
Ciudad de México, 31 agosto (SinEmbargo).- Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral) se llama el libro del escritor español Juan Bonilla (1966), dedicado a la figura del poeta ruso Vladimir Maiakovski (1893-1930), un caso extraordinario de vida y poesía confundidas en una sola expresión vanguardista que ha llegado a nuestros días.
La novela está compuesta por 50 capítulos sin numerar, pero cada uno con su título (el del capítulo 34 dio nombre al libro), en los cuales se recrea en forma cronológica la biografía del también dramaturgo nacido en la georgiana aldea de Bardad que hoy lleva su nombre.
De origen humilde, su familia emigró cuando él era muy joven a Moscú, donde vivió el antes y el después de la Revolución Bolchevique de la que pronto se hizo portavoz cultural.
“La nube en pantalones”, “La flauta de las vértebras”, “Amo”, su poema inconcluso “Hablando a gritos” y la obra teatral La chinche, de 1929, constituyen su legado literario, una obra arraigada en el futurismo y que planteaba la revolución a través del arte.
El 14 de abril de 1930, cuando apenas tenía 37 años, Vladímir Vladimírovich Maiakovski se pegó un tiro en el pecho en su casa de Moscú y se hizo inmortal. Había caído en desgracia en el sistema ruso atrapado por la creciente burocracia y comenzaba a ser visto como una figura elitista, alejada del modelo del hombre nuevo al que aspiraba la Revolución Bolchevique.
Bonilla, oriundo de Jerez de la Frontera, Cádiz, escribió Prohibido entrar sin pantalones con “el deseo de retratar la aventura futurista” pero de un modo narrativo, no ensayístico.
Autor de los libros de relatos El que apaga la luz (1994), La compañía de los solitarios (2000), La noche del Skylab (2003), Je me souviens (2005), El estadio de mármol (2005) y Basado en hechos reales (2006), Bonilla es un escritor inclasificable, alejado del mainstream pero con una obra vasta y personal que siempre genera interés.
Poeta militante y novelista activo, con obras que fueron llevadas al cine como Nadie conoce a nadie (dirigida por Mateo Gil y protagonizada por Eduardo Noriega y Jordi Mollá), ganó el Premio Biblioteca Breve 2003 con Los príncipes nubios y el Premio Mario Vargas Llosa NH de relatos en 2010, por Tanta gente sola.
Su biografía sobre Terence Moix, La vida es un sueño pop, se hizo acreedora al Premio Gaziel de y Biografías y Memorias 2011.
LA INTENSIDAD DE MAIAKOVSKI

Para su ambicioso proyecto de narrar la aventura futurista, el héroe recurrente fue en todo momento Maiakovski. “Siempre fue el primero de la lista, en realidad, fue el único de la lista”, admitió el autor en una extensa entrevista realizada por Ferrán Mateo para el periódico digital Rusia Hoy.
Bonilla, que define su trabajo como un retrato del poeta ruso y no como una biografía que hiciera desaparecer por completo la voz narradora y se legitimara en la enunciación de fechas y lugares precisos, permanece todavía subyugado por el personaje que eligió para ser centro de su libro reciente y al que considera un “narcisista imbatible” atosigado por los dilemas estéticos y éticos de la época.
“Lo que más me gusta de mi libro es la sensación de que, más que Maiakovski, la protagonista de la novela es la voz de Maiakovski, de haber integrado algunos de sus fragmentos más potentes en el curso natural del relato. No sé si es bueno o malo, pero sí, se parece bastante a lo que quería conseguir. Lo empecé mil veces sin encontrar el tono, pero una vez que di con él, el libro fluyó con aquello que precisamente más significaba a Maiakovski: el vértigo.”, contó Bonilla a la periodista Anna March, de Culturamas.
Despreocupado por la falta de conocimiento que las nuevas generaciones pudieren tener respecto del artista que escribió aquello tan conmovedor e inolvidable de “Si lo desean comeré carne hasta ponerme rabioso / -y, como el cielo, mudaré de tonos-; /si lo desean / seré impecablemente tierno. / No un hombre, / ¡sino una nube en pantalones!”, el español reivindica el valor didáctico de las novelas.
“No sé nada de ballenas, pero eso no impide que el mundo de la caza de las ballenas cartografiado en Moby Dick sea apasionante, aunque haya mucha gente que se salte esas páginas porque las considera relleno”, dijo Bonilla a Rusia Hoy.
EL PRIMER POETA PUNK
Para el escritor español, “Maiakovski quería inventar un modo de vivir y era un enamorado del caos”, un elemento que lo hace un verdadero precursor del punk aun cuando defendía el futuro, algo de lo que descreen los aficionados a dicho movimiento.
“Todo el Maiakovski primero, el Maiakovski anterior a los soviets, tendía a lo que luego, en los ‘70, vino a representar el punk: el elogio de la ebriedad, la necesidad de la violencia, el desafío a la autoridad competente, a quien no teme sacarle la lengua o cagarse en todos y cada uno de sus santos dogmas”, explicó Bonilla a Culturamas.
De esa época pre burocrática, nace según Bonilla la mejor poesía de Maiakovski y de esa intriga, de querer saber más sobre un personaje fascinante, contradictorio, enérgico y explosivo, nació la necesidad de escribir la novela”.
“La propuesta de Prohibido entrar sin pantalones, surrealista indicación que el bardo vio en Ciudad de México, es de una valentía considerable y que enlaza con su héroe por esa voluntad de introducir postulados anómalos en su territorio, perlas de rabiosa actualidad de alguien que entiende la crisis como un lapso donde se impone barrer el suelo y darle otro brillo que cancele toda la suciedad para producir diferencias que traspasen fronteras”, escribió el crítico Jordi Corominas.

“Maiakovski tuvo un gran y legendario amor en su vida: Lily Brick. Estaba casada con el crítico Osip Brick. Los tres formaron uno de los tríos más famosos de la historia de la literatura. La novela también indaga en esa pasión de Maiakovski que le reportó los momentos más intensos de su vida, pero también los más amargos, como suele pasar con toda pasión sentimental excesiva y abismal”.
“No sé si es una novela histórica. No hay fechas, no hay delicadas descripciones de cómo eran los zapatos que llevaban los aristócratas rusos, no hay datos de esos que solemos encontrar en las novelas históricas. Pero sí, supongo, tiene una carga pedagógica a la que no sé por qué iba a renunciar: quiero decir, quien entre en la novela y la termine, al menos se habrá enterado de quién fue Maiakovski”, dijo Bonilla.




