Gustavo De la Rosa

Trump no liberó a Venezuela de Maduro: se liberó él de un problema que EU ya no podía

"Trump no liberó a Venezuela. Se liberó de una política inútil. Y, en el proceso, debilitó una de las herramientas clásicas de dominación estadounidense: la capacidad de aislar a un país sin aislarse a sí mismo".

Trump no liberó a Venezuela
Trump no “libera” a Venezuela para negociar con Washington, sino que la libera para negociar con cualquiera. Foto: X @WhiteHouse
Durante años,  los Gusanos de Venezuela repitieron una ficción: que el bloqueo a Venezuela era una estrategia moral, democrática o humanitaria. No lo fue. Fue una herramienta de poder que fracasó. Y cuando el poder fracasa, deja de ser virtud y se convierte en lastre.
Venezuela no se volvió un problema para Estados Unidos por Chávez ni por Maduro, sino porque Washington decidió sacarla del mercado internacional con la ilusión de provocar un colapso político interno. El resultado fue el contrario: el país se reconfiguró, se conectó con Rusia y China, y aprendió a sobrevivir fuera del sistema que intentaba disciplinarlo. El bloqueo dejó de debilitar al gobierno y empezó a evidenciar la impotencia del que lo imponía.
Trump entendió algo elemental que sus predecesores se negaron a aceptar: un enemigo que sobrevive al castigo deja de ser enemigo y se convierte en prueba del fracaso del castigo.
Trump no es un demócrata, ni un humanista, ni un liberador. Es algo más simple y más peligroso: un actor de poder sin apego ideológico cuando la ideología estorba. Cree en jerarquías raciales, económicas y nacionales; cree que el mundo se ordena entre quienes mandan y quienes obedecen. Pero, a diferencia de otros, no confunde sus prejuicios con sus intereses. Por eso abandona discursos cuando ya no sirven. Por eso se ríe del socialismo cuando sabe que los hechos lo neutralizan mejor que los insultos. Por eso negocia con quien ayer demonizaba si eso reduce costos y aumenta control.
Frente a Venezuela, las opciones eran pocas y todas conocidas: Seguir apostando a una oposición incapaz de tomar el poder. Invadir y repetir otro desastre imperial. O reconocer que el bloqueo ya no servía y cambiar de juego.
Las dos primeras ya habían sido probadas. Y habían fracasado, como fracasaron Vietnam, Irak y Afganistán. No por falta de fuerza, sino por exceso de arrogancia.
La tercera opción exigía un sacrificio simbólico: aceptar que Maduro era un obstáculo, no el problema. Y Trump no tiene problemas en sacrificar símbolos ajenos.
La oposición venezolana creyó —una vez más— que la historia trabajaba para ella. No entendió que Trump no buscaba que ellos ganaran, sino que Estados Unidos dejara de perder. No eran aliados; eran descartables.
El resultado es el verdadero giro: al abrir una negociación directa, Estados Unidos rompe el cerco que él mismo había construido. Y al hacerlo, no “libera” a Venezuela para negociar con Washington, sino que la libera para negociar con cualquiera. El bloqueo no se levanta a medias. O funciona, o se cae. Y cuando se cae, lo hace para todos.
Trump no liberó a Venezuela. Se liberó de una política inútil. Y, en el proceso, debilitó una de las herramientas clásicas de dominación estadounidense: la capacidad de aislar a un país sin aislarse a sí mismo.
Esto no es una defensa de Trump ni una absolución de Maduro. Es una constatación incómoda: el poder real no actúa por moral, sino por eficacia, y cuando una estrategia deja de ser eficaz, incluso el imperio retrocede.
Quien no entienda esto seguirá creyendo que la política se mueve por discursos.
Quien lo entienda sabrá que se mueve por resultados.
Y casi siempre, a costa de quienes creyeron ser protagonistas cuando sólo eran instrumentos.
Así que los que perdieron el poder por votos, ya pueden ir olvidando sus esperanzas de que su ángel de la guarda venga a salvarlos, si quieren volver a gobernar, tienen que ponerse a trabajar y los Morenos también, dejar de lado arrogancias y creer que la historia es irreversible.

Gustavo De la Rosa

Es director del Despacho Obrero y Derechos Humanos desde 1974 y profesor investigador en educacion, de la UACJ en Ciudad Juárez. Ver más

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