Redacción/SinEmbargo

Miranda de Wallace: el “dedazo” vivo

13/01/2012 - 12:00 am

Las fotografías del “destape” anunciado de Isabel Miranda de Wallace evidencian que algo está muy mal en el PAN y que, como han dicho muchos de los propios panistas, en ese partido no sólo se ha caído en la simulación, sino que realmente muestra que sus cuadros –al menos en el Distrito Federal– no son suficientemente atractivos para los ciudadanos de la capital y, por tanto, con ellos no puede ganar una elección.

A la activista, ahora candidata del Partido Acción Nacional a la Jefatura del Gobierno del Distrito Federal, le levantaron la mano el propio presidente nacional del blanquiazul Gustavo Madero Muñoz; los precandidatos panistas a la Presidencia de la República, Josefina Vázquez Mota, Santiago Creel Miranda y Ernesto Cordero y, para vergüenza de ellos mismos, quienes durante todo 2011 “trabajaron” por esa misma candidatura: Gabriela Cuevas Barrón y Mariana Gómez del Campo Gurza –militantes en el panismo prácticamente desde la adolescencia–, además de Carlos Orvañanos Rea, un neopanista que desde el 24 de noviembre pasado dejó el cargo de delegado en Cuajimalpa para buscar la candidatura del GDF por el blanquiazul.

Los otros aspirantes, los que se rebelaron ante la designación de la presidenta de “Alto al Secuestro”, Demetrio Sodi de la Tijera y José Luis Luege Tamargo, se negaron por dignidad a salir en la foto. Pero fuentes del PAN nos dicen que fueron "disciplinados" desde la noche del 11 de enero. Así que su molestia se la llevaron para rumiarla solos y por los rincones.

En esas fotografías todos aparecen felices, sonríen todo el tiempo, levantan el puño, todos plegados a una decisión que, sorpresiva al principio, se entiende perfecto en el contexto de la amistad de la señora Miranda de Wallace con el presidente Felipe Calderón Hinojosa, a quien ella le ha confesado su admiración en público.

El 10 de junio de 2011, en Baja California Sur, en una gira con el Presidente, Isabel Miranda –invitada frecuente a ceremonias oficiales del gobierno federal– dijo: “Siempre he admirado al Presidente de la República. Aunque a veces me critiquen y me digan que lo defiendo, pero creo en esta lucha que él ha emprendido, creo en sus valores, señor Presidente. Creo que ha luchado contra viento y marea en tiempos difíciles, políticos. Y qué pena que algo tan noble como esto también se lleve a la política”.

También es muy especial su cercanía con el secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, a quien defendió cuando, en mayo de 2011, el poeta Javier Sicilia, líder del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, pidió que el funcionario renunciara. El pasado 9 de diciembre de 2011, al presentar su libro Para entender el nuevo modelo de seguridad para México, el propio García Luna le respondió la "cortesía": “México tiene algo muy valioso que es su sociedad… a un país lo transforma su comunidad, y que prueba de ello es lo realizado por Isabel Miranda de Wallace”.

El dedo de Los Pinos nuevamente dispone en el PAN. Ahora, convertido en el gran elector, se decantó por una ciudadana no afiliada a ese partido, bajo un argumento de apertura que suena realmente hueco. También, se lee entre líneas, para introducir en la Ciudad de México, la más segura del país durante este sexenio, justo el tema de la inseguridad y la defensa de la guerra del Presidente contra el crimen organizado.

No se demerita en nada la lucha personal de la señora Miranda de Wallace en el tema de la inseguridad, pero tampoco se aplaude que el PAN, por dedazo y por la incapacidad o sumisión de sus propios cuadros para pelear por el DF –el gran bastión del perredismo–, proponga a alguien sin la mínima experiencia para gobernar una de las ciudades más grandes y complicadas del mundo. La medida evidencia irresponsabilidad y muestra que el Presidente no sólo decide sobre el rumbo de su partido, sino que lo hace sumido en la desesperación.

El mismo Sicilia lo resume de este modo: “el PAN utiliza a Isabel Miranda de Wallace sólo para allegarse votos”.

 

* * *

Para Manuel Bartlett Díaz todo lo que huele a PRI huele muy mal, por eso, afirma el ex secretario de Gobernación en el sexenio priísta de Miguel de la Madrid Hurtado, no regresará a su alma mater: “con la dirigencia priísta y con Enrique Peña Nieto, ni a la esquina. Por principios ideológicos no podría estar en ningún cargo de elección con ellos”.

Y es que al ex senador por el PRI –quien, hay que decirlo, fue el único priísta que se opuso a la reforma que cambió las reglas de los contratos de Pemex con privados– se le ha acercado la cúpula del tricolor para ofrecerle opciones rumbo a las elecciones del próximo 1 de julio.

Pero el poblano ha rechazado cualquier ofrecimiento: “No se trata de que te ofrezcan; es una cuestión de posición ideológica, ellos tendrían que cambiar sus posturas, pero siguen en la derechización y yo no comulgo con esa cúpula ni con esa dirección”, afirma.

Con quien sí simpatiza, y por ello, seguramente, aparecerá en las boletas electorales como aspirante a una curul en el Senado de la República por la coalición de izquierda, es con AMLO: “Voy a estar en donde se defiende el cambio, y la coincidencia es con las izquierdas y con Andrés Manuel López Obrador”.

Cierto que Bartlett Díaz es un experto en Pemex, uno de los últimos nacionalistas y defensores de la riqueza petrolera quien, además, ha propuesto cambios interesantes para darle eficiencia y viabilidad a la empresa. Pero, su sombra permanente, sigue siendo aquella tramposa “caída del sistema” que, en 1988, impidió que Cuauhtémoc Cárdenas se convirtiera en Presidente de México. Sin embargo ahora, 24 años después, dice que sus coincidencias están con el hombre que heredó, justo de Cárdenas, el partido y el movimiento más importante de la izquierda en el país. Paradojas de la política.

 

* * *

Y ya que hablamos de Enrique Peña Nieto y Pemex, el precandidato único del PRI se reunió con trabajadores de las 52 sección del poderoso Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana y con su líder Carlos Romero Deschamps.

En los 11 años de gobiernos panistas, los petroleros del país han mantenido las prebendas de las décadas priístas en el poder, pero están incómodos. Les molesta que el aumento del outsourcing promovido en los últimos años les haya quitado cientos de plazas de control.

Por eso no fue raro que ayer, en un acto ante 800 trabajadores, Peña Nieto se llevara carretadas de aplausos y loas de los miembros del SNTPRM, un viejo y tradicional aliado del PRI, en las buenas y en las malas.

El mexiquense planteó que se tienen que asumir medidas más audaces para que Petróleos Mexicanos siga siendo un detonante para el desarrollo del país, sin mencionar, claro, sus intenciones privatizadoras. Pero antes, Romero Deschamps se la cantó: sí habrá apoyo, pero lo que el sindicato petrolero quiere es “la tranquilidad del trabajo satisfactorio, creador y bien remunerado”.

Bien remunerado, más dinero pues, más prestaciones, más poder; porque, se quejó el líder, el actual esquema de operación del Consejo de Administración “hoy, desafortunadamente, representa más una barrera que un facilitador en la toma de decisiones”.

Total que el corazón de los líderes petroleros está con el tricolor. La añoranza por los días de bonanza no se apaga y Peña Nieto lo sabe. Cuánto está dispuesto a darles por su voto es el tema. Cuánto más con tal de llegar a Los Pinos, aun en detrimento de la empresa que más le ha dado a México en más de 70 años.

MÁS EN Opinión

MÁS EN Opinión