MICROHISTORIAS: RUSIA EN MÉXICO, LOS MOLOKANES

01/03/2014 - 12:00 am

Texto: Fabiana Urbina

En México estos emigrados del Imperio Ruso, que se declaraban pertenecientes a los cristianos espirituales, se convirtieron en el centro de atención por su laboriosidad y honestidad, pero más que nada por sus costumbres religiosas. Ellos rechazaban muchos ritos religiosos establecidos, no reconocían los iconos, los templos, la autoridad de los sacerdotes ni la de los jerarcas de la iglesia. Se mostraban escépticos ante la canonización de la persona que fuere. Preferían comunicarse con Dios en sus casas de oración. Los molokanes se consideraban personas pacíficas, que ni siquiera tocan un arma. Fieles al principio “no matarás”, rechazaban el reclutamiento y eran enemigos de cualquier tipo de guerra. Llevaban una vida abstemia. Lo importante para ellos era hacer cosas buenas en consonancia con los preceptos cristianos.

La secta religiosa llamada “Los molokanes” se instalaron en tierra de los aztecas a principios del siglo XX. El nombre de este grupo proviene del vocablo ruso “moloko” (leche). Dicha denominación obedece a que esa gente incluso en los días de ayuno consumía leche en contra de las prescripciones religiosas. Además, los molokanes decían de su doctrina: “Es nuestra leche espiritual”.

Molokanes del Valle de Guadalupe. Cortesía: Skyscrapercity
Molokanes del Valle de Guadalupe. Cortesía: Skyscrapercity

Las fuentes de la doctrina de los molokanes tienen sus raíces en el remoto pasado, pero en la segunda mitad del siglo XVIII sus partidarios empezaron a agruparse en grandes comunas en las regiones centrales y del sur de Rusia. Esto se produjo gracias a los predicadores ambulantes, que conocían profundamente la Biblia y la interpretaban de manera algo diferente que la iglesia oficial. Este movimiento religioso recibió el nombre de Cristianos Espirituales. “Los molokanes”. Era un fenómeno singular que surgió en Rusia sin ningún tipo de influencia eurooccidental, si bien las reuniones de oración de los molokanes son similares a las de las comunidades protestantes.

El gran escritor ruso León Tolstoi valoraba a los molokanes por su librepensamiento, por la disputa con la iglesia oficial, por el valor en las relaciones con las autoridades, por la pureza del alma y por su humildad. En la región de Samara asistía a las reuniones y oraciones, participaba en las charlas sobre el Evangelio, comía junto con los hospitalarios dueños de casa. “Los molokanes son personas interesantes en sumo grado” – escribía León Tolstoi. No en vano en su novela Resurrección introdujo como personajes a los campesinos molokanes, para transmitir al lector con mayor contraste los pensamientos sobre la búsqueda de la resurrección moral.

En 1906 cerca de un centenar de familias de molokanes, mayoritariamente del Cáucaso del Sur, se trasladaron a México. Allí, en el Estado de Baja California, en el valle de Guadalupe, a 60 millas al sur de la frontera con Estados Unidos, compraron tierras baldías a bajo precio. Las primeras casas fueron construidas de forma conjunta y junto a ellas se hacían jardines y huertos. En los campos cultivaban alfalfa, cebada, trigo.

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Los primeros colonos guardaban celosamente las costumbres de los antepasados. Ellos mismos preparaban el pan, hacían comidas rusas, confecionaban ropa rusa, en casa hablaban únicamente en ruso e intentaban impedir los matrimonios con mexicanos. Sin embargo, en 1931 Masha Rudometkina fue la primera muchacha rusa en romper la tradición, contrajo matrimonio por la iglesia católica con un mexicano. Los jefes de la colonia dominaron su incontenible ira y se resignaron a los matrimonios mixtos, que empezaron a celebrarse cada vez con más frecuencia. El puñado de “peregrinos de Rusia”, tal como se denominaba a los molokanes en un libro sobre ellos, se iban asimilando poco a poco a la sociedad mexicana.

Publicado por Wikimexico / Especial para SinEmbargo

Redacción/SinEmbargo

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