Melissa Gutiérrez/ TheClinic
Ciudad de México 21 de mayo (SinEmbargo).- El grupo formado por cinco mujeres argentinas y una mexicana presenta su nuevo disco Pecados Tropicales. Comenzaron tocando covers de Madonna, The Ramones, The Cure, Black Sabbath y hasta Nancy Sinatra, pero siempre llevados a la cumbia. La letra daba lo mismo, mantenían el ritmo y La isla bonita se convertía en La isla con chicas. Pronto se hicieron conocidas no sólo en Argentina, sino también en Brasil, Chile, Estados Unidos y Europa. Un éxito que no se esperaban, dicen: “por ahí era un mamarracho que a nosotras nos encantaba y a la gente no”.
Todo partió con la fusión de bandas anteriores, como She Devil (Patricia, Pilar e Inés), el proyecto de solista de Juana y la incorporación de Ali Gua Gua de Las Ultrasónicas. Dos años más tarde se suma también Florencia Linyera y se embarcan en esta nueva idea de mezclar la cumbia y el rock. La tarea no era sencilla, fusionar dos estilos que comúnmente no están muy relacionados. Pero el impulso de Ali e Inés las llevó a sacar dos discos: Kumbia nena! Y La gran estafa del tropi-punk.
Como ejemplo de los variados estilos que mezclan, las Kumbia Queers en la música de Chile se han interesado por Violeta Parra, Los Prisioneros, Chico Trujillo, Vicente San Fuentes, Anarkia Tropikal, Perrosky y la Banda Conmoción. Estarán todo el mes de mayo en Chile presentando su tercer álbum, Pecados Tropicales, donde prometen noches de fiesta, relajo y baile.
-¿Cómo fue eso de pasar del rock a la cumbia?
Inés: era lo que nos gustaba, fue como natural. Quizás también porque el rock fue poniendose cada vez mas chato
Ali: Sí, nos juntamos, nos caímos bien. Queríamos tocar juntas y buscar algo que no fuera nuestro mismo circuito que veniamos haciendo. O sea, que sí fuera el mismo, pero más nuevo.
Juana: Sí, teníamos ganas de tocar juntas. Ali dijo “hagamos cumbia, no hagamos rock”. Inés y Ali habían estado intercambiando música mexicana y cumbia villera, a Ali le venía gustando la cumbia, el resto éramos más prejuiciosas.
Pilar: Yo creo que no nos propusimos dejar de hacer lo otro, sino que nos propusimos hacer una cosa re distinta, nueva, inimaginada.
-Pero dices que habían prejuicios con la cumbia, ¿cuáles eran?
Pilar: ¡Son amantes escondidos que no pueden ir de la mano por la calle! ¡No pueden salir del closet!¡Se encuentran en la oscuridad! Jajajajajaja
Ali: Para mí es gracioso porque desde hace rato que hay grupos como Mano Negra que hacen ese tipo de fusión, pero no sé por qué para los rockeros la palabra cumbia espanta tanto.
-¿Y no fue difícil meterse en eso?
Pilar: difícil y sorprendente
Inés: no, pero a mí me gustaba y era un tipo de música que me re copaba y no estaba en el ambiente donde sí hay gente que le gusta. Es un problema de clase más que de gusto
Juana: Yo tenía muchos prejuicios, la verdad. Me parecía que era no sé, como para idiotizar a la gente, incluso. Pero bueno, también era lo que pasaba en los ’90 que estaban esas “boy band” de cumbia que eran medio espantosas. Después, la cumbia villera a mí se me hace especialmente misógina en su discurso, no me gustaba. Pero también me gustaba la idea de combatir el prejuicio… que si estas quieren hacer cumbia, yo hago cumbia con ellas.
Ali: inclusive cuando te ven y te dicen: “¿y de qué toca tu banda?” Y se te quedan viendo y te dicen “pero te ves bien rocker, ¿cómo un grupo cumbia?” Se les hace muy extraño
-¿Cómo son las canciones de chicas para chicas, como las llaman ustedes?
Juana: Jajaja como Valeria, Daniela. Eso fue una idea de Ali que ya vino con el nombre, dijo “vamos a hacer un grupo de cumbia y se va a llamar Kumbia Queers”. Y era tomar a la mujer como punto de inspiración. Yo creo que después se nos fue ampliando el imaginario hacia uno más cumbiero, más fiestero. Como punto de inspiración fue muy liberador. Para mí fue un universo nuevo escribirle a la mujer.
-Ustedes estuvieron en marchas acá en Chile y con los movimientos sociales ¿Cómo han visto todo lo que está pasando en Argentina?
Juana: Mira, sinceramente creo que estamos en un momento muy extraño en Argentina. Yo no quiero decir que no haya corrupción porque estoy segura que lo hubo a cualquier nivel de Estado, en cualquier gobierno. Y después, por otro lado se está dando una guerra de información muy extraña que uno no sabe qué es verdad y qué es mentira. O sea, no creo que ninguno de los dos lados sea santo pero sucede que uno no sabe bien donde ponerse ni a quien creerle nada.





