Mi padre fue hermoso porque sirvió en muchos sentidos. Sirvió para conmover, para perturbar, para divertir con sus libros, con su poesía, con sus ensayos, con sus narraciones de juventud. Sirvió a su país en empeños delicados, en empeños complicados como secretario de Educación Pública, en un país en donde la educación y la corrupción asociada a ella es uno de los principales problemas; como legislador; como funcionario en distintas dependencias. Sirvió como esposo dos veces; como padre, cuatro. Y en todos sus empeños puso lo mejor de sí y lo hizo bastante bien, y eso me hace sentir enormemente orgulloso.
Por Nicolás Alvarado
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