Un Quijote en Tenochtitlán
Juan Carlos Monedero
Maduro contra el azufre
"Las imágenes de Nicolás Maduro no son las de una persona derrotada. Es alguien que le está diciendo a su pueblo: aguanten, sigan firmes, no dejen que les roben la unidad. Maduro, esposado, le ha dicho a su pueblo: sigan sabiendo que son un pueblo rebelde, aguanten que vamos a ganar".
EU fue a secuestrar al Presidente Nicolás Maduro buscando construir, 36 años después un Noriega, pero todo parece que le va a salir un Mandela. Ante el tribunal que pretende juzgarle en Nueva York, Maduro afirmó: “Soy el Presidente de Venezuela, soy un prisionero de guerra, soy inocente”. Tienen que tratarlo y juzgarlo como el Presidente constitucional de Venezuela.
Noriega fue aquel Presidente panameño que después de ser clave para Washington en la lucha contra movimientos de izquierda en Centroamérica, una pieza clave en el apoyo logístico a la Contra nicaragüense y en la protección de los intereses estadounidenses en torno al Canal de Panamá, terminó derrocándolo y metiéndolo en la cárcel cuando empezó a ser imprevisible y se acercaba la ejecución de los Tratados Torrijos-Carter (1977). Estaba en juego la transferencia total del Canal a Panamá en 1999. Con el Canal de Panamá, no se juega. Y tampoco con el Golfo de México.
EU ya sabía que Noriega era un narco cuando lo ayudó, pero era uno de “sus” narcos. Contra Maduro, por el contrario, no hay una sola prueba de haber colaborado con la producción o el tráfico de drogas. Pero Trump quiere el petróleo. Que se comerciara el petróleo venezolano en dólares, no en yuanes no está dentro de la libertad de comercio. Con el petróleo y con el dólar, no se juega.
Venimos diciendo que con la agresión a Venezuela podría desatarse una conflagración mundial: bien fuera porque si no se le paraban los pies a Trump, iba a seguir pateando el tablero como hizo Hitler después de que Neville Chamberlain le entregara los Sudetes checoslovacos en 1938: le bastó un año para entrar en Polonia. La guerra mundial también puede desatarse porque al pararle los pies quien pueda hacerlo, respondiera Trump con maneras de guerra. Una bomba o un misil donde no corresponde, puede desatar las hostilidades.
En estos días, Donald Trump ha exigido algo a la Venezuela presidida interinamente por Delcy Rodríguez, que difícilmente puede cumplir: regalarle entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo y cortar relaciones con sus socios, con China, con Rusia, con Irán y con Cuba. Trump acaba de robar en alta mar dos petroleros propiedad de Rusia (además de los que había robado a Venezuela), lo que aleja la paz en Ucrania. Y ha dicho que pretende hacerse con Groenlandia, que está bajo jurisdicción de Dinamarca, un país soberano de la Unión Europea. Y ha amenazado al Presidente de Colombia y también a la Presidenta de México. El orden mundial pende de un hilo. ¿Con todos va a hacer como con las lanchas en el Caribe?
En el gobierno de halcones de los EU manda la frase: Dios ha puesto nuestros recursos en otros países. Y todo lo demás ya es accesorio. En 1991, con la caída de la URSS, dijeron que había que crear “un mundo basado en reglas”, algo que se repitió hasta la saciedad con la anexión de Crimea a Rusia en 2014. EU y la Unión Europea controlaban la ONU, la OMN, el FMI, el Banco Mundial, el CIADI… Con esas reglas, siempre ganaban. Y vestían de legalidad ese mundo desigual. Pero algunos países, en América Latina, en África, empezaron a desobedecer en nombre de la soberanía. Y, además, China despertó. Y EU patea el tablero y se orina encima de las piezas caídas.
Desde el punto de vista del Derecho Internacional Público, la detención de un Jefe de Estado en ejercicio no es una anomalía menor ni una zona gris interpretable: es una quiebra frontal del orden jurídico internacional. La llamada inmunidad de jurisdicción (ratione personae) no protege a una persona por su estatus, sino a la función soberana del Estado que representa. Su vulneración no puede justificarse como un exceso puntual ni como una excepción pragmática.
Al actuar de este modo, Estados Unidos no sólo ignora una norma, sino que socava deliberadamente los principios que hacen posible la coexistencia entre estados formalmente iguales. Se desmantela así la lógica que sostiene la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y se vacía de contenido el principio de igualdad soberana consagrado en la Carta de las Naciones Unidas. El mensaje es inequívoco: el derecho internacional deja de ser un marco común y pasa a convertirse en un instrumento selectivo, aplicable sólo cuando no interfiere con los intereses de la potencia que lo invoca.
Lo que toleramos en el mundo árabe porque son árabes y llevan mucho tiempo en guerra, se acerca a nuestras casas. Permitimos que asesinaran a un millón de iraquíes, que ahorcaran a Saddam Hussein, que mataran a la cúpula del gobierno del Partido Árabe Socialista Baaz con la excusa de que había armas de destrucción masiva en Iraq. Consentimos el asesinato de Muhamar el Gadafi, que llevó a Libia a su mejor momento en su historia. Si vive en una tienda de campaña, nos dijimos. Toleramos la destrucción de Gaza, el exterminio de 700 mil personas según cifras de la Relatora Especial de Naciones Unidas para los territorios palestinos, hemos contemplado la reducción del país a cenizas, vimos cómo proponían impunemente convertirlo en un resort de lujo.
Permitimos que el Nobel de la Paz Barack Obama firmara en 2015 una orden ejecutiva que declaraba a Venezuela "amenaza extraordinaria". Sobre esa estupidez crearon la base legal para las sanciones posteriores. Luego vendrían las sanciones en el primer gobierno de Trump, bloqueos, el reconocimiento de Guaidó, el Nobel a la violenta María Corina Machado. Antes, permitimos el hostigamiento al Presidente Hugo Chávez. Chávez había molestado a EU organizando la OPEP, creando la UNASUR y la CELAC, expulsando a la DEA, permitiendo que China y Rusia entraran en América Latina en nombre de la multipolaridad, negociando el petróleo en monedas diferentes al dólar y sacando a millones de venezolanos de la pobreza, del analfabetismo, de la ignorancia y del olvido.
El 3 de enero secuestraban fuerzas especiales norteamericanas al Presidente legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, asesinaban a 32 guardias de su escolta personal y a un centenar de civiles en bombardeos. Y el mundo, a día de hoy, lo permite. Un hecho que dinamita la razón principal por la que fue creada Naciones Unidas. La comunidad internacional no existe.
Estamos entrando en el peor escenario que dibujaba la crisis de la modernidad, es decir, el de un mundo donde la fuerza ha desplazado a la palabra
Estamos en un umbral histórico donde las palabras van a significar otra cosa diferente a lo que han significado en los últimos 70 años. Un mundo donde luchar contra las drogas te convierte en narcoterrorista, mientras que liberar a un expresidente condenado por narco te convierte en un cruzado contra el narco. Un mundo donde “Dios ha colocado los recursos de los gringos en otros países. Un mundo sometido al saqueo y la amenaza. Lo que esperamos ya no tiene esperanza.
A no ser que los pueblos del mundo despierten.
Europa hace malabares para no romper con EU por la quiebra de la soberanía de un país y de lo que representa su Presidencia. Pero a Trump no le hace falta relato alguno. Ha escrito en la Estrategia de Seguridad Nacional cuáles son sus objetivos y lo ha dicho a bordo del Air Force One: quiero el petróleo de Venezuela, quiero a China fuera del hemisferio y quiero todo lo que necesitemos para volver a ser los amos del mundo.
Cuando los chinos ganaron comercial, tecnológica, militar y diplomáticamente a los norteamericanos, llamaron al pistolero para que pusiera orden a balazos. Hace apenas cuatro años, en 2020, el Australian Strategic Policy Institute (ASPI) ofrecía a Occidente una manta reconfortante: de las 64 tecnologías críticas para la seguridad nacional, la economía y el poder militar del futuro, 60 estaban cómodamente en manos de Estados Unidos. China, según el diagnóstico, sólo despuntaba en detalles menores, casi decorativos: drones comerciales, algún material avanzado… nada que quitara el sueño.
Cuatro años después, en 2024, el mismo instituto cambiaba de tono —y de gesto—: ahora es China la que lidera 57 de esas 64 tecnologías. El liderazgo tecnológico estadounidense, que parecía eterno, como Hollywood o el dólar, se ha evaporado en silencio. Inteligencia artificial, baterías de estado sólido, computación cuántica aplicada, biotecnología de precisión y fabricación de chips de última generación ya no son fortalezas occidentales, sino terrenos perdidos. Añadamos las nuevas armas. Lo que en 2020 era tranquilidad estratégica, en 2024 se parece más a un despertar brusco: no fue una carrera reñida, fue un adelantamiento por la derecha mientras Washington miraba el retrovisor. En el retrovisor se encontró, otra vez, con la doctrina Monroe: el saqueo. Y afecta a todo el hemisferio occidental.
EU tiene petróleo para seis años. El Departamento de Energía de EU dice que tienen ahora mismo como reservas probadas 46 mil 400 millones. Consumen 20,25 millones de barriles diarios, esto es, siete mil 391 millones de barriles al año. Les da para seis años. Si se dividen las reservas entre la producción, el cálculo sube a algo menos de 10 años. Necesitan robarse el petróleo de Venezuela para seguir conduciendo su desmesurado tren de vida.
Además de que si lograran robarse el petróleo de Venezuela, titularizarían esos 303 mil millones de barriles para conseguir financiación para su maltrecha economía y su desprestigiado dólar. Capitalismo puro y duro del saqueo.
La Doctrina de Seguridad Nacional de Trump les autoriza a apoyar en las elecciones en cualquier lugar del mundo a los candidatos de la extrema derecha. Lo ha hecho recientemente en Honduras y lo hizo en Europa. Le autoriza a usar la fuerza para expulsar a competidores comerciales. Le autoriza al capitalismo por desposesión, por saqueo. Le autoriza a amenazar a sus socios. Le autoriza a mandar en la OTAN. Le autoriza a secuestrar al Presidente de cualquier país que no le guste. Le autoriza a quedarse con Groenlandia, con Panamá o intentar acorralar a China.
Es una vuelta al Far West, al Oeste: hay que matar a los indios, hay que mandar a los que queden a una reserva, hay que emborracharlos y tenerlos distraídos, hay que quitarles las tierras a los pequeños campesinos, hay que quitarles las tierras a los países cercanos y también a los que lleguen en barcos, en aviones o en misiles.
Pero en Venezuela no le salen todas las cuentas. Puede secuestrar al Presidente Nicolás Maduro y a la primera dama, puede robarse los petroleros que salgan de puerto, podría bombardear y lanzar misiles sobre Petare o la Guaira, sobre el 23 de Enero, San Agustín o el Valle… Es verdad que podría, seguramente, ir matando a los dirigentes chavistas. Pero no puede entrar en el país. Y por eso tiene que negociar.
La institucionalidad en Venezuela ha funcionado: secuestrado el Presidente, el Tribunal Supremo ha solventado el vacío jurídico y ha nombrado Presidenta encargada a Delcy Rodríguez, que estaba de Vicepresidenta. Y ha sesionado con el gobierno real del país. Al que respeta el pueblo. Y presente el Diputado Nicolás Maduro Guerra, el hijo de Maduro, como señal clara de apoyo a la nueva Presidenta. Es evidente, y es la única verdad que dijo Trump, a María Corina Machado no la respetan en Venezuela. Por eso no ganó las elecciones pese a lo que dicen los ignorantes que repiten la muletilla de las actas.
Trump sólo quiere el petróleo, el oro, las tierras raras y que el Caribe sea el Mar de Florida o de Miami. Y tiene la experiencia de Iraq y Afganistán donde pudieron asesinar a millones, tirar toneladas de bombas y devastar el país, pero no pudieron recuperar la inversión porque no controlaban a los iraquíes. Por eso no le vale María Corina Machado. Y Trump quiere el petróleo. Tiene bombas, no amigos. Esa señora es cosa de Marco Rubio, el halcón que quiere una alfombra de cadáveres de izquierdistas latinoamericanos que le brinde el camino a la Casa Blanca. Y ha dejado con el trasero al aire a las derechas europeas y latinoamericanas que, obedientes, encumbraron a María Corina Machado hasta con un ridículo premio Nobel. “No te vistas que no vas”, dicen en Venezuela.
Hemos visto a Marco Rubio balbuceando cuando le han preguntado por qué no han puesto de Presidenta a su amiga o por qué si quieren procesar por narcotráfico a Maduro, han indultado a Juan Orlando Hernández, el Presidente narco de Honduras condenado en EU a 45 años de cárcel por traficar con casi 500 toneladas de cocaína en el país. La verdad, les da lo mismo. Igual que a la derecha colombiana, la española, la mexicana o la brasileña que pide en las calles que secuestren a Petro, a Sánchez, a Sheinbaum o a Lula. Esa derecha que ya no cree en la democracia es la que celebra uno de los más duros golpes contra el derecho internacional que recuerda la humanidad reciente. Y celebra también algún cretino de izquierdas que no sabe leer el momento del mundo.
Mucha gente se pregunta por qué le ha resultado tan fácil a EU secuestrar a Maduro y Flores. A mi me recuerda a cuando Truman lanzó las bombas de Hiroshima y Nagasaki y le dijo a los japoneses: ¿queréis más? Si un dirigente político quiere a su pueblo, no lo manda al matadero. Quizá hayan participado topos, quizá haya gente que no haya resistido el cañonazo de 50 millones de dólares. Pero no creo que eso baste.
La institucionalidad ha funcionado en Venezuela. En la sala del gobierno están Delcy Rodríguez, Vladimir Padrino, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez, Freddy Ñañez, Jorge Elieser Márquez… El Gobierno de Nicolás Maduro, del que Delcy Rodríguez ha pedido su regreso inmediato como Presidente legítimo, como debe hacer toda la comunidad internacional. Secuestrar al Presidente es una derrota. Qué duda cabe. Se sabrá quiénes han sido los judas y cómo se gestaron esas horas. Pero evitar más muertes es una victoria.
¿Qué pasará ahora? Trump quiere todo o volverá a matar, como ha hecho con esos valientes en Caracas. La comunidad internacional no dice nada que inquiete al Presidente norteamericano. China y Rusia, igual que Colombia, han sido contundentes en sus declaraciones por la quiebra del derecho internacional, pero ¿cambia eso la decisión del Presidente norteamericano? La diplomacia va lenta. La Unión Europea balbucea. Protesta igualmente contra la quiebra del derecho internacional. ¿Y? Ahora va a por Groenlandia. Las derechas españolas sin incapaces de criticar a Trump. Cobardes. El gobierno de España intercambia declaraciones, una con los socios europeos, otra, más dura, con los socios latinoamericanos, pero igualmente impotentes. La CELAC está dividida. Es más la hora de los pueblos que obligue a los gobiernos.
Para el gobierno de Venezuela es tiempo de negociar. Si Trump pide el saqueo de Venezuela, el pueblo terminará cogiendo las armas junto a su dirección política. Que nadie se engañe. Pero sería malo para el mundo. Es bueno negociar cuando te ponen una pistola en la cabeza. Pero si se negocia debe ser para el interés de ambas partes. Lo que siempre reclamó el Presidente Maduro. La agenda bolivariana está clara. Lo primero, la liberación de Nicolás Maduro y Cilia Flores. Recuperar la economía quebrada por las sanciones. Hacer acuerdos económicos ventajosos para todos los actores. Respetar las reglas del comercio internacional. Activar los mecanismos internacionales de resolución de conflictos. Los pactos firmados bajo amenaza, recordemos, no tienen validez. Aunque ahora haya que hacer acuerdos para el bienestar del pueblo. Venezuela porque se lo merece; EU porque es el pistolero que tiene más armas que tú y te puede matar en cualquier momento. Como ha hecho con esos valientes que defendían al Presidente de Venezuela.
Si EU quita las sanciones, si se duplica la producción de petróleo (algo sencillo con poca inversión), si hacen acuerdos como el que ya funcionaba con Maduro con la petrolera norteamericana Chevron, si sigue la tarea democrática de la revolución bolivariana, si la conciencia y la participación popular crecen, si México, Colombia, Brasil, España, Uruguay presionan para que se respeten las reglas internacionales y toman medidas de fuerza (aunque sólo sea llamar a consultas a sus embajadores), si China y Rusia no caen en el error de repartirse con EU esferas de influencia y participan de esas medidas de fuerza contra el pirata norteamericano, si, mientras tanto, la Comunidad Internacional despierta, la negociación con los cuatreros servirá para ganar tiempo y fuerza. La alternativa no es viable. No olvidemos que EU bombardea y se marcha. O hace un cerco medieval que te mata de hambre. ¿Contra quién va a pelear la milicia? Su Presidente y Comandante en Jefe está en EU secuestrado como prisionero de guerra. Lo querían un Noriega y se han encontrado un Mandela. Y ha llamado a la calma.
Las imágenes de Nicolás Maduro no son las de una persona derrotada. Es alguien que le está diciendo a su pueblo: aguanten, sigan firmes, no dejen que les roben la unidad (es esencial que la unidad del chavismo no se resquebraje: es lo que van a intentar los enemigos de la revolución inventando fantasmas). Maduro, esposado, le ha dicho a su pueblo: sigan sabiendo que son un pueblo rebelde, aguanten que vamos a ganar.
No son buenos tiempos para la democracia. Gaza nunca debiera haber pasado. No debiera estar un delincuente en la Casa Blanca. No debiera estar dividida América Latina. La izquierda debiera ser más fuerte en el mundo porque es la que porta la llama de la alternativa inteligente y generosa. Y para eso debiera estar más unida, estudiar más, volver a ser revolucionaria en sus objetivos.
Hemos visto a Maduro saludar a sus carceleros y desearles un feliz año nuevo. Le hemos visto firme y con los ojos llenos de la conciencia de quien sabe de dónde viene, a quién se debe y por qué está preso. López Obrador ha roto su silencio para decirle a Trump que salga de esas maneras de pistolero y delincuente. A Maduro le ofrecieron Trump y Marco Rubio una salida personal. Que pasaba por traicionar al pueblo. No la quiso. Quien está con el pueblo, está con algo que es más grande que uno mismo. Y en Venezuela llevan 25 años construyendo pueblo. Esa es la tarea de Delcy Rodríguez y el gobierno bolivariano.
Regresarán los libros, las canciones que quemaron las manos asesinas, renacerá mi pueblo de su ruina y pagarán su culpa los traidores.
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