Islamabad, 3 feb (EFE).- El heredero de la principal saga política paquistaní, Bilawal Bhutto, ha puesto en marcha un festival cultural detrás del que se esconde su lanzamiento definitivo como líder de su partido y candidato a dirigir el país.
La inauguración del festival tuvo lugar el sábado en uno de los sitios de mayor interés arqueológico de todo el sur de Asia, las ruinas de Mohenjo Daro, ciudad creada hace más de 4.500 años por una de las primeras civilizaciones de la Historia, la del Indo.
"Tenemos que rescatar el espacio social de la cultura", afirmó a Efe el joven Bhutto, de 25 años, quien recalcó que Pakistán está "secuestrado" por los talibanes y que su intención es promover un cambio que devuelva el país a sus habitantes, a todos ellos.
Rodeado en todo momento por un equipo de asesores que cuidan hasta la saciedad los mínimos detalles de sus imagen, Bhutto se enfrentó por primera vez a una rueda de encuentros con la prensa extranjera y fue protagonista indiscutible de la velada.
El Sindh Festival ha contado con una enorme promoción y sus organizadores han recalcado que es una iniciativa personal "del señor Bhutto", igual que hicieron los artistas contratados para la ceremonia de inauguración realizada este fin de semana.
"Es su creación, su concepto, él es quien está detrás y quien ha designado al equipo organizador", se esforzaba en dejar claro antes de la ceremonia Sharmila Faruqui, dirigente del partido de Bhutto, el Partido Popular de Pakistán (PPP), y ministra regional de Cultura.
Con un presupuesto oficial de unos 400.000 dólares, el festival se extenderá durante dos semanas con una veintena de eventos para "promover, proteger y preservar", según un eslógan oficial cuyas siglas coinciden -"casualmente", dijo Faruqui- con las del PPP.
La función contó con la participación de célebres artistas locales y pretendió hacer un repaso por diversas manifestaciones culturales de la región ante algunos centenares de incondicionales traídos en chárter desde la capital provincial, Karachi.
El acto tuvo más de fiesta juvenil que de propuesta cultural y la organización tuvo que defenderse de muchas críticas por el riesgo que podía conllevar un acto multitudinario para unas ruinas milenarias protegidas por la Unesco.
Bilawal estuvo arropado por la plana mayor del partido fundado por su abuelo y de la que él ya es líder oficial, e incluso asistieron los dos primeros ministros de la anterior legislatura, Yusuf Razá Guiani y Rajá Pervez Ashraf.
Significativamente, el único que no hizo acto de presencia fue el padre de Bilawal, el expresidente Asif Alí Zardari, quien no quiso restar ningún protagonismo a su vástago.
"Este acto inaugura lo que queremos que sea una transición suave en el liderazgo del partido", afirmó entre bambalinas un veterano miembro del partido muy cercano al anterior presidente.
Bilawal asentará primero su posición en la provincia sureña de Sindh, de donde es originaria la familia Bhutto, y luego se trasladará una temporada a la región del Punyab, feudo casi cautivo de la Liga Musulmana del actual primer ministro, Nawaz Sharif.
En esta provincia oriental, que concentra cerca de la mitad de la población del país y aporta la mayoría de escaños de la Asamblea, el PPP fue barrido en las elecciones del pasado mayo y ahí yace, según muchos analistas, el mayor problema del partido de los Bhutto.
Según un texto del analista Mohamed Wasim publicado el viernes en el diario local Express Tribune, el actual liderazgo del PPP no ha sabido leer los cambio en esa región, en parte por la falta de regeneración entre sus cuadros dirigentes.
La estrategia de la formación pasa por que Bilawal compita en las próximas elecciones generales, en 2018.
Hasta entonces no habrá ninguna responsabilidad electoral para el bisoño heredero, que para extrañeza de muchos y disgusto de algunos, se presentó rodeado de un grupo de amigos -la mayoría británicos- a los que conoció durante su reciente estancia en Oxford.
Sus amigos acapararon buena parte del protagonismo hasta el punto de que Qaim Ali Shah, ministro jefe de Sindh y representante político de mayor rango en el acto, pasó casi de incógnito y tuvo casi que abrirse paso entre el grupo de risueños jovenzuelos.
Hijo y nieto de primeros ministros, Bilawal ha sido comparado a menudo con el indio Rahul Gandhi -este con una generación más de mandatarios en la familia- por ser el heredero de la mayor saga del país y parecer predestinado a regir los destinos de su país.
Igual que los Nehru-Gandhi, los Bhutto han tenido una historia de éxito y tragedia a partes iguales, ya que varios miembros de la familia, incluida la madre de Bilawal, Benazir, murieron víctimas de la violencia política que azota Pakistán desde su nacimiento.
El joven Bhutto ha hecho de la oposición frontal a los talibanes y al extremismo religioso la bandera de sus escasas apariciones, pero a partir de ahora necesitará ampliar mucho su discurso para llegar a cumplir el destino político que le parece reservado. EFE




