Fandango de artesa, tradición colonial que resurge en Guerrero

06/01/2015 - 4:44 pm

México, 6 Ene (Notimex).- Canto versado, música, comida y bebida acompañan al fandango, costumbre de bailar sobre una plataforma de madera durante fiestas en comunidades afrodescendientes de la Costa Chica de Guerrero, una tradición que desde los años 80 promueve su rescate como baile de artesa.

El declive como fandango devino hacia mediados del siglo XX; sin embargo, a principios de los 80 del siglo pasado, el lingüista Miguel Ángel Gutiérrez Ávila encontró en San Nicolás Tolentino, Guerrero, una vieja caja de madera con terminaciones zoomorfas y preguntó a los nativos qué era. Una artesa, respondieron.

Carlos Ruiz Rodríguez, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), señala que la primera grabación de un baile de artesa fue realizada en los años 90 por Gabriel Moedano, etnomusicólogo de la Fonoteca, especializado en dicha región guerrerense.

El referente más antiguo del fandango data de inicios del siglo XVIII; sin embargo, se desconoce cuándo surgió la artesa, “pero evidentemente son tradiciones que datan de la época colonial”, apuntó Ruiz Rodríguez en un comunicado difundido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

“Cuando empecé a ir a la Costa de Guerrero en 1999, lo primero que pregunté fue de dónde venían los sones de artesa; qué quería decir ‘artesa’, ya que es la única plataforma zoomórfica labrada de esa manera en México”, expresó.

Don Melquíades Domínguez, privilegiado por atesorar conocimientos que no tiene la mayoría de la gente, comentó que la artesa tenía dos antecedentes: uno derivó de los esclavos africanos, en su mayoría cimarrones (esclavos huidos) y el otro se relaciona con las figuras del caballo, el toro, la vaca, que asociaban con el antiguo español, quien no había podido domarlos.

Tras verificar lo dicho por don Melquíades, el investigador realizó la reconstrucción histórica y encontró que muchas tradiciones músico-dancísticas de dicha costa tienen que ver con la ganadería.

“Oralmente ellos conservan su historia en lo que cuentan, pero también en las escenificaciones músico-dancísticas. De esa manera representan, recuerdan y rehacen la historia, la tienen presente. Por eso son importantes. Todas las demás tradiciones tienen antecedentes y significados relativamente similares”, expresó.

El fandango de artesa, cuenta Carlos Ruiz, fue practicado en San Nicolás Tolentino, Guerrero; El Ciruelo, Oaxaca, y en Cruz Grande, lugar muy cercano a Acapulco; pero esta tradición es más antigua en toda la región, desde Cacalotepec hasta Acapulco.

En la Costa Grande realizaban lo que llamaban fandango de tabla, que era prácticamente lo mismo, pero la artesa no tenía forma animal en su acabado. Hecha también de una sola pieza, se acompañaban de instrumentos y repertorios parecidos.

Mientras que en Cruz Grande el conjunto instrumental era el arpa, que antiguamente se tapeaba pero después se hizo un cajoncito al que golpean con un pedazo de canto, una piedra, un guijarro o una madera; también percuten con una mano y con la palma en vez de tamborear en el arpa.

En el caso de San Nicolás, la dotación instrumental era guacharrasca, violín, la voz y un cajón de madera recubierto con piel de venado que se tocaba en piso, además del zapateo sobre la artesa.

En su origen, todo el repertorio era espontáneo. Se hacían cosas de memoria, pero lo que más se valoraba era la improvisación. Ahora ya no, todo son coplas memorizadas.

De acuerdo con Carlos Ruiz, a las personas mayores de 70 años les tocó ver y participar del fandango; los adultos de entre 40, 60 y 70 años lo presenciaron una o dos veces en su niñez cuando asomaba el declive, ahora los jóvenes sólo saben de su existencia por narraciones de sus padres o abuelos.

Actualmente, el fandango de artesa está resurgiendo en un contexto distinto, mediante investigaciones de antropólogos en la región y a través de actividades organizadas por el INAH junto con los institutos de cultura y las comunidades. Con esta labor, la tradición es conocida por los jóvenes y saben de su importancia.

“Más que un rescate, es un resurgimiento, ya que se presenta como una tradición distinta y en otro marco. Sigue siendo una tradición, pero ya no en términos de la primera mitad del siglo XX”, concluyó Carlos Ruiz.

Redacción/SinEmbargo

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