes potencias futbolística de su país y de Europa con una gran concentración, una fuerte disciplina táctica y una entrega sin límites para potenciar las virtudes técnica de algunos futbolistas del plantel.
La combinación de esa fe inquebrantable, con una preparación física extraordinaria( gran mérito del uruguayo Oscar Ortega) le dieron al Atlético esa fisonomía de equipo duro, difícil, casi invulnerable cuando se planta con dos líneas de cuatro delante del arquero, para explotar al máximo la velocidad del contraataque", agrega.
EL ENTRENADOR POLÉMICO
Es verdad que ha sacado al Atlético de Madrid del hoyo y lo ha llevado a visitar el cielo, pero lo ha hecho merced a un estilo que muchos consideran demasiado defensivo, muy cerrado atrás y poco arriesgado en la delantera.
"Como Mourinho, como Helenio Herrera en otros tiempos, Simeone no se tienta con el brillo del “jogo bonito” (aunque tiene jugadores para intentar un juego más lucido) y se ampara en que los resultados acompañan. Fue un líder en los tiempos en los que jugaba en el Aleti, sigue siéndolo ahora como entrenador y va camino a convertirse en uno de los máximos ídolos del club. Siempre con el cuchillo entre los dientes", precisa Juan José Panno.
“Estudió como entrenador en Europa, pero su debut fue de apuro en Racing, donde volvió para terminar su carrera con la camiseta que más amaba.
Lo echaron a Guillermo Rivarola y había que jugar el clásico con Independiente. El martes "colgó los botines" a la mañana y a la tarde era "el mister" de sus excompañeros”, cuenta Juan Roberto Presta.
En Argentina salió campeón con Estudiantes y River. Como técnico en principio estaba muy influido por Bielsa y buscaba ser vertical. Llegó a jugar en Argentina con cuatro delanteros, que para un fútbol tan conservador como el nuestro era una revolución. Su gesto más clásico era ponerse los dedos en sus cabeza y les decía a sus jugadores "piensen".
Salió campeón y último con River y allí se fue al Atlético Madrid donde está haciendo historia (ya la había hecho como jugador). Otra de sus frases es "el sudor es lo único que no se negocia". Algo que demostró como jugador.
Sueña con ser técnico de la selección argentina y se le va a cumplir muy pronto el sueño. Quizás después de este Mundial”, agrega el periodista.
Para Simeone, “no ganan siempre los buenos, ganan los que luchan", ha dicho el mito viviente del Atlético, el club que aspira a completar la mejor temporada en sus 111 años de historia gracias a la receta que el famoso entrenador pone a prueba todos los días: humildad, corazón y contragolpe.




