No acaba el escándalo de la "Casa Blanca" de Peña Nieto
En el Reforma, la politóloga y catedrática, Denise Dresser, escribe que: "no es un tema de una casa o de cuánto gana una actriz. El tema de la "Casa Blanca" perteneciente a los Peña Nieto-Rivera es un asunto medular para México. Tiene que ver con el conflicto de interés, con la relación entre empresarios y el gobierno, con los vínculos de una televisora y el poder político, con la forma en la cual se celebran y se revocan licitaciones en el país. Tiene que ver con la manera en la cual se usa y se ejerce y se comparte el poder político y económico en México. De forma irregular. Opaca. Discrecional. Sin rendir cuentas o haciéndolo a cuentagotas."
En el Reforma, el politólogo y catedrático, Jesús Silva-Herzog Márquez, escribe que: "hoy quiero decirles que le he pedido a mi esposa que sea ella personalmente, siendo una propiedad de ella, quien esclarezca o quien aclare ante la sociedad mexicana y ante la opinión pública, cómo se hizo de esa propiedad y cómo fue que la construyó". Esa fue la respuesta del Presidente. Repetir que él no tiene nada que ver con el problema de su cónyuge. Desentenderse y entregar a su esposa al coliseo. Los leones de la opinión pública, previsiblemente, la destazaron. Su marido la puso en el matadero y ella caminó, con las únicas herramientas con las que contaba, a su tortura. La hicieron pedazos. El Presidente, un día después, le dio las gracias. Autorretrato de un hombre en tiempos de urgencia nacional. Inmolar a su esposa para salvar el cuello. El problema nunca fue el patrimonio de la exitosa actriz de televisión. La envidia, pasión democrática, decía Tocqueville, estará presente por supuesto. Pero la ofensa de la casa no es la opulencia sino la suciedad, la maraña de transacciones en donde el beneficio privado se enreda con las decisiones públicas."
En El Universal, el periodista Ricardo Alemán, escribe que: "Sin dudas que ofende a muchos mexicanos que una mujer que ha vivido de la actuación, siempre vinculada con Televisa, tenga capacidad económica para comprar una mansión como “la casa blanca”. Y sin duda que ofende a muchos otros que, en tanto esposa del presidente Peña Nieto, la señora Rivera no haya mostrado la sensibilidad de la justa medianía, prudencia y moderación en la ostentación de la riquezas y la presunción de bienes como “la casa blanca”. Es cierto que resulta un agravio para la desigualdad que enfrentan millones de ciudadanos que —en una sociedad donde más del 90% no tiene lo indispensable y menos del 10% acapara la riqueza—, la familia del Presidente prepare su retiro en un castillo, más allá de que sea legítima o no la posesión de “la casa blanca”. Y no existe la menor duda de que escándalos como “la casa blanca” —además de tragedias como la de Iguala, supuestos excesos como los de Tlatlaya y fallas garrafales como la revocación del tren México-Querétaro—, han colocado al gobierno de Peña Nieto en el nivel más bajo de su credibilidad y debilidad institucionales. Y tampoco hay duda que ante esa debilidad y falta de credibilidad en el gobierno de Peña Nieto, crecen las voces que cuestionan su legitimidad. Sin embargo, también es cierto que ante los escándalos que han creado “la crisis perfecta” en el gobierno de Peña, no podemos y tampoco debemos ser ingenuos. ¿Por qué? Porque detrás de todos y cada uno de los escándalos existe una clara dosis de odio, doble moral y abierta intención política por debilitar y hasta tirar al gobierno de Peñas Nieto. ¿Tienen dudas?".
En Milenio, el periodista Carlos Puig, escribe que: "creo que la razón es muy simple: explicar no es rendir cuentas. Frente al señalamiento no es suficiente el acto voluntario de un individuo. Menos si se trata del presidente de la República. En sus apariciones con Loret y Aristegui, sobre todo en la segunda, Eduardo Sánchez ha respondido con sus argumentos y razones a la pregunta central de este embrollo que tiene que ver con el conflicto de interés, es decir: si existieron condiciones fuera de mercado, ventajosas, tanto en la venta de la casa a la señora Rivera como en la asignación de contratos gubernamentales —del Estado de México y la Federación— para la empresa que construyó la casa."
El anarquista abominable
En El Universal, el periodista Ricardo Raphael, escribe que: "después de los hechos divulgados probablemente el miedo contagie a más personas y entonces el montaje habrá logrado su cometido: confirmar que es peligroso participar en las marchas de repudio contra el abuso de autoridad que comete el Estado".
En Milenio, el político Diego Fernández de Cevallos, escribe que: "Los ciudadanos de todo el mundo tenemos motivos y razones para aprobar o reprobar conductas —activas y pasivas— de nuestros gobernantes. Se trata de un derecho irrenunciable e imprescriptible del gobernado que la ley y la autoridad no deben conculcar. En ninguna sociedad civilizada se pone en duda, ni se limita, la prerrogativa de los seres humanos para expresarse, pacíficamente, en orden y con libertad, sobre cualquier hecho o circunstancia; menos aún si atañen a la cosa pública y, por ende, afectan para bien o para mal a personas, familias o pueblos. Pero, con estos derechos coexiste —en paralelo— el deber de rebelarnos ante la injusticia y el atropello, independientemente de su autoría y de quien resulte agraviado, así como el de buscar el castigo y remedio correspondientes; sobre todo si el abusador tiene fuerza física, social, económica, política o religiosa que le facilite su delito."
En el Excélsior, el periodista José Cárdenas, escribe que: "los anarcoimpunes son renglones torcidos a la sombra de una patología social, aparentemente vinculada con la desesperanza por la falta de destino; otros, simplemente son vividores, profesionales de la pesca en río revuelto, sin olvidar a los más peligrosos, los subversivos en busca de mártires quienes pretenden hacer la revolución y estirar la liga hasta reventarla... ¿Por qué el gobierno no toca a esos dizque “anarquistas”? ¿Por qué tolera esa clase de impunidad, como otras iguales o peores?"
En La Jornada, el periodista Julio Hernández López, escribe que: "la noche del jueves de remembranza revolucionaria fueron soltados los demonios represivos en la Plaza de la Constitución de la capital del país, apenas unos minutos después de que terminó la fase discursiva de una marcha muy concurrida, plural, pacífica y esperanzadora. La postrera acometida provocadora de encapuchados y embozados contra quienes resguardaban el frente de Palacio Nacional dio pie a un barrido policiaco que se extendió a lo largo de todo el Zócalo, con golpizas y persecuciones indiscriminadas, que se ejecutaron para dar ejemplo, para amedrentar, para advertir de la política que se ha instaurado luego de las palabras precisas que horas atrás habían hecho el ocupante de Los Pinos y el secretario de la Defensa Nacional y que ayer confirmó el secretario de la misma Marina a la que un diario extranjero (WSJ) ha acusado de permitir que estadunidenses armados (con armas de la propia Marina Armada de México) participen en operaciones contra narcotraficantes simulando ser personal mexicano."
Alianza entre el PAN y el PRD para elecciones de Sonora
En el Reforma, su columna de trascendidos Templo Mayor, asegura que: "¡sorpresa! El PAN y el PRD formarán una alianza para las elecciones de gobernador de Sonora del próximo año. El más contento con la coalición seguramente es Javier Gándara, el ex alcalde de Hermosillo, que desde hace tiempo está más que perfilado como candidato albiazul a la gubernatura. Las cuentas de los panistas les dicen que al hermanarse con el PRD, su intención del voto crece en unos 10 puntos porcentuales. La realidad es que la presencia perredista en ese estado es más bien escasa y su votación en la pasada elección para gobernador anduvo alrededor del 3 por ciento, con algunos picos en ciertos municipios. No obstante, en una elección tan cerrada como la que se perfila entre el PAN y el PRI en Sonora, unos cuantos puntitos, sin duda, pueden ser la diferencia."
El gobierno: ni "halcón" ni "paloma"
En el Reforma, el periodista Roberto Zamarripa, escribe que: "una multitud no acaba de marchar pacíficamente al Zócalo cuando una minoría encapuchada ya riñe con la policía. Unos lanzan consignas, otros lanzan fuego. La imagen de la noche del jueves 20 en el Zócalo era el dibujo de la tensión que impera. Igual en el gobierno. En dos meses tras la tragedia de Iguala, se pasó del pasmo y la conmiseración, a la molestia. El gobierno se siente incomprendido. Un día amaga y al otro suaviza. Un día golpea y al otro acaricia. Un día gañen los halcones, al otro gorjean las palomas. No atina."
Menos impuestos
En el Reforma, el analista y periodista Sergio Sarmiento, escribe que: "un funcionario gubernamental respondía a principios de este año a mis críticas a la supuesta reforma fiscal que si los mexicanos queremos un México con servicios de primer mundo tendremos que pagar impuestos de primer mundo. Yo estaría de acuerdo. Hay que bajar y simplificar los impuestos."
La orden desobedecida
En El Universal, su columna de trascendidos Bajo Reserva, asegura que: "ocho meses han pasado desde que la secretaria de Salud, Mercedes Juan López, recibió la instrucción presidencial para crear una instancia que se encargue de regular y vigilar la calidad de los servicios médicos del país, nos recuerdan. Sin embargo, hasta la fecha dicha orden no se ha cumplido. Esta situación ha propiciado que académicos y Organizaciones No Gubernamentales consideren que este es un rubro donde pueden estallar próximamente más protestas y conflictos en el país. La idea del Presidente de México, como lo expresó el pasado 7 de abril en el Día Mundial de la Salud 2014, es actuar de manera anticipada y no reactiva. Al parecer, la instrucción no ha sido acatada y el horno en el país no está para más protestas sociales."
El daño está hecho
En El Universal, el periodista Salvador García Soto, escribe que: "a imagen de México en el mundo se ha visto seriamente afectada por el tema de los 43 normalistas de Ayotzinapa. La tardanza en la respuesta del gobierno para esclarecer su desaparición y la falta de pruebas concluyentes en sus investigaciones, convirtió la exigencia de justicia por este caso en un asunto global en el que el daño al país ha sido progresivo y va en aumento. De las protestas y manifestaciones en varias ciudades del planeta, a la duras críticas a la actuación de las autoridades en la prensa mundial, a los pronunciamientos oficiales de gobiernos extranjeros exigiendo justicia, hasta llegar a las críticas directas de mandatarios que ven en México “un Estado fallido”.
El presidente no tendrá una segunda oportunidad
En Milenio, el periodista Ciro Gómez Leyva, escribe que: "más le vale acertar al Presidente, porque si falla, si desilusiona con viejas recetas y medicinas caducas, difícilmente tendrá una segunda oportunidad de aquí a 2018. Eso significaría cuatro años de turbulencia. Cuatro años de crisis. Horribles."
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