El deseo de Ana, del director mexicano Emilio Santoyo, tuvo su estreno internacional en el mes de octubre en la Muestra Internacional de Cine de Sao Paulo, en Brasil. Su estreno nacional tiene lugar durante el Festival Internacional de Cine de los Cabos formando parte de la selección oficial. La cintá será presentada los días 14 y 15 de noviembre.

Ciudad de México, 13 de noviembre (SinEmbargo).– El deseo prohibido, la nostalgia y la familia se reúnen en la ópera prima del director mexicano Emilio Santoyo: El deseo de Ana. Un drama que se introduce hasta la intimidad de dos personajes y que forma parte de la selección oficial de “Mexicanos primero” del Festival Internacional de Cine de los Cabos que inicia este miércoles en Baja California Sur.

La vida de Ana (Laura Agorreca) transcurre sin contratiempos, casi en silencio en compañía de su pequeño hijo Mateo (Ian Monterrubio). Hasta que la tranquilidad de su cotidianidad se ve interrumpida por la inesperada visita de Juan (David Calderón), quien trae consigo incertidumbre, y la rutina de Ana se vuelca alrededor de él.

“El encuentro entre dos personas, Ana y Juan, que han perdido el contacto muchos años atrás. Cuenta cómo a través de este reencuentro ellos tienen que confrontar su pasado, los secretos que éste tiene con el fin de encontrar esta paz y esta tranquilidad que se les ha negado durante tantos años”, relata en entrevista para SinEmbargo el director Emilio Santoyo.

Para su ópera prima, Santoyo tenía la visión muy clara de realizar una película que le provocara tres sensaciones: el deseo prohibido, la nostalgia y la familia, y la historia que se ajustaba perfecto fue la escrita por la guionista argentina Gabriela Vidal, quien le ayudó a construir el guión que se pensó para poner un tema tabú como el incesto en la mesa.

“En México hay como una ‘tradición’ medio rica de películas con este tema y lo que nos propusimos como reto desde el principio fue contar una historia a partir de las cicatrices que estos personajes habían vivido durante su adolescencia y verlo reflejado a través de estas cicatrices, y de las consecuencias que tuvo esta relación, basada ahora en sus vidas, cómo no los ha dejado moverse”.

El objetivo principal fue narrar la historia con un tema tan complicado como lo puede ser el incesto sin juzgar a los personajes, y más bien introducirse hasta su intimidad para mostrar al espectador a dos personajes “adultos, conscientes y consensuales” tomando decisiones sin consecuencias dramáticas desde lo moral.

“No había que juzgar a nuestros personajes”_ Emilio Santoyo. Foto: Cri Rodríguez, SinEmbargo

El director cuenta para este diario que fue un gran reto romper esta “tradición” de que los personajes que viven con estas historias siempre paguen las consecuencias de sus actos con “el destierro, la locura o la muerte”.

“Había un punto de partida muy importante que era que no había que juzgar a nuestros personajes para intentar entender o empezar a comprender esta naturaleza humana y anular cualquier juicio moral, ése fue el reto desde el punto de vista narrativo, nunca juzgar nosotros con la narrativa, los encuadres, con la música, con los diálogos, a las personajes; independiente de si ellos se pueden juzgar o no, nosotros como realizadores o como guionistas no juzgarlos a ellos”.

Laura Agorreca y David Calderón protagonizan la cinta. Foto: Especial

Aunque el director está convencido que la temática de un filme no es obstáculo para su financiación, sí lo es respecto a la promoción frente a un público conservador como podría ser en su mayoría el mexicano, que aunque consume productos como narcoseries o películas con alto contenido de violencia, desecha la posibilidad de ver producciones con temáticas como lo es en este caso el incesto.

“Yo creo que el tener un tema tabú en una sociedad tan doble moralista como la nuestra, esta tradición católica arraigada en general genera inconformidad. Hay como una resistencia a hablar de ciertas cosas que podían parecer, como lo que la sociedad las considera, como malas o como incorrectas, pero de alguna manera tenemos esa facilidad de hablar de otras cosas como la violencia y tal, que están mucho más normalizadas”.

El deseo de Ana, producida por Valeria Ariñez y Araceli Velázquez, vio su nacimiento en festivales de cine como el de Guanajuato donde fue seleccionada en 2015 como Mejor Guión de Largometraje, y ahora llega después cuatro años a la selección oficial del Festival Internacional de Cine de los Cabos.

La importancia de este tipo de eventos que apoya al cine independiente es fundamental para que estos cineastas saquen adelante sus óperas primas desde que son sólo proyectos, financiamiento durante su desarrollo, y hasta que logren una mayor visibilidad en su promoción.

“Los festivales para películas como ésta, películas independientes, chiquitas, que tiene una perspectiva no tan positiva o esperanzadora desde el punto de vista del estreno comercial, los festivales son como nuestra manera de enseñarles la película y que el público realmente pueda conocer nuestro trabajo y juzgarlo les guste o no. Creo que es un espacio fundamental y súper importante, sobre todo ahora que cada vez la taquilla comercial está más centralizada en estrenos únicos”.

“Tenemos esa facilidad de hablar de otras cosas como la violencia”. Foto: Cri Rodríguez, SinEmbargo

El deseo de Ana tuvo su estreno internacional el mes pasado en la Muestra Internacional de Cine de São Paulo, en Brasil. En tanto, su estreno nacional tiene lugar durante el Festival de Cine de los Cabos junto a la selección de cintas como el Club Internacional Aguerridos, de Leandro Córdova; La paloma y el lobo, de Carlos Lenin; Mano de obra, de David Zonana; y Observar las aves, de Andrea Martínez Crowther.

“Me gustaría que la gente que viera El Deseo de Ana de alguna manera pudiera confrontar sus prejuicios, y entender que de pronto el hecho de amar a alguien que se supone no tengas que amar no está mal. O sea, la película al final trata de perdonarte a ti mismo, de aceptarte, y de alguna manera como esa relación que tienes ante tus propios prejuicios y de tu manera de ver las cosas como de manera blanco y negro. Quisiera que la gente vea la película y pensara qué está sintiendo, y si lo que siente le genera algo, no desde un punto de vista moralista, bueno o malo, quisiera que viera a estos personajes como lo que son: como dos personas que se necesitan el uno al otro”.