
Ciudad de México, 16 de julio (SinEmbargo).– Megumi Igarashi fue arrestada en Tokio, Japón, por distribuir entre sus simpatizantes una plantilla digital de su vagina, lo que vulnera una ley nacional que prohíbe la distribución de materiales “indecentes”.
Igarashi, una artista de 42 años residente en Tokio, trabaja bajo el alias de Rokudenashi-ko (“chica absurda”), de acuerdo con la agencia noticiosa japonesa Kyodo.
La prensa internacional lanza hoy fuertes críticas a la sociedad japonesa por su doble moral: por un lado, las niñas son un fetiche explotado ampliamente en cómics y revistas, pero por el otro se asusta con una pieza de arte que toca un tema que parece tabú: la vagina.
La crítica Lizzie Crocker, de Daily Beast dice, por ejemplo: “La pornografía infantil fue legal hasta hace un mes en Japón y puedes comprar en máquinas automáticas ropa interior sucia. Pero una mujer que quería hacer de su vagina un kayak está tras las rejas. La artista envió presuntamente a un hombre datos digitales que permitirían reproducir sus genitales con una impresora en tres dimensiones, a cambio de una suma de dinero. Fue arrestada después de mandar los datos a 30 personas que habían respondido a una solicitud crowdfunding para su reciente aventura artística: construir un kayak inspirado en sus genitales.
Ella lo llama “pussy boat”, lo que podría traducirse como “bote vaginal” .

Igarashi dijo a las autoridades que únicamente envió a sus clientes datos y no fotos y afirmó que no considera la información para la impresión en 3D como material obsceno.
La legislación japonesa prohíbe la distribución de materiales “indecentes”, lo que en la práctica obliga a que las reproducciones de genitales humanos que aparezcan en medios audiovisuales sean censuradas.
Si es hallada culpable podría ser condenada hasta dos años de cárcel o a una multa de hasta 2.5 millones de yenes (24,500 dólares), según su abogado.
Los seguidores de Igarashi denunciaron una utilización extrañamente amplia de la legislación japonesa contra la obscenidad en este caso. La activista dijo que la policía registró la oficina de Igarashi y se incautó de 20 obras suyas.
“Japón sigue siendo una sociedad en la que se reprime a quienes tratan de expresar la sexualidad femenina, cuando la sexualidad masculina se tolera en exceso”, dijo.




