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Greenpeace

21/06/2021 - 12:05 am

Desabasto de agua: al final del tubo está la emergencia

De manera abreviada, nos podrían comunicar que al usar millones de vehículos; que al abastecernos de energía eléctrica producida con combustibles fósiles; que al tirar millones de toneladas de residuos; que al deforestar inmensas áreas naturales para criar ganado, entre otros factores, estamos contribuyendo a generar un exceso de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, que aumentan la temperatura ambiente, alteran el ciclo del agua, y en última instancia, propician que llueva menos y haya menor disponibilidad.

Abasto de agua con pipas en Iztapalapa.
“Esta situación nos está haciendo recurrir de forma cada vez más frecuente a las ya famosas pipas para atender el desabasto en la inmediatez”. Foto: Graciela López, Cuartoscuro

Por Carlos Samayoa*

Desde hace ya varios meses, la población de la Ciudad de México se ha visto en un escenario de crecientes dificultades para contar con un suministro continuo y permanente de agua potable. El descontento popular se ve en muchas zonas. Incluso hace pocos días varias escuelas en el oriente de la ciudad decidieron postergar el regreso a clases presenciales precisamente por no contar con agua potable. Imposible garantizar condiciones sanitarias sin ella.

Esta situación nos está haciendo recurrir de forma cada vez más frecuente a las ya famosas pipas para atender el desabasto en la inmediatez. Pero si algo podemos tener por seguro, es que aunque podamos pagarlas, o aunque el Gobierno las patrocine, en un futuro cercano no habrá pipas que alcancen para atender un problema tan complejo en una forma tan rudimentaria y paliativa.

Si bien, la alerta sobre el tema de la disponibilidad y el acceso al agua potable y saneamiento ha aumentado, la discusión pública sobre las soluciones aún se centra primordialmente en aspectos meramente técnicos o ingenieriles. Las autoridades responsables hacen alusión al estado de las tuberías, a los problemas de operación del sistema Lerma-Cutzamala, o nos comentan en qué porcentajes están los niveles de las presas de almacenamiento por la poca cantidad de lluvia, como si se tratara del reporte del tiempo del noticiero de la mañana. Sin embargo, es rara la ocasión en que nuestras autoridades van al fondo del asunto y mencionan la emergencia climática que enfrentamos y su estrecho vínculo con el agua.

De manera abreviada, nos podrían comunicar que al usar millones de vehículos; que al abastecernos de energía eléctrica producida con combustibles fósiles; que al tirar millones de toneladas de residuos; que al deforestar inmensas áreas naturales para criar ganado, entre otros factores, estamos contribuyendo a generar un exceso de gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, que aumentan la temperatura ambiente, alteran el ciclo del agua, y en última instancia, propician que llueva menos y haya menor disponibilidad.

Falta que las autoridades sean claras y nos digan que del otro lado del tubo seco está la emergencia climática. Tal vez sepan muy bien que si nos contaran esa verdad repetidamente, entonces la presión de la ciudadanía aumentaría de manera exponencial para exigir acciones frente al cambio climático, las cuales son incompatibles con la compra de refinerías, con distribuir combustibles altamente contaminantes, con fomentar el uso masivo de vehículos, con producir energía a partir de combustibles fósiles, entre otras incongruencias.

Por su parte, las ciudades, como es el caso de la Ciudad de México, tienen grandes posibilidades de hacer algo al respecto. De ahí que actualmente, Greenpeace en conjunto con el Colectivo Agua-Clima haya hecho una petición formal a la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum para que tome el liderazgo en el necesario rescate de la Cuenca del Valle de México, lo cual requiere aplicar una diversidad de medidas que van más allá de la evidente mejora de la infraestructura, abordando también la protección y conservación de áreas de alto valor ambiental para lograr un manejo socio ambiental de la cuenca y una mayor disponibilidad local del agua.

De esta manera, quien quiera sumarse a pedir una mejor gestión del agua en la ciudad, debería cuestionar ¿cómo piensan reducir emisiones en la gestión del agua? ¿Qué están haciendo para captar el agua de lluvia y retornarla a los mantos acuíferos? ¿Cómo van a conservar y proteger los suelos de infiltración ante la voracidad inmobiliaria y el crecimiento urbano? ¿Qué están haciendo para reusar y tratar las aguas residuales de forma sustentable? ¿Cuál es el plan para que el agua llegue a toda la gente y dejar de perder el 40 por ciento en tuberías rotas? ¿Cómo piensan regenerar y conservar ecosistemas clave para la dinámica del agua, como lo son los humedales de Xochimilco y Tláhuac, entre otros?

Estas cuestiones y otras adicionales forman parte de nuestra agenda colectiva, y puedes firmar la petición para que el Gobierno de la Ciudad de México la integre a sus planes en el siguiente enlace:

https://actua.greenpeace.org.mx/claudia-sheinbaum-que-la-emergencia-climatica-no-nos-deje-sin-agua

*Coordinador de Ciudades Sustentables en Greenpeace México

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