Por Olga Borobio
Berlín, 10 Oct (Notimex).- El presidente de la Conferencia de Obispos de Alemania, Robert Zöllicht, se reunirá la próxima semana con el Papa Francisco para abordará el caso del obispo de la ciudad alemana de Limburg, sobre quien se acumulan varios escándalos.
Zöllitsch informó que viajará la próxima semana a Roma, luego de ponerse en marcha una Comisión de Revisión con peritos externos a la iglesia e internos para investigar el caso del obispo Franz Peter Tebarz van Elst en cuanto al financiamiento, costos y la forma en que se tomaron las decisiones sobre su vivienda.
El obispo de Limburgo ocupa las primeras planas en medios alemanes por construirse una vivienda de 31 millones de euros y recibir una orden penal de la fiscalía de Hamburgo, por declaraciones falsas.
El presidente de la Conferencia de Obispos apuntó que no dará a conocer las propuestas que lleva al Papa en cuanto al caso del obispo de Limburg porque desea presentarlas personalmente al pontífice, y no que se entere de ellas a través de la prensa.
Zöllitsch manifestó que se sentía tan sorprendido como mucha gente en Alemania por las cifras que el prelado de Limburg ha gastado en la construcción de su vivienda.
La diócesis en Freiburg presentó además varias propuestas respecto a una mayor vinculación a la Iglesia de los divorciados que quieren volver a casarse, pues por ahora no pueden comulgar, y la propuesta apunta ahora a tratarlos con más flexibilidad.
El presidente de la Conferencia de Obispos en Alemania dijo que también se pedirá revisar las condiciones que impone la Iglesia católica en Alemania para otorgar puestos de trabajo. Hasta ahora se despide a quienes se divorciaban por no ser una situación personalmente acorde con las exigencia de la Iglesia.
Refirió que un tercer tema es el otorgamiento a las mujeres posiciones dirigentes dentro de la Iglesia católica.
Un obispo puede ser despojado de su cargo por razones de peso y a través de la emisión de un decreto firmado por el Papa, de acuerdo con el Código del Derecho Canónico que aprobó el entonces Papa Juan Pablo II en 1983. Sin embargo, hasta ahora, El Vaticano ha hecho uso rara vez de esa medida.




