
Ciudad de México, 16 de febrero (SinEmbargo).- La noticia de que el escritor mexicano Sergio Pitol abandonó el hospital que la semana pasada lo mantuvo en terapia intensiva llenó de alegría no sólo a los más allegados al Premio Cervantes, sino a los muchos lectores con que cuenta uno de los autores más destacados de las letras nacionales.
Ganador del Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo en 1999, entre otros galardones, Pitol tiene 81 años y sufre afasia, un trastorno neuronal que le impide hablar, aun cuando se encuentra en pleno uso de sus facultades mentales.
Es un habitante destacado de Xalapa, Veracruz y un ser entrañable querido por alumnos y colegas que disfrutan de su bonhomía y elegancia.
Desde hace tiempo es un secreto a voces que la aparición de un primo complicó la vejez y el bienestar del escritor, al iniciar junto con otros miembros de su familia un juicio para obtener la tutela y el manejo de su patrimonio.
Por otro lado, por órdenes de una jueza, el Premio Cervantes 2005 se encuentra bajo el cuidado interino del DIF, un organismo gubernamental de atención a la familia y la infancia, mientras sigue el proceso.
La sensación de quienes quieren bien al autor de El arte de la fuga y Domar a la divina garza, entre otras, además de traductor y diplomático, es que no se merece pasar sus últimos días como presa de la codicia de quienes aspiran a quedarse con su legado tanto material como literario.
Así lo expresa, por ejemplo, la joven escritora Magali Velasco, directora de la Feria Internacional del Libro Universitario en Xalapa.
“Fue mi maestro no sólo en la universidad, sigue siendo mi maestro. Memoria prodigiosa, siempre me ha recordado y siempre ha tenido un abrazo y una sonrisa para mí, para mi esposo el escritor César Silva Márquez y nuestro hijo.
Todavía el año pasado, en la FILU 2014, Sergio estuvo casi todos los días presente en el stand de ERA firmando sus libros, dando la mano a sus lectores, sonriendo y pronunciando alguna palabra.
El problema de su afasia con el lenguaje no perjudicó su memoria ni su juicio como varios de nosotros, amigos, alumnos y admiradores pudimos constatar varias veces.
Hubo otro foro, en su honor sobre su obra y la ópera, Sergio estuvo todos los días, escuchando, aplaudiendo, ¿en qué manera se lo puede señalar como falto de sus facultades?
Finalmente, mi esposo y yo tenemos una librería en Coatepec, puedo decir que un sábado al mes, Sergio pasaba a saludarnos y junto con su chofer y asistente Guillermo manteníamos incluso una breve charla, sobre dónde ir a comer, qué restaurante, un día me preguntó sobre el teléfono de un quiropráctico en Veracruz, opinaba algo sobre los libros... en fin. Es un hombre digno de admirar y lo que más he admirado de él es su alegría por la vida, su sencillez y su calidad y calidez humana.
Sólo deseo que se recupere y que no lo lastimen de ninguna forma”, clamó Velasco.
"Hace muy poco conversé con Sergio, se dejó entender perfectamente. Si bien no habla como yo ahorita -que por cierto estoy muy enojada-, se le entiende perfectamente y tiene una memoria impresionante. Sus amigos de toda la vida sabemos, porque él nos lo ha dicho, que todo su legado se quedará en la Universidad Veracruzana", afirmó a la agencia dpa la congénere, colega y amiga de Pitol, la destacada escritora Margo Glantz.

El “caso Pitol” no es lamentablemente el primero ni será el único en el que el legado de un escritor importante despierta la codicia de familiares que de un día para otro comienzan a mostrarse “muy cercanos” o que, en forma póstuma, patean el tablero contradiciendo su última voluntad.
Por más determinante que a nivel cultural y social haya sido el autor, las leyes privilegian los parentescos y no el interés público.
EL LEGADO DE JORGE LUIS BORGES
María Kodama es la celosa viuda del escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) y a menudo es acusada de trasgredir los deseos del autor de El Aleph, manejando con mano férrea su legado literario y no dejando dialogar la obra del escritor con textos y autores contemporáneos.
“Kodama demandó a un escritor argentino (Pablo Katchadjian) y a otro español (Agustín Fernández Mallo) que habían publicado obras propias basadas en obras de Borges. Katchadjian había querido "engordar" El Aleph y Fernández Mallo había hecho una remake de El hacedor. Ambos libros están fuera de circulación”, cuenta en el diario La Nación el periodista Hernán Iglesias Illa.
“Kodama se casó con Borges dos meses antes de su muerte, en 1986, y desde entonces se ha transformado en la villana favorita del mundo literario porteño”, afirma Iglesias.
Próxima a cumplir 80 años, Kodama no es inmortal y va de suyo que ella también tendrá que determinar quién será el albacea de Borges cuando ella ya no esté, algo de lo que todavía no quiere hablar. Porque eso es muy fácil decirlo –como
Hernán Iglesias pregunta:
–¿Hay previsiones sobre qué va a ocurrir con la obra de Borges de acá a 20, 30 o 40 años?
-Eso es una historia mía, personal, que no tengo por qué decir.
–Quedará en buenas manos.
–Mejores que las mías. Así que quédense muy tranquilos.
EL CASO ROBERTO BOLAÑO
Carolina López, la viuda oficial del escritor chileno Roberto Bolaño (1953-2003) aun cuando ella estaba separada desde hace tiempo del autor de Los detectives salvajes, quien en realidad compartía su vida con la hoy ignorada Carmen Pérez de Vega, protagoniza otro de los sonados casos “complejos” en torno a un legado literario.
López sacó al crítico Ignacio Echevarría y al editor Jorge Herralde del medio, para pasar el manejo de la obra legada por el autor de Estrella distante y La literatura nazi en América al agente estadounidense Andrew Wylie.

El tiempo ni la desaparición física de Bolaño han logrado borrar un ápice del resentimiento de López, quien en una especie de venganza retrospectiva, ostenta un odio creciente contra la novia del escritor y se obsesiona hasta el paroxismo con la tarea misional de borrarla íntegramente de la biografía del autor.
El manejo de los materiales inéditos es un punto álgido en lo que concierne a la obra de Bolaño, quien dejó una gran cantidad de manuscritos y obras inconclusas, que Wylie y López han convertido en una verdadera industria póstuma.
EL CASO LARSSON
Eva Gabrielsson amaba a Stieg Larsson (1954-2004), pero el autor de la saga Millenium y su pareja no habían firmado un papel que los uniera legalmente, por lo que la obra ahora está en manos del padre y el hermano, con los que el escritor no tenía contacto desde hace años.
Para tratar de enmendar el despojo de que fue objeto, entre otras cosas hay un blog en diferentes idiomas (supporteva.com) por medio del cual se busca reparar el daño ocasionado a la periodista sueca, quien en 2011 sacó Millenium, Stieg y yo,su autobiografía de Eva Gabrielsson, donde entre otras cosas habló de la existencia de 320 páginas inconclusas de la cuarta parte de la saga, aunque los herederos legales del autor ya han elegido a un escritor sueco para que siga la historia.

EL CASO CAMILO JOSÉ CELA
La periodista Marina Castaño se casó en la vejez del Premio Nobel con el escritor Camilo José Cela (que le llevaba 42 años) y a su muerte, hace 11 años, fue enjuiciada por el hijo del escritor español, en un litigio que perdió y que la obligó a ceder 10 millones de dólares de la fortuna que le quedó de su marido.
La herencia de Cela (1916-2002), valuada en 8 millones de euros, quedó en manos primero de Castaño, pero luego el único hijo del escritor acudió a la justicia, que le dio la razón, permitiéndole recuperar más de la mitad del patrimonio familiar.




