Tomás Calvillo Unna
El mar es el temperamento del tiempo
"El mar habla, desde hace siglos, y estos últimos meses pareciera alzar la voz".

Me preguntas si escucho todavía las olas del mar,
su vaivén,
a pesar de la distancia y las montañas:
te digo que sí,
desde hace años me acompañan.
En estos días las oigo más cerca,
puedo sentir cómo sacuden las arenas
y las copas de los árboles.
Pienso que quieren decir algo,
advertirnos,
como si se convirtieran en un hondo presentimiento.
El mar habla, desde hace siglos,
y estos últimos meses
pareciera alzar la voz,
a pesar de aparentar
su quietud profunda.
Es cierto, no lo veo desde aquí,
pero, no está lejos;
las nubes, los vientos, lo perciben
y la geometría de las cosas,
volúmenes de la cordillera,
que apuntan en su dirección;
el verde de azul disipado,
su misma textura,
cavernas y fósiles.
y la sumergida noche.
Esta inquietud marina
se traslada tierra adentro,
hay una moral fracturada
con la naturaleza;
basta con escuchar
lo que dicen los tribunos
en las plazas públicas,
para darse cuenta
que los puentes están rotos;
perdimos el registro de nuestros propios pasos.
Los medios y su catálogo de fusilamientos;
la soterrada guerra de cada día;
el salitre de los rumores;
el inapelable juicio de la maledicencia;
los innumerables dictadores del anonimato;
la sorna como deporte nacional
y sus entrenadores desquiciados
en los hombros de la multitud;
la pesadilla del crimen imparable;
sus víctimas de lustros y del hoy y el mañana,
deambulan en el campo minado
de olvido y crueldad.
Usurpar la oración del amanecer
sembrar en su sagrado silencio,
los adjetivos del odio;
herir la luz con la daga del rencor,
son las huellas de lo siniestro,
que nos comienza a envolver.
Qué atajos se requieren
para reencontrar la senda de la sensatez;
el mínimo necesario
el urgente cariño
y coraje
por la vida
sin las ataduras del temor.
Disipar la indiferencia,
la ausencia del sentir,
la incapacidad de decidir:
recuperar la dinamita de la ternura.
Volver al mar
en el esférico vínculo
cuando se dan la mano
el pensamiento y el sentir.
Contemplar así,
sus púrpuras,
el despliegue de sus cielos
grises, blancos, azules
dorados colores
de su arte y magia
que nos preservan
si estamos de pie
y giramos,
extendiendo los brazos,
alcanzando
los 360 grados,
del peso exacto
del firmamento.
MÁS EN Opinión
Héctor Alejandro Quintanar
La Reforma Electoral que “nos convierte en Venezuela”
""Parte de la derecha opositora asume que dicha propuesta va a significar una construcción de una aut..."
Pedro Mellado Rodríguez
Si rompen con Morena, PT y PVEM pierden el registro
""En los comicios de junio del 2024 Morena ganó, por separado, sin coalición, 37 de los 300 distritos..."
Francisco Ortiz Pinchetti
Trump a la puerta: ¿ya nos cayó el chahuistle?
" “Resulta perturbadora la presión que WSJ ha revelado: la exigencia de que Sheinbaum entregue a figu..."


