Redacción/SinEmbargo

El PRI y Cuauhtémoc: Qué vergüenza

Desde hace 10 años, y quizá mucho antes, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) sabía de los delitos que el entonces Diputado tricolor en el Distrito Federal, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, cometía contra las mujeres.

El llamado “príncipe de la basura” fue demandado por tres jóvenes a las que contrató como edecanes, pero que, al negarse a tener relaciones con el legislador, fueron despedidas. Las mujeres ganaron el caso y el PRI-DF les pagó como indeminización un millón 170 mil pesos.

De acuerdo con un documento al que tuvo acceso la periodista Carmen Aristegui y que reveló ayer en MVS Noticias, en 2003, en la Junta de Conciliación y Arbitraje del DF, se llevó a cabo un proceso de juicio laboral de esas tres mujeres en contra Cuauhtémoc Gutiérrez; su asistente, Esperanza Delgadillo Smith; el Movimiento Territorial del DF –que presidía el mismo “príncipe de la basura”– y el PRI-DF.

En la demanda laboral, iniciada el 26 de julio de 2003, se establece que las mujeres fueron despedidas de ese instituto político debido al acoso sexual que sufrían por parte de Gutiérrez de la Torre.

Pero la dirigencia nacional del PRI hizo mutis, abandonó la escena como dicen los actores, y simplemente guardó silencio.

Por cuidar la imagen de un partido entonces derrotado y maltrecho, tras perder por primera vez en más de siete décadas la Presidencia de la República, el tricolor hizo caso omiso a las acciones ilegales cometidas por Cuauhtémoc Gutiérrez.

También lo hizo, seguramente, por pagar los favores políticos con el hijo del “rey de la basura”, quien en la capital del país heredó una organización de miles de pobres que aún opera con un sistema clientelista que, a discreción o no, está al servicio del PRI y de sus intereses electorales o de dominación.

Hace 10 años, el PRI no sólo cerró los ojos ante la falta de respeto y la explotación ilegal que de las mujeres hace Gutiérrez, según muestran las pruebas y testimonios de antes y las recientemente publicadas.

Hace 10 año, el PRI no suspendió a su poderoso militante en el DF. Ni siquiera lo reprendió. Lo que hizo el tricolor fue premiarlo con más poder e incluso lo convirtió en su líder en la capital del país.

Qué vergüenza de partido y de dirigentes.

Primero que nadie, Roberto Madrazo Pintado, quien fue presidente nacional del PRI del 4 de marzo de 2002 al 31 de agosto de 2008 y, por tanto, era el responsable de tomar las decisiones sobre los principales cuadros de su partido. Gutiérrez de la Torre, por supuesto, era uno de ellos: un “baluarte” del tricolor dentro del movimiento territorial en la Ciudad de México.

Qué vergüenza Roberto Madrazo, un político que quería ser Presidente de México y terminó como una figura de desecho en el tricolor.

Pero luego hay una larga lista de presidentes nacionales que, después de Madrazo Pintado, no sólo permitieron a Cuauhtémoc Gutiérrez encumbrarse políticamente sino mantener intocable –incluso hasta ahora– la operación de una red de explotación sexual, en una muestra de desprecio por las mujeres mexicanas, en una clara violación a los derechos humanos y en un franco insulto a la sociedad.

Qué vergüenza Mariano Palacios Alcocer.

Qué vergüenza Beatriz Paredes Rangel.

Qué vergüenza Humberto Moreira Valdés.

Qué vergüenza Cristina Díaz Salazar.

Qué vergüenza Pedro Joaquín Coldwell.

Qué vergüenza César Camacho Quiroz.

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