
Ciudad de México, 29 de junio (SinEmbargo).- La guionista mexicana Paz Alicia Garciadiego, reconocida por los trabajos que ha hecho con su esposo Arturo Ripstein y el fallecido Premio Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez, fue reconocida en su país con la Medalla Salvador Toscano al Mérito Cinematográfico.
Fue el reconocimiento a una autora personal e independiente que no ha hecho más que reivindicar el oficio de guionista, uniendo cine y literatura en un capital artístico que incluye la factura de 15 películas, la primera de las cuales fue El gallo de oro, de Juan Rulfo.

El coronel no tiene quien le escriba fue probablemente la única vez que el Nobel colombiano Gabriel García Márquez pudo llevar al cine con buenos resultados una de sus historias. Protagonizada magistralmente por el mexicano Fernando Luján y dirigida por Arturo Ripstein, la película tuvo guión de Garciadiego y el propio Gabo.
"Recibo con mucha emoción este premio. Soy guionista. La profesión me eligió. Es lo único que sé hacer. EL guión vive fugazmente para que la película exista", dijo Paz Alicia al recibir su premio, en un discurso donde reivindicó la sustancia de un oficio “acostumbrado a las sombras”.
La Medalla Salvador Toscano es un reconocimiento que entregan desde 1983 la Cineteca Nacional de México y la Fundación Carmen Toscano a quienes contribuyen a la historia y evolución del cine mexicano y Paz Alicia Garciadiego es la tercera mujer que recibe la distinción.
Con motivo del reconocimiento se exhibirán del 1 al 16 de julio próximos 14 títulos en el ciclo "Paz Alicia Garciadiego" en la Cineteca Nacional de México.
UNA GUIONISTA Y PUNTO
"Pocos, muy pocos quieren ser guionistas y punto. Yo soy una de esas. Y quiero ser guionista porque creo fundamentalmente que el cine es arte y, por ello, la escritura del guión no puede ser un oficio mercenario y oscuro", dijo la escritora.

Autora de películas fundamentales en la historia del cine mexicano como La reina de la noche y Profundo carmesí, cree que el director de un filme es una especie de capitán de navío cuyo objetivo es arribar a un único puerto: la película.
"Tenemos que aceptar que el guión desaparece para que nazca la película, esa es la paradoja de nuestra profesión. Lo específico de mi oficio radica en que es necesariamente perecedero", afirmó.
"No elegí ser guionista, la profesión me eligió. Es lo único que sé hacer, es mi trabajo, mi quehacer, mi oficio, me encanta, es un lujo, mi lujo. Deseo a los compañeros del gremio que puedan, contra viento y marea, gestar universos de celuloide y construirse una carrera.
Los que escribimos cine podemos, queremos, debemos, aspirar al Arte, con mayúsculas, porque la creación está en el enamoramiento del autor por su obra, un amor obsesivo, absorbente, venenoso, peligroso; es gestar un universo y ahogarte dentro de él", destacó.




