Los pueblos indígenas padecen las consecuencias de la injusticia histórica. Foto: Juan Karita, AP

…me desgarraron la lengua y no brotó / remedio, sino / palabra

Adriana Rodríguez Pinda[1]

1.

Imaginen la escena:

Estamos en 1532, el 16 de noviembre para ser más exactos, y en Cajamarca, en el norte del Perú. Somos testigos del encuentro entre Francisco Pizarro y el Inca Atahualpa; ambos llegan rodeados de sus hombres y se observan con desconfianza. Con el español va el padre dominico Vicente Valverde.

Allí, Valverde le exige a Atahualpa que renuncie a su religión y confíe en “el único dios verdadero”; para ello le da un ejemplar de la Biblia subrayando que ese libro “dice la verdad”. Y cuenta Guamán Poma de Ayala en su libro Primer nueva crónica y buen gobierno, escrito hacia 1615, que dijo Atahualpa, “Dámelo a mí el libro para que me lo diga”, al recibirlo se lo acercó al oído y al no escuchar nada, exclamó: “¿Qué, cómo no me lo dice? Ni me habla a mí el dicho libro.” Acto seguido aventó la Biblia a un lado.

Semejante gesto produjo gran escándalo entre los españoles quienes, según el mismo Guamán, y en el español del siglo XVII, “despararon sus alcabuses (…) y comensaron los dichos soldados a matar yndios como hormigas. . .”

El desencuentro entre dos culturas –una devota de la palabra escrita como la española y otra eminentemente oral- se transformó en violencia, en conquista feroz, en intentos de silenciar y borrar a los vencidos. La herencia es esta realidad nuestra marcada por la exclusión, la desigualdad, la pobreza, el analfabetismo, de los pueblos indígenas actuales; una modernidad nunca alcanzada de manera completa y terriblemente injusta. Que no se nos olvide: 187 millones de latinoamericanos viven bajo la línea de pobreza, 62 millones son “extremadamente pobres” por lo que sus ingresos no les alcanzan para comer. Y aunque el nuestro no es el continente más pobre (lo supera África), sí es el más desigual: solo el 1 por ciento de la población posee el 40 por ciento de la riqueza[2].

En esta realidad los indígenas son los más castigados: los 42 millones que viven en América Latina (el 80 por ciento se concentra en México, Guatemala, Perú y Bolivia) se enfrentan a barreras estructurales que limitan su plena inclusión social y económica. Los datos se agravan cuando nos referimos a mujeres o a niñas y niños.

En su informe sobre los pueblos indígenas del mundo, la ONU pone la “Injusticia perpetua” como primer punto:

Los pueblos indígenas padecen las consecuencias de la injusticia histórica, a saber la colonización, la desposesión de sus tierras, territorios y recursos, la opresión y la discriminación, así como la falta de control de sus propios modos de vida. Los Estados coloniales y modernos, en la búsqueda del crecimiento económico, les han denegado ampliamente su derecho al desarrollo. De resultas de ello, los pueblos indígenas suelen perder ante actores más poderosos y se convierten en los grupos más empobrecidos de sus países.

Así se cuenta en La visión de los vencidos:

Y todo esto pasó con nosotros.

Nosotros lo vimos,

nosotros lo admiramos.

Con esta lamentosa y triste suerte

nos vimos angustiados. (…)

Gusanos pululan por calles y plazas,

y en las paredes están salpicados los sesos.

Rojas están las aguas, están como teñidas,

y cuando las bebimos,

es como si bebiéramos agua de salitre[3].

2.

Todo esto viene a cuento por dos imágenes de los últimos días que me han golpeado. Ésta es la primera:

Foto 1: Bandera mapuche. Fotógrafa: Susana Hernández. Tomada por la autora de https://ciperchile.cl/2019/11/04/la-bandera-mapuche-y-la-batalla-por-los-simbolos/

Está tomada en Chile, el día de la manifestación de un millón de personas en las calles de Santiago. El detonador fue el aumento del costo del pasaje del transporte público, pero como bien dicen los que saben: No fueron los 30 pesos del boleto. Fueron los 30 años de neoliberalismo atroz.

En la foto, la bandera mapuche –Wenüfoye- flameando junto a la bandera de Chile es un símbolo de nuevos tiempos para viejas, muy viejas, luchas. La Wenüfoye fue creada en 1992 por el movimiento que exigía el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios del sur del continente. Se conmemoraba el quinto centenario de la conquista y en ese contexto el ministro del interior del presidente Patricio Alwyn no tuvo mejor idea que decir los mapuches eran “una tropa de delincuentes comunes”. Hoy están en las calles con los estudiantes, con los obreros, con los mineros y campesinos. Y, aunque suene cursi (ya saben que soy un poquito –mucho- así), me conmueve ver que quizás estén empezando a abrirse las grandes alamedas, como lo dijo Salvador Allende antes de morir el 11 de septiembre de 1973, mientras los militares bombardeaban el Palacio de la Moneda: “Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

Y allí ocupará un lugar especial la bellísima y dolida poesía del pueblo mapuche, como estos versos de Elicura Chihuailaf[4]:

La poesía no sirve para nada, me dicen

Y en el bosque los árboles se acarician

con sus raíces azules y agitan sus ramas

al aire, saludando con pájaros la Cruz

del Sur

La poesía es el hondo susurro de los

asesinados

el rumor de hojas en el otoño, la tristeza

por el muchacho que conserva la lengua

pero ha perdido el alma

La poesía, la poesía es un gesto, el paisaje

tus ojos y mis ojos, muchacha

oídos, corazón

la misma música. Y no digo más, porque

nadie encontrará la llave que nadie ha

perdido

Y poesía es el canto de mis antepasados

el día de invierno que arde y apaga

esta melancolía tan personal.

3.

Foto 2: Wiphala. Tomada por la autora del sitio: https://elperiodicocr.com/bolivia-golpistas-queman-bandera-indigena-al-grito-de-viva-la-biblia-carajo/ en el mismo sitio se puede ver el video.

La Wiphala, la bandera de los pueblos originarios andinos, es uno de los símbolos oficiales de Bolivia, de acuerdo con la constitución de 2009. Opositores a Evo Morales le prendieron fuego, como puede verse en la foto, al grito de “¡Viva la Biblia, carajo!” (ver video). La frase sintetiza la de Luis Fernando Camacho, el líder político fundamentalista, proveniente de Santa Cruz de la Sierra: “Ha vuelto a entrar la Biblia al palacio. Nunca más volverá la Pachamama”. Escalofriante.

Los indígenas son más del 62 por ciento de la población de un país que comenzó a llamarse, con el gobierno del Movimiento al Socialismo, Estado Plurinacional de Bolivia.

Me gustaría cerrar con las palabras de Julieta Paredes[5]:

Para morir me han parido,

Para esquilar el verano de enero,

Para buscar la cueva entre las cuevas

Y allí seducir a las rocas el día de cumpleaños;

Para conquistar el vinagre del frío buitre

Para almacenar en mi pecho lagartijas.

A morir me dedico,

A construir charcos en el cemento,

A extinguir hasta la última carta de mi gris padre

A embotar su lengua y salvar mi voz con ritmo de nieve.

Me han parido y me han matado

Entre el fuego de juncos enlodados y el deshabitar la carne,

Entre un tenedor de ángel y el litar mi vientre como cordero blanco.

Nada me dejan en el jardín-

Sólo venas,

Sangre emanando desde el roquerío a mi noche,

Sangre

Pero sangre de mosca,

De cactus.

Nada ha de colorear las mejillas con gaviotas

Donde se acaricia hay vidrio

Todo se cimbra,

Todo se ata al oscuro enderezar de ramas.

Es hora de revisar el espejo

Y asumir mi condición de cruz,

La condición de espina,

Que esta es la última flecha que desangrará mi leche

Mañana beberé del Jordán,

Y las cenizas cruzarán mi espalda

Sólo entonces se habrá inventado la música

Y todo el barro se partirá en dos.

………….Soy milagro alumbrado por bestias elitradas,

Soy la palabra cosechada con ciruelas,

Soy el colmillo herido de las serpientes y del bramido,

Soy la última ventana en esta calle,

Soy la sed que se extingue con orejas de fraile,

Soy lobo y rana y escorpión,

Y a morir me dedico.

Posdata:

Cuando este artículo estaba ya prácticamente listo, vimos las imágenes de los vándalos que atacaron la Rectoría de la UNAM el jueves 14 de noviembre, quemando la bandera mexicana. El horror me invade frente a ese gesto. El horror, el dolor, el enojo. Algún día les contaré la relación entrañable y agradecida que tenemos con la bandera nacional quienes hemos llegado a vivir a México.

1- Adriana Paredes Pinda, poeta mapuche nacida en Osorno, Chile, en 1970. Ver referencia en http://tallerdeletras.letras.uc.cl/images/52/d01.pdf

2-  Según datos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

3-  En http://biblioweb.tic.unam.mx/libros/vencidos/cap15.html

4- El poeta mapuche Elicura Chihuailaf nació en Cunco, Chile, en 1952. Ver Foja de Poesía No 178 de Círculo de Poesía: https://circulodepoesia.com/2010/04/foja-de-poesia-no-177-elicura-chihuailaf/

5- Poeta y activista aymara nacida en La Paz en 1967. El poema está tomado de https://web.uchile.cl/publicaciones/cyber/15/crea7.html