Hace un año el país entero quedó paralizado por la tragedia ocurrida en el Casino Royale de Monterrey, Nuevo León, en donde perdieron la vida 52 personas y 10 mas resultaron lesionadas en la que es considerada la masacre más sangrienta en la historia de la guerra contra el narco.
La gravedad del siniestro se tornó más grave debido a que fue transmitido por los medios de comunicación cuando aún se encontraba en curso. Miles de mexicanos fueron testigos de como en el interior del centro de juegos morían asfixiadas o a consecuencias de quemaduras decenas de civiles que corrieron con la mala suerte de encontrarse en medio de un ajuste de cuentas entre grupos del crimen organizado.
Las cámaras de seguridad mostraban una serie de vehículos en donde viajaban alrededor de 12 personas quienes son señalados como los responsables de iniciar el atentado. No obstante, las cámaras de video aledañas a una gasolinetra mostraban que minutos antes varias camionetas arribaron a una gasolinera para cargar gasolina en bidones que luego serían utilizados en el casino. La tragedia apenas daba inicio.
Poco antes de las 16:00 horas dos camionetas y dos automóviles se estacionaron a las afueras del Royale. Algunos de sus tripulantes se introdujeron al inmueble para amenazar a los clientes del establecimiento mientras que el resto se quedó afuera para vigilar que nadie más entrara al lugar. En cuestión de minutos el fuego dio inicio. Sin embargo, tras la salida de los delincuentes, ellos mismos se encargaron de trabar la salida para que nadie pudiera escapar.
De acuerdo con testigos sobrevivientes, los responsables entraron al lugar amenazando a los empleados y a la clientela a quienes les robaron también sus pertenencias, además de realizar varios disparos y detonar al menos una granada en el interior. Posteriormente el contenido de los bidones fue esparcido y encendido.
En pocos minutos la tragedia era difundida por redes sociales y medios de comunicación. Al lugar llegaron los cuerpos de rescate del área metropolitana de la capital neoleonesa. No obstante, la ferocidad de las llamas impidió que más de 60 civiles resultaran ilesos. No había pasado una hora cuando las identidades de las primeras víctimas mortales fueron dadas a conocer.
al día siguiente el Presidente Felipe Calderón realizó Honores en el lugar de los hechos. Los restos del casino eran testigos de la guerra contra el crimen organizado iniciada por mandatario cinco años antes. Una corona luctuosa y más de 2 mil efectivos del Ejercito mexicano cerrarían aparentemente el episodio trágico. No obstante, aún quedaban muchos cabos sueltos.
Las imágenes del Jonás Larrazabal recibiendo dinero en el interior de varios casinos de Monterrey, incluido el Royale, ponían en entredicho el compromiso de su hermano Fernando como alcalde regiomontano. El entonces edil defendió la aparición de su hermano en los videos difundidos por las redes sociales y medios informativos, alegando que Jonás se dedicaba a la venta de quesos y mezcales provenientes de Oaxaca. La explicación, más que inverosímil, rayaba en lo absurdo. Sin embargo, a un año de distancia, y con sólo un puñado de presuntos responsables detenidos, los verdaderos culpables siguen libres.





