Por Vicente Poveda
Roma, 20 mar (dpa) - La canonización de Juan Pablo II fue un gran deseo de Benedicto XVI que queda ahora en manos de su sucesor Francisco, también cercano al fallecido papa polaco. Versiones de medios italianos aseguran que Karol Wojtyla podría convertirse este mismo año en el primer santo del nuevo papa argentino, una canonización que no estaría exenta de polémica ante las acusaciones de que Juan Pablo II protegió a pederastas. La clave para hacerle santo podría ser la curación de una feligresa argentina.
Según fuentes citadas por agencias italianas, Jorge Bergoglio le expresó tras el cónclave su decisión de llevar a término la causa de canonización al que fuera secretario de Juan Pablo II, el hoy cardenal arzobispo de Cracovia, Stanislao Dziwisz. La canonización, indican las fuentes anónimas, podría celebrarse ya el próximo 20 de octubre, coincidiendo con la fiesta litúrgica del beato Juan Pablo II dos días después. La fecha no ha sido confirmada por el Vaticano, que señala que antes son necesarias varias "formalidades".
La beatificación de Juan Pablo II en mayo de 2011 se encuentra entre las más rápidas de la historia. Después de los gritos de "Santo Subito!" ("¡Santo ya!") durante su funeral en 2005 y las peticiones de cardenales para que se acelerara la causa, Joseph Ratzinger -durante más de dos décadas estrechísimo colaborador de Wojtyla- decretó una excepción y permitió que el proceso empezara antes de los cinco años de espera establecidos. La beatificación se decidió después de que el Vaticano considerara milagrosa la curación del Parkinson de una monja francesa que le había rezado a Juan Pablo II.
Para la canonización, es necesario que el Vaticano atribuya al beato otra curación científicamente inexplicable. El caso debe pasar por la comisión médica vaticana y un consejo de cardenales, antes de que el papa dé su visto bueno definitivo.
Según el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, la canonización de Wojtyla es objeto de "deseos y expectativas", pero "son necesarios algunos actos formales, que todavía no se han producido, entre ellos un decreto de reconocimiento del milagro y después un consistorio para decidir la fecha de la canonización".
"Hay un deseo generalizado de canonizar al papa Wojtyla, pero todavía no se ha fijado una fecha para el próximo otoño", dijo Lombardi a la agencia Adnkronos, mientras que tampoco Dwiwisz confirmó a medios polacos la inminente canonización, tal y como le habría asegurado el nuevo papa.
Según la revista italiana "Chi", el propio Bergoglio habría postulado como arzobispo de Buenos Aires el milagro que podría abrir las puertas a la canonización de Juan Pablo II: la curación del cáncer de intestino con metástasis de una argentina que mantuvo un breve encuentro con el papa polaco durante su visita de 1982 al santuario de Luján, próximo a la capital argentina.
"Me acerqué al papa y caí de rodillas, llorando. Le toqué el dobladillo de su alba, luego sus manos. Él me tocó la cabeza, acariciándome", afirma Josefa Natividad Zelaya, citada por "Chi". Las metástasis habrían desaparecido poco después del encuentro, y la mujer de 70 años asegura tener "los documentos que lo prueban". Bergoglio, después de que la mujer le presentara el caso, le habría dicho que lo que le ocurrió "es un milagro de Juan Pablo II".
El ahora papa argentino debe gran parte de su ascenso en la Iglesia católica a Juan Pablo II. Fue Wojtyla quien nombró al jesuita obispo auxiliar de Buenos Aires en 1992, arzobispo y primado de la Iglesia argentina en 1998, y finalmente cardenal en 2001. Y eso, pese a que las relaciones de Juan Pablo II con la Compañía de Jesús fueron durante años tensas: en 1981, ante el apoyo de numerosos jesuitas a la Teología de la Liberación, el papa llegó a nombrar a un interventor pontificio para que tomara las riendas de la orden, con su superior Pedro Arrupe gravemente enfermo.
Juan Pablo II movilizó a masas inmensas de fieles en vida y, hasta hoy, cientos de personas rezan todos los días ante su tumba en la Basílica de San Pedro. Sin embargo, su imagen se ha visto ensuciada en los últimos años por su proximidad y apoyo al fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, a quien Benedicto XVI retiró del sacerdocio público y cuya congregación reconoció tras reiteradas acusaciones que abusó de menores y tenía varios hijos.
También pesa sobre Juan Pablo II su actuación frente al ex arzobispo de Boston Bernard Law, quien renunció en 2002 tras acusaciones de haber encubierto a 250 sacerdotes pederastas y, dos años después, fue nombrado por el papa arcipreste de la Basílica de Santa María Mayor en Roma, donde vive alejado de la Justicia estadounidense. Según el diario italiano "Il Fatto Quotidiano", al visitar la basílica al día siguiente de su elección, Francisco le dijo a Law: "No quiero que siga frecuentando esta iglesia".
Con todo, Francisco no parece dispuesto a alejarse de la figura del papa polaco: en la misa de inaguración de su pontificado este martes, Francisco empleó en un punto central de su homilía una cita de Juan Pablo II sobre San José, ante la multitud y jefes de Estado y de gobierno de todo el mundo presentes en la Plaza de San Pedro.




