
Ciudad de México, 21 feb (SinEmbargo).- El anuncio que dio cuenta de la próxima visita de The Cure a México representa sin duda un buen pretexto para hablar de Robert Smith, un tema favorito para todo amante de la buena música que se precie.
Se trata, además, de festejar el regreso de la icónica agrupación a Latinoamérica, tras 17 años de ausencia, una circunstancia que la propia banda ha festejado en su página oficial con la leyenda, entre signos de admiración ¡El momento ha llegado!
Con shows en Brasil, Paraguay, Argentina, Chile, Perú, Colombia y el anunciado en nuestro país para el próximo 21 de abril, en el Foro Sol, se mostrará la vigencia de una agrupación que tiene 35 años de existencia y millones de discos vendidos a lo largo de una sólida y fascinante carrera profesional.
Con singles como “Boys Don’t Cry”, “The Lovecats”, “Close To Me”, “Just Like Heaven” “Friday I'm In Love”, entre muchos otros, y álbumes clásicos como Pornography, Kiss Me Kiss Me Kiss Me, Disintegration, Wish y Bloodflowers, la banda se ha establecido como un fenómeno global de trascendencia y perdurabilidad.
Sus canciones atmosféricas y malhumoradas, su fuerte sentido de la teatralidad y el estilo único del vocalista y alma de The Cure, alumbraron las nuevas subculturas urbanas y llegaron hasta las generaciones de hoy, que al descubrir su sonido característico inmediatamente lo convierten en el soundtrack de sus vidas.
The Cure, con Robert Smith en la voz y en la guitarra, estampa visible y gran referente, se completa con Simon Gallup (bajo), Jason Cooper (batería), Roger O’Donnell (teclados) y Reeves Gabrels (guitarra).
Precisamente, fue Smith el que mostró su entusiasmo por el regreso de la banda a nuestro continente.
“Estamos delirantemente felices de regresar a Latinoamérica. ¡Por fin, hemos estado lejos por mucho tiempo! Daremos conciertos de por lo menos tres horas y tenemos toda la intención de hacer este nuestro tour más memorable”, prometió el artista en su página oficial.
HACE 20 AÑOS QUE TIENE 20 AÑOS
Nacido en Blackpool, Inglaterra, el 21 de abril de 1959, Robert Smith sigue como la estrella de rock dueña de sí misma que ha demostrado ser desde su primera juventud. A los 53 años, es su aspecto físico el que ha variado un poco –sólo un poco-, pero él todavía parece ser ese joven delicado y profundo, con tendencia a la divagación y a la melancolía, rasgos que constituyen una postal fielmente grabada en la memoria colectiva de quienes aman el rock.
No estaría bien decir de Robert Smith que es un héroe que ha llegado intacto al tercer milenio, porque nunca ha querido para sí el destino de un mártir o de un profeta. Lo suyo es más bien el estilo nato y espontáneo de un artista intelectual que ha marcado a fuego, casi sin quererlo, el pensamiento de varias generaciones.
En una entrevista otorgada a The Guardian en 2012, el músico habló precisamente de sus fans y se mostró preocupado por la vehemencia de sus seguidores estadounidenses, quizás en oposición al paisaje natural que conforma para el público inglés, que lo ha adoptado como un sello de distinción nacional.
Como hombre de muchos intereses, entre ellos sin duda la literatura, Robert Smith acusa el paso del tiempo durante las giras. Sobre todo porque cuando se encuentra bebiendo en algún hotel a las 6 de la mañana, toma en cuenta de las cosas que no haría, como esa, por ejemplo, si estuviera en su casa, cortando las malezas del jardín, disfrutando el tiempo libre cual si fuera un hombre normal y no el cantante de The Cure.

En 2012 declaró que quería eso, quería tiempo libre, contraviniendo el consejo de las disqueras cuando dicen aquello de que un artista no debe retirarse por mucho tiempo porque luego el público lo olvida.
“Siempre hay gente alrededor sembrándote ese tipo de dudas y de miedos. Te dicen que si te vas luego no podrás volver, pero ahora me siento con la suficiente confianza como para darme cuenta de que ese consejo es pura basura. Me parece que si nos tomamos un par de años no va a pasar nada”, dijo Smith, quien por ahora no se ha tomado sus vacaciones soñadas y, lejos de ello, lo tendremos pronto en nuestro suelo como el rocker de acción que es.
“El tema de la edad es cosa de los periodistas. Hace poco, sin motivo aparente, en el transcurso de una entrevista se mencionó mi edad en tres oportunidades”, se quejaba en un reportaje donde no olvidó decir lo mucho que nunca le gustó Morrisey o lo poco que le interesaba en su momento las peripecias que rodeaban a INX, una banda con la que The Cure fue a menudo comparada.
Tampoco tiene mucha simpatía por U2, ya se sabe.
“Nunca me gustó U2, mucho menos las cosas que han hecho en los últimos años. Bono está tan completamente absorto en la idea de sí mismo, como un mesiánico. Claro que cuando digo estas cosas luego viene Mary (su esposa de toda la vida, Mary Poole) y me dice que no debo hablar mal de los demás en las entrevistas. Que sueno amargo hablando de los que odio, pero todo ese mundo de famosos, ese mundo imaginario que tratan de fomentar en el público, un lugar donde todos se conocen y se van a tomar una copa juntos al final del día es pura basura”, dijo el líder de The Cure.
Para quien como él los años no transcurren en el escenario, será casi un pecado mencionar el capital artístico de su agrupación como el patrimonio de una leyenda. “Nuestras canciones no tienen edad. Nunca me vestiré monja y medias de red para fingir que tengo 20 años. No somos ni queremos ser otra banda joven. Pero el punk sigue en nuestras cabezas y cuando no podamos cantar como lo hacíamos a los 15, lo dejaremos”.
De eso se trata The Cure, de eso se trata Robert Smith.





