París, 9 Oct (Notimex).- La desproporcionada reacción de Rusia hacia Greenpeace muestra la febrilidad de un régimen gangrenado por clanes y corrupción, y se explica porque el Ártico representa las fantasías de poder petrolero y militar de los dirigentes rusos, opinó hoy Le Monde.
El diario francés criticó este miércoles a Moscú por el asunto de los activistas de la organización ambientalista, a quienes mantiene arrestados por "piratería" desde finales del mes pasado, luego de que intentaron subir a una plataforma de la petrolera rusa Gazprom.
"No importa en cuál país racional, la operación de Greenpeace contra una plataforma de extracción petrolera habría terminado con arrestos, fuertes multas o, en el peor de los casos, con unos días de prisión. Excepto en Rusia", indicó.
La justicia rusa rechazó la víspera liberar bajo caución a los activistas de Greenpeace inculpados de piratería por haber colgado una bandera en la cubierta de una plataforma, ubicada en el Ártico, cargo por el que enfrentarían hasta 15 años de prisión, refirió.
Al parecer la élite rusa militar y de seguridad "cree en las verdades del látigo", pues las autoridades están haciendo todo lo posible para meter a los activistas en el sistema penitenciario del país, indicó.
Señaló que "las cárceles de Murmansk son a imagen de la Rusia de (presidente ruso) Vladimir Putin: feudales -muchos reclusos no tienen acceso a agua limpia- y terriblemente moderna -videovigilancia de los prisioneros hasta en los baños-".
Con ironía, Le Monde lamentó que el presidente ruso "no pueda hacer nada" para aliviar la difícil situación de los activistas, ya que en Rusia "el poder judicial es independiente del Ejecutivo", según declaró el portavoz del Palacio del Kremlin.
En efecto, estimó el periódico, Putin no tuvo nada que ver con la operación contra el Artic Sunrise, la embarcación de Greenpeace involucrada que, por cierto, se encontraba fuera de las aguas territoriales en el Ártico ruso.
Sin embargo, el comando que detuvo a los activistas e incautó el barco depende de los servicios de seguridad rusos, directamente bajo la autoridad de Putin, apuntó el rotativo en su editorial "El látigo contra Greenpeace, una Rusia de otra época".
La plataforma es propiedad de Gazprom, el gigante de gas ruso, "un verdadero Estado en el Estado", pero además es un asunto de familia, ya que Jorrit Joost Faassen, "hijo holandés de Putin", es directivo de una de las filiales de la petrolera, comentó.
Otro punto importante es que el Ártico se encuentra en el corazón de las "fantasías de poder" de los dirigentes de Rusia, ya que representa grandes proyectos (como extracción de hidrocarburos y la apertura de la Ruta del Mar del Norte), así como ambiciones militares.




