
Ciudad de México, 27 junio (SinEmbargo).- Mucha fortaleza de espíritu hay que tener para disponerse a ver en la televisión el filme australiano Snowtown, que este viernes transmite a las 00.40 horas la señal de cable MAX, de HBO.
El mal se vuelve insoportable y la angustia que genera verlo desplegarse sin ningún tipo de freno hace recordar aquel filme tan perturbador de Michael Haneke, Funny Games, donde el que tortura y veja a un semejante goza con un propósito desconocido y a menudo inverosímil.
¿Puede un ser humano lastimar tanto a otro y ser feliz en la tarea? ¿Puede el horror producir una cadena de contagio donde un muchacho con enormes carencias afectivas entra sin querer a una escuela del crimen que lo mantendrá prisionero hasta las últimas consecuencias?
Snowtown es la ópera prima del cineasta Justin Kurzel. Basada en hechos reales ocurridos en el sur de Australia en los ‘90, cuenta la historia de Jamie (Lucas Pittaway), un muchacho que vive una situación familiar complicada, donde no está ausente el abuso sexual y sí falta la figura paterna.

A la vida de Jamie (y de su familia) llegará el muy amable y encantador John Bunting (Daniel Henshal), quien pronto tomará el control de la casa, es decir, se convertirá en la figura del padre, y empezará a mostrar que, detrás de toda su fascinación, hay una oscura profundidad.

Bunting dice odiar a los pedófilos y a los homosexuales, argumenta que hay que acabar con ellos. Jamie, por su parte, confiesa haber sufrido abusos.
Comienza el horror y una de las historias de asesinatos en serie que conmocionó a la sociedad australiana de la época. El filme se inspira en las novelas Killing for pleasure, de Deby Marshall y The Snowtown Murders, de Andrew McGarry, que narran los crímenes de 1999 llevados a cabo por Bunting, el asesino en serie más célebre de Australia.
Hay un psicópata fascinante que se vuelve el centro de una familia al punto de la desintegración. Un tipo con labia y cara de Santa Claus que concita también la atención de sus vecinos, a quienes en el principio del filme pretende organizar en contra de “la amenaza pedófila”.
Hay un adolescente con el alma en pena deambulando por los rincones de una casa donde nunca se sabe desde qué rincón saltará el enemigo.
CUANDO ASESINAN A UN PERRO EN LA PANTALLA
Lo que podría haber sido un thriller de igual modo espeluznante se convierte en un drama psicológico que por momentos nos hace cerrar los ojos. Es curioso que el filme, en color, con una fotografía árida y agobiante a cargo del mismo director de foto de la terrorífica Animal Kingdom, la recordemos después en blanco y negro.
Como en la también australiana Animal Kingdom, cuando uno de los hermanos asesina a la novia de su sobrino, es lo irreversible, lo terminal, lo que nos ahoga. Por eso la genialidad de Haneke en Funny Games, aquella posibilidad del rewind que nos daba cierto aire al final de la película.
En Snowtown no faltan las escenas de tortura y vejaciones propias del psicópata feroz que los ejecuta. Sin embargo, son las anticipaciones lo que vuelve el mal insoportable. La escena del perro asesinado sin ton ni son o aquella en la que el criminal le quita el plato de comida al homosexual soplón revelan que ya no habrá vuelta de hoja, que lo que viene de ahora en adelante será tremendo, imposible de aguantar.

“Nunca sabremos si de verdad había una obsesión allí de fondo con la pedofilia y la homosexualidad, dada por cierto sentido retorcido del bien o si en el fondo aquello era apenas una excusa para cometer crímenes inconfesables que laten en las nieblas de una mente dañada”, apunta con certeza el texto promocional del filme.
Es en este punto donde se hace difícil decir por qué hay que verla; de lo que no cabe duda es que estamos frente a un trabajo de esos que nos sacudirá hasta la exasperación, que miraremos durante muchos tramos con un solo ojo y que nos llevará a preguntarnos por el tino de llamar humanos a muchos seres que nacieron para joderle la vida al prójimo.





